Miércoles, 17.10.2018 - 14:37 h
Mano izquierda
ICAE/Universidad Complutense de Madrid. Ex Ministro de Industria, Turismo y Comercio

Crisis política y economía: el caso de Cataluña

La relación entre política y economía es siempre dificil. Las crisis políticas no suelen tener un impacto económico a largo plazo, a no ser que supongan un cambio significativo en (i) el entorno económico, (ii) el sistema de asignación de recursos o (iii) las instituciones que rigen dicha economía. Los atentados terroristas, por ejemplo, pese a su demoledor impacto social y psicológico, no tienen una incidencia económica a largo plazo siempre que no alteren sustancialmente ninguna de esas 3 variables. Pensemos, por ejemplo, en los brutales atentados del 11 de Septiembre en EE.UU. Pese a que tuvieron lugar en plena “mini recesión” de la economía americana, apenas la afectaron significativamente. Y los salvajes atentados de Madrid de 2004 no alteraron el PIB español, que incluso aceleró su crecimiento, embriagado en sus múltiples burbujas. Más recientemente, el año de parálisis política desde las elecciones de finales de 2015 hasta la investidura de Rajoy en octubre de 2016, tras la repetición de los comicios, coincidió con la etapa de mayor crecimiento desde 2007 (el último trimestre de 2015 creció un 3,8%, y el primero de 2016 lo hizo en un 3,5%).

Los acontecimientos políticos pueden tener impactos a corto y largo plazo (dimension temporal) y pueden afectar al conjunto de la economía o sólo a una parte de la misma (dimensión espacial). La extorsión terrorista de los “años de plomo” del País Vasco, se tradujeron en una importante huida del capital productivo a otras regiones. Ello tuvo un impacto regional indudable, aunque no afectó al agregado de la economía española.

1. PIB PER CAPITA
    

En 1975 el País Vasco era la región más rica de España (con un 136% de la media nacional) y su vecina La Rioja era la octava, con un PIB per cápita solamente un 2% superior a la media nacional. Apenas 15 años más tarde, en 1991, La Rioja había avanzado dos puestos en el ranking y Euskadi había retrocedido cuatro. Y, lo que es más llamativo, ambas regiones prácticamente igualaron su renta per cápita, por el desplazamiento de capital físico y humano de una región a otra. El debilitamiento de la banda terrorista y el abandono de las armas volvieron a poner las cosas casi como estaban. En 2015 el País Vasco vuelve a alcanzar una renta per capita un 33% por encima de la media, y ocupa el segundo lugar en el ranking. La Rioja ha mantenido su avance y se mantiene estable, tanto en el ranking como en la renta per capita relativa.

El caso de Cataluña
En el caso de la crisis política por la secesión unilateral de Cataluña, parece claro que, de culminarse, podríamos estar en una situación en la que se cumplieran los tres supuestos anteriores y el impacto sobre la economía catalana y española sería muy significativo: ruptura de la unidad de mercado, salida de Cataluña de la Unión Europea y de la Eurozona, aranceles y trabas no arancelarias, huida de empresas, imposibilidad de financiación externa, una economía muy vulnerable por su endeudamiento, deterioro del rating y de la prima de riesgo, etc. Y, dados los fuertes vínculos entre ambas economías, el impacto sobre el conjunto de la actividad española sería demoledor. Sin embargo, la probabilidad de que ese escenario termine ocurriendo es muy pequeña, por no decir nula.

Entonces, ¿por qué hay tanto temor a que la crisis política asociada a este “proceso” afecte a la recuperación no sólo de Cataluña sino de toda España? Hay dos motivos. Uno, temporal, la incertidumbre sobre cuánto va a durar esta crisis y si se va a solucionar con las elecciones del 21 de diciembre. El otro es de tipo político: este “temor económico” resulta demoledor para el argumentario y la moral independentistas. Cuando la Historia narre el fracaso de este proceso de ruptura unilateral, mencionará 3 motivos: la reacción del Estado (el artículo 155), la ausencia de apoyo internacional y las dosis de “realismo económico”, lo que he llamado en estas páginas “el 155 económico”. Y es justo explotar este temor económico, porque compensa las muchas mentiras que se escribieron sobre las “ganancias” asociadas a la independencia y lo “sencillo” que sería el proceso de transición. Pero tampoco conviene exagerar el escenario. Primero, porque sería ponerse al mismo nivel que los independentistas con su discurso económico irrealista de los últimos años. Y, segundo, porque podría afectar a la percepción que los extranjeros tengan sobre nuestro riesgo, y afectar al conjunto de España.

El impacto a corto plazo
No parece que la crisis catalana está afectando a la economía nacional real, ni a sus indicadores financieros. De los escasos 12 indicadores económicos de octubre conocidos hasta la fecha (consumo de electricidad, indicador de sentimiento económico, índice PMI, confianza industrial, confianza en la construcción, confianza en los servicios, confianza del consumidor, cartera de pedidos de consumo e industria, matriculaciones de vehículos, paro registrado y afiliaciones), solamente dos, relacionados con la confianza del consumidor y su cartera de pedidos, muestran alguna debilidad. Los demás están mostrando niveles récord, incluso no vistos desde antes de la crisis. Si nos fijamos en los indicadores financieros (índices bursátiles o prima de riesgo de los bonos), la conclusión es muy parecida: no parece que la crisis catalana esté afectando al conjunto de la economía española.

Para ver si está habiendo algún efecto espacial, acudimos a los únicos indicadores de la lista anterior que publican su distribución regional: paro registrado y afiliaciones. Mucho se ha dicho e incluso exagerado, sobre unos datos, que están sujetos a estacionalidad, en parte debido a la agricultura (final de la vendimia) y al cierre de la temporada turística. Por ejemplo, es cierto que en Cataluña sólo ha habido 1.700 nuevas afiliaciones y en Madrid 39.200. Pero, ¿cuántas hubo el año pasado en este mismo mes? ¿Y cuántas ha habido en Barcelona? No es menos cierto que el crecimiento del número de parados en Cataluña, 3,67% ha duplicado la media nacional (1,67%). Pero, ¿cuánto creció el paro el año pasado? ¿Y cuánto ha crecido en Barcelona, una provincia menos sujeta a la estacionalidad agrícola que el resto de las catalanas?

En la Tabla 2 presento los datos de nuevos parados, mensuales y anuales, registrados en España, en Cataluña, en Madrid y en Barcelona, en octubre de 2017 y de 2016. En efecto, este mes el paro de Cataluña ha sido un 25,9% del total del paro nacional, mientras que el año pasado apenas representó el 16%. De haber mantenido ese peso, esa “share”, el número de nuevos parados en Cataluña este mes habría sido sólo 9.319, en vez de 14.698. Por tanto, podemos estimar el impacto en 5.379 nuevos parados en Cataluña probablemente asociados a la crisis política. Cuando repetimos el ejercicio para la provincia de Barcelona, el impacto sigue siendo muy relevante (4.200 nuevos parados en un mes por la crisis). Si nos fijamos en los datos anuales, el impacto no es tan elevado, por el buen desempeño de Cataluña en los meses anteriores, pero sigue siendo significativo. La crisis política ha generado en el nuevo año un total de 2.800 parados en Cataluña, casi todos en la provincia de Barcelona (+2.300).

Paro registrado
     

Si analizamos los datos de afiliaciones, los resultados no son tan concluyentes (véase la Tabla 3). De haber mantenido el ritmo de creación de empleo relativo a la media nacional del mes de octubre de 2016, en Cataluña habría 5455 nuevas afiliaciones este mes de octubre, en vez de 1702. Es cierto que no se ha destruido empleo, pero se han dejado de crear 3753 empleos en este mes. Sin embargo, para la provincia de Barcelona, que es donde se supone que el impacto ha sido mayor (turismo, traslado de empresas), el ritmo de creación de empleo ha sido incluso algo superior al del año pasado.
Si miramos a los datos anuales, el impacto en este caso parece más significativo, lo contrario de lo que ocurría con los datos de paro.

Afiliaciones mensual
    

De mantener el ritmo relativo de creación de empleo, en el último año se deberían haber creado 130.480 empleos, en vez de los 119.638 observados. Por tanto, aunque no haya habido destrucción de empleo, ha habido una pérdida “potencial” de 10.842 empleos en el conjunto de Cataluña, y de casi 6.000 en la provincia de Barcelona.

Es pronto para vaticinar si estos impactos se confirman o se revierten en los próximos meses. Todo dependerá de los acontecimientos sociales y del resultado de las elecciones. Pero parece evidente que, sin alarmismos ni catastrofismos, podemos detectar ya un impacto negativo de la crisis política sobre el paro y empleo de Cataluña, aunque no en España.

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