Miércoles, 17.10.2018 - 12:20 h
Mano izquierda
ICAE/Universidad Complutense de Madrid. Ex Ministro de Industria, Turismo y Comercio

Por qué el PSOE se equivoca no apoyando a Guindos 

En un frío comunicado de prensa, el Gobierno ha anunciado hoy, 7 de febrero, la candidatura del Ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos a la Vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE). El anuncio, descontado por los medios desde hace semanas, ha generado una gran controversia especialmente por un motivo: la falta de apoyo del PSOE, pública y explícita, a esta candidatura. En efecto, ayer el portavoz de la Ejecutiva Federal socialista sorprendió a propios y extraños afirmando que: “el PSOE está dispuesto a apoyar al Gobierno en su aspiración a que España tenga un puesto en el gobierno del BCE, pero ese respaldo no es incondicional, sino sujeto a dos condiciones: una persona española con perfil técnico, no político, y que sea una mujer”.

Esta falta de apoyo interno debilita la candidatura de Guindos, que tiene que competir con un candidato potente, como es Philip Lane, un brillante economista irlandés que conocemos bien en España, pues le dimos el Premio Germán Bernácer del Observatorio del BCE en su edición de 2001. Utilizo la primera persona porque tuve el honor de ser el secretario del Jurado que decidió este premio en su primera edición. Lane, que es Ph.D. por la Universidad de Harvard, era entonces un joven profesor del Trinity College de Dublín, y en 2015 se convirtió en Gobernador del Banco Central de Irlanda. La Vicepresidencia del BCE, desde su creación en 1999, ha estado ocupada por un representante de “un país pequeño de la zona euro”. En la actualidad ese puesto lo ocupa el portugués Vitor Constancio, cuyo mandato de 8 años termina en mayo, y anteriormente lo ocupó el griego Lukas Papadimos. Siempre me ha sorprendido la habilidad de los portugueses para situarse en puestos clave de los organismos internacionales. Y no me refiero solamente a esta Vicepresidencia del BCE. Con un PIB inferior al de Cataluña, han conseguido la Secretaria General de la ONU (Antonio Guterres) y la Presidencia del Eurogrupo (Mario Centeno) y, anteriormente, la Presidencia de la Comisión Europea (Durao Barroso). Seguramente este éxito radica en que hacen piña en torno a sus candidaturas, independientemente del origen político, de
la ideología o del Gobierno de turno.

En España, no. Ponemos la bandera en el balcón o en la pulserita de muñeca, pero, a la hora de la verdad, nos puede el espíritu cainita. En 2012, José Manuel Campa, que había sido Secretario de Estado de Economía con Zapatero, tenía muchas opciones y un apoyo externo garantizado para convertirse en miembro del Consejo del BCE, en el puesto que quedaba vacante al terminar el mandato de José Manuel González-Páramo el único español en un puesto relevante del BCE desde 2004. Pero el rechazo del Gobierno de Rajoy impidió esa opción y España se quedó sin representación en la autoridad monetaria europea desde 2012 y hasta la fecha.

Incluso con este lamentable precedente, mi humilde opinión es que, a falta de otro candidato español, el PSOE, mi partido, debe apoyar la candidatura de Luis de Guindos al BCE. Es decir, debe apoyar “la vía portuguesa”. Para mi sorpresa, esta postura ha generado un fuerte debate, e incluso la solicitud de “medidas disciplinarias” por parte de
algún compañero de partido.

El debate, siempre necesario, mezcla cuestiones distintas que me gustaría brevemente diseccionar en este artículo.

1. Una es sobre la relevancia o no de la nacionalidad del candidato. Según algunas opiniones, defender la conveniencia de un candidato español es de un “nacionalismo reaccionario”, impropia de alguien que defiende una Europa unida que supere los nacionalismos. Comparto el sentido utópico de esta posición, pero su aplicación inmediata e unilateral por parte de un estado miembro, sería de una ingenuidad pueril. Y es que, desgraciadamente, en Europa las nacionalidades importan. Si no importaran el hasta hace poco Presidente del Eurogrupo, el socialista holandés Jeroem Dijsselbloem no hubiera afirmado en un periódico alemán que “los países del Sur de Europa se gastan todo su dinero en alcohol y mujeres, para a continuación pedir ayuda”. Ni tampoco su colega y primer presidente del BCE se hubiera inventado el acrónimo PIGS (cerdos) para referirse a Portugal, Italia, Grecia y España. Y no se trata sólo de herir los sentimientos de los ciudadanos de estos países. Se trata de la Política Monetaria, con mayúsculas. En el gráfico adjunto, tomado de mi libro La Falsa Bonanza (ed. Península, 2015), se presenta el perfil de los tipos de interés que siguió el BCE desde su nacimiento hasta la crisis de 2008, y los comparo con los tipos de interés que le hubieran convenido a España y a Alemania, en función de su crecimiento e inflación, lo que conoce como “la Regla de Taylor”. El resultado
es que, en 1999 y 2000, el BCE puso los tipos donde debían estar: en una zona intermedia entre lo que le convenía a España y a Alemania. Pero desde 2001 en adelante, la política del BCE siguió los dictados de la economía alemana, y desde 2004, unos tipos incluso demasiado bajos para Alemania y tremendamente expansivos para España.

Gráfico Miguel Sebastián 8 de febrero de 2018
    

Y eso por no hablar de los años de la crisis, en los que la tozudez de Trichet provocó la segunda recesión de la zona euro y que se prolongara la crisis 5 años más que en los países anglosajones y escandinavos. En la tabla presento un resumen, subjetivo y discutible, del tono de la política monetaria del BCE. No es exagerado afirmar que el BCE se ha equivocado en 11 de sus 19 años de historia. Y, precisamente porque la zona euro no es homogénea, necesitamos que los PIGS tengan voz en ese Consejo del BCE, máxime cuando Draghi va a terminar su mandato en 2019. Porque, ¿qué va a ser de nosotros cuando se vaya nuestro “Babe, el cerdito valiente”?.

Gráfico Miguel Sebastián 8 de febrero de 2018
   

Entiendo que el PSOE comparte esta importancia de que haya un español en la Vicepresidencia del BCE. La prueba es que, en la declaración de su portavoz habla explícitamente de “una persona española”.

2. El segundo debate es el ideológico, si el PSOE debe o no apoyar a un “candidato de la derecha”, de un gobierno poco dialogante y bastante anti social. Es posible que este argumento tenga alguna base. Pero, ¿nos sentimos más cercanos a Dijsselbloem o a Tajani, por poner un ejemplo?. Y, ¿no resulta raro que socialistas como Centeno o el Comisario francés Moscovici apoyen a Guindos y el PSOE no lo haga?. Y, si la cuestión ideológica es tan relevante, ¿por qué no ha presentado el PSOE una candidata potente, que las hay, para aglutinar el apoyo de las fuerzas progresistas a esa candidatura? ¿No es un poco raro que, en la víspera de la finalización del plazo, el PSOE se descuelgue con una propuesta genérica de apoyar “una mujer con perfil técnico” sin ofrecer un nombre
concreto?

3. El tercer argumento es el de la deseabilidad del carácter “técnico” del candidato, que encaje con la idea de la “independencia del BCE”. Este argumento es el más sólido, pero también presenta alguna debilidad. Una es que Guindos es, probablemente, el Ministro con más perfil técnico dentro del gabinete Rajoy. Otra es que ha habido una cierta decepción con la quizás excesiva independencia de los bancos centrales. Y no estoy pidiendo que los gobiernos intervengan en la política monetaria de la zona euro. Pero sí que los responsables de la misma rindan cuentas ante el Parlamento y el Consejo Europeo. Y que expliquen si la tabla anteriormente expuesta es correcta o falsa, y que hagan autocrítica en caso de que sea correcta.

Para terminar, el mayor error del PSOE es que ha tomado una opción necesariamente mala, un lose-lose. Si Guindos es elegido, como espero, el PSOE tendrá durante 8 años problemas de comunicación con nuestro representante en el BCE, tanto si está el PSOE en la oposición o en el Gobierno, como espero. Si Guindos no es elegido y es derrotado por un candidato potente, como es Lane, le echarán todas las culpas de ese resultado al PSOE. ¡Que a cainitas no nos gana nadie!. Menos mal que nos queda Portugal….

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