Viernes, 06.12.2019 - 01:49 h
Cuaderno de venta

Extraterrestres contra terrícolas en la bolsa española

El tándem formado Sebastián Albella y Ana María Martínez-Pina cumple este lunes tres años al frente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). El balance puede parecer positivo a la luz del incremento de la actividad sancionadora sin mirar si el objetivo es un ministro (Josep Borrell), un gigante bancario (BNP, Popular, BNP, Bankia..) o hasta el ‘hedge fund’ del mejor gestor de fondos del mundo (James Simons y su Reinassance). También tras el ‘lifting’ en su portal web, el lanzamiento de su aplicación y la mejora en la accesibilidad a la información.

Los recursos con los que cuenta la ‘policía bursátil y financiera’ en España siguen siendo escasos con apenas medio millar de empleados y bajo presupuesto para captar talento del sector privado, aunque en favor de Albella y Martínez-Pina hay que decir que han removido Roma con Santiago para cumplir su misión en cada momento. Desde tender puentes para colaborar con la UDEF (Polícia Nacional) o UCO (Guardia Civil) a arañar presupuesto para reforzar la plantilla o contratar al sector privado los afamados ‘forensic’, es decir, los informes a toro pasado que se usan para entender qué nos dice el muerto que hay en la mesa.

Pero en estos tres años de Albella ha faltado ambición para cumplir con las asignaturas troncales de la CNMV, si atendemos al mandato fundacional de la agencia: “velar por la transparencia de los mercados de valores españoles y la correcta formación de precios, así como la protección de los inversores”. Aquí hay sospechas de suspenso. Pueden dar fe de ello los accionistas de Banco Popular, Abengoa o Duro Felguera, entre otras. Quizá el supervisor solo pudo activar la alarma de incendio cuando todo estaba perdido, o también pudo actuar como lo hizo, de forma excepcional, con el capote que echó sobre Liberbank con la prohibición a medida de posiciones cortas sobre el banco.

Pero el gran suspenso de la actual CNMV se inicia con la traición al deber de protección de los inversores con el apagón de la publicación de ‘posiciones cortas agregadas’ en las empresas cotizadas desde finales de 2018. Eliminar información de valor para el accionista para proteger al emisor va en contra del espíritu de la agencia. Esas posiciones bajistas no son sino el reflejo y síntoma de otras operativas casi extraterrestres para el minoritario como el préstamo de valores, CFDs o swaps que pueden parecer ocasionales pero que son cotidianas en nuestra bolsa. El uso masivo de derivados financieros provoca información asimétrica y una relación de extrarrestres (institucionales) a terrícolas (minoritarios) en donde la CNMV debe equilibrar la balanza. Esa es su misión.

El caso de Dia es paradigmático. Una compañía que valía 3.000 millones de euros en 2017 y que fue desplomándose a lo bestia (-90%) durante meses mientras un inversor ‘compraba’ un 29% de su capital. Eso es lo que publicaron unos y otros, pero en realidad solamente se estaba creando un vórtice bajista entre el comprador, su banco de negocios y los ‘hedge funds’ bajistas que han acabado dejar con cara de tontos a los terrícolas minoritarios. La operación de Letterone (Mijaíl Fridman) comenzó a desplegarse a mediados de 2017 y está a punto de completarse con su traca final dentro de dos semanas.

En OHL, por ejemplo, la historia viene de mucho más atrás. En 2015, la constructora emprende una ampliación de capital de 1.000 millones de euros para reforzar su balance. Sin embargo, como Fridman en Dia, su mayor accionista jugaba con las protecciones extrarrestres de los derivados financieros que no eran de conocimiento del minorista, pero sí de la CNMV, que tiene en sus registros oficiales todo el rastro de esa operativa. Los Villar-Mir, tanto a nivel individual como en formato clan (Grupo Villar Mir), se protegieron de su mayor activo.

Otra historia para no dormir que ha pasado de largo ante la mirada de la CNMV ha sido la salida de Iberdrola de ACS… trece años después de su entrada. La constructora de Florentino Pérez llegó a tambalearse por su inversión en la eléctrica en 2012, pero gracias al traje de derivados que le diseñó la banca de negocios (put spreads, equity swaps, convertibles, venta forward…) caminó sobre las aguas e, incluso, ganó dinero después con estas herramientas solo al alcance del cliente institucional.

Este mismo verano, en otra de esas notificaciones que pasan desapercibidas en el registro del supervisor, incluso para el propio supervisor, Caixabank, principal accionista de forma directa en Telefónica, desplegó otra cobertura financiera que hacen que las caídas en bolsa duelan menos e, incluso, generen alguna que otra felicitación. El banco participado por Criteria Caixa blindó 51,9 millones de acciones de la operadora, el 1% del capital, a 7,33 euros por acción, su precio de cotización a mediados de julio. Lo que ocurrió después es de sobra conocido. Como en 'Mars Attack',  hasta que no están claras las intenciones de los extrarrestres no se produce el pánico terrícola.

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios
NOTRACKING