OPINION

La nueva política de talar árboles para recoger frutos

La política económica de talar árboles para recoger la fruta.
La política económica de talar árboles para recoger la fruta.
Pixabay

“Solo se sabe quién ha estado nadando desnudo cuando baja la marea”. Esta frase del legendario inversor Warren Buffett en una carta a sus accionistas de febrero de 2008 sirve para desarrollar la idea de lo que ocurre en las crisis con las estrellas del rock del mundo de la inversión o la política. Con el viento a favor es fácil anotarse los éxitos ajenos como propios, pero cuando las cosas van mal comienza a verse quien realmente aporta y pedalea frente a aquellos que solo restan y siempre han ido cómodamente a remolque. La crisis de la pandemia del Covid-19 nos está dejando ver rápidamente desnudos integrales entre los líderes políticos de múltiples países y territorios.

Desde el Brasil de Jair Bolsonaro al Reino Unido de Boris Johnson o los Estados Unidos de Donald Trump, los grandes líderes de la bonanza económica preCovid andan sueltos enseñando sus vergüenzas y encendiendo el discurso del odio y la división. El populismo radical ha situado a sus países al borde del caos en lo sanitario, pero ninguno asume la responsabilidad o pide perdón por sus errores. Antes muerto que sencillo. Al revés, el buen líder desnudo busca siempre cualquier otro fuego para echarle la suficiente gasolina como para que se genere una gran llamarada que haga olvidar sus pecados. Se llama también cortina de humo para intentar tapar el problema principal.

Un buen ejemplo es EEUU y la confusión exacerbada desde la Casa Blanca sobre la pandemia del Covid-19 desde su origen a su tratamiento. Trump sigue cargando las culpas de casi todo sobre China tanto en lo económico como en lo sanitario, pero ahora tiene un gran problema doméstico que le ha servido para que cientos de millones de estadounidenses se olviden de la pandemia. El ejército ha salido a las calles para detener la espiral de violencia de las protestas por la muerte de George Floyd por presuntos abusos policiales, según se desprende de vídeos ciudadanos que han dado la vuelta al mundo. ¿La respuesta de Trump? Pura apología de la violencia justificando matar al saqueador. Solo que ya no se habla de la incompetencia de su gobierno en la gestión. Guerracivilismo.

La cita de Buffett está habitualmente sacada de contexto y sirve lo mismo para un roto que para un remiendo. El ‘oráculo de Omaha’ se refería en concreto a los precios de la vivienda previos a la crisis de 2008 y recordaba un lema popular de Sillicon Valley posterior al estallido de la burbuja puntocom de 2000: “Por favor, Dios, solo una burbuja más”. El dueño de Berkshire recordaba en su misiva a los accionistas de Berkshire Hathaway que ese deseo se cumplió con la neoburbuja del ladrillo, cuando todos los estadounidenses creyeron con fe ciega que los precios de la vivienda siempre subían. También ocurrió en España, o si no pregunten a todo aquel nuevo rico propietario del boom de 1999 a 2006.

Pero cuando los precios de la vivienda comenzaron a caer se destapó la “locura financiera”, Warren dixit. “Lo que estamos presenciando en algunas de nuestras instituciones financieras más grandes es una visión fea”. Nadie hizo nada entonces y nadie hará nada ahora con la política hasta que sea demasiado tarde. Todo el mundo cree que la capacidad de los estados para nacionalizar o subvencionar es infinita, pero solo es pura ignorancia popular. Ni en EEUU, Reino Unido, Brasil, ni mucho menos en el México de Andrés Manuel López Obrador, el único presidente que es capaz de dar sus discursos bajos los efectos de algún psicotrópico ideológico todavía sin identificar por la prensa mexicana.

En España, los políticos acaban de fundar la Comisión de la Reconstrucción para repartir los 77.0000 millones de euros (6,4% del PIB) de regalo a fondo perdido que ha propuesto la Comisión Europea a partir de 2021. También otros 63.000 millones (5,25% del PIB) en préstamos blandos o no accesibles en el mercado. El único pero es que el Consejo Europeo debe aprobarlo antes ante las negociaciones de los países europeos. Hay quien renombra a la barra de bar de diputados que preside Patxi López, por lo visto esta semana, como la 'Comisión de la Destrucción'... porque están a otras cosas. En otro orden, ávido de apropiarse de los méritos ajenos, el vicepresidente Pablo Iglesias ha intentado plagiar con el Ingreso Mínimo Vital (IMV), algo que País Vasco y Navarra llevan muchos años aplicando con sus respectivas Renta de Garantía de Ingresos (RGI) o Renta Garantizada (RG). Gesto feo

El problema es que el IMV se queda corto ante la crisis actual. Incluso ante el RGI o el RG, pero sobre todo comparado con la potencia de ayudas de otros países europeos o EEUU. Es un cuidado paliativo cuando debía haber sido un tratamiento preventivo mucho más ambicioso ante la crisis. El ingreso mínimo estaba planificado antes del coronavirus, pero llega ahora tarde para muchas familias y con una cuantía exigua para poder afrontar la crisis. Debía haber sido un cheque de emergencia mucho mayor y de forma temporal como recomendaban los expertos de entes internacionales. Y a falta de conocer la identidad de los comité económico secreto de sabios del PSOE y de Podemos me reservo identificar a los escritores de ‘papers’ de la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra o el banco central nipón.

En Navarra y País Vasco están que trinan con Pablo Iglesias porque el nuevo Ingreso Mínimo que ha conseguido para el pueblo resulta que es una rebaja respecto a lo que se perciber. De ahí que, ante las críticas, Iglesias se haya envuelto en la bandera de la democracia para denunciar en 2020 un intento de golpe de estado de Vox, otro de los partidos del Congreso. O quizá solo es que comienzan a llegar las facturas del 'malgobierno' con una patada al puesto de trabajo de los trabajadores, muy bien remunerados, de la industria del automóvil. Al tiempo que Moncloa de desgañitaba en clonar las Rentas Mínimas de País Vasco y Navarra, en Cataluña perdían una industria de 100 años con el cierre de Nissan, el fabricante de los Terrano, Patrol, Juke, Qashqai, XTrail y, para desgracia de Barcelona, el Pulsar que pocos compraron. Los ignorantes abogan por nacionalizar la producción, ¿de qué coche? ¿también se obligará o subvencionará la venta de los productos de esa fábrica?

Como contexto, la violencia verbal contra empresas, empresarios e inversores se ha convertido en los últimos años en una actividad tolerada y bien vista en algunos espectros políticos, en especial, en la creciente marea del ala izquierda del Congreso bajo siglas como Unidas Podemos, Comú, ERC, EH Bildu o CUP. Es una buena manera de recoger los frutos talando el árbol. Ahora llegan las desinversiones, los cierres de empresas y la falta de interés en jugársela por abrir un negocio en España. Miles de puestos de trabajo han caído por el camino pero solo es la punta del iceberg del clima anti-empresa que han creado este tipos de partidos. Nissan acaba cerrar pero su sacrificio no será en vano.

Ese medido relato anti-empresa volverá a cambiar con la actual crisis porque la realidad volverá a superar a la ficción. Pero solo se producirá cuando la sociedad se dé cuenta que los verdaderos creadores de empleo e ingresos públicos que soportan el Estado del Bienestar y la protección social están en el sector privado. Ningún funcionario, empleado público, pensionista, parado o rentista mínimo vital es aportador neto a las arcas del Estado. Dicho de otro modo, la diferencia entre lo que obtienen del Estado y lo que pagan al mismo siempre será deficitaria.  Si todos sus ingresos proceden del sector público, Hacienda los mete por defecto en la cuenta de pérdidas a la hora de elaborar sus presupuestos. ¿Pagan impuestos reales quienes obtienen su dinero de los impuestos?

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