Cuaderno de venta

La tasa Apple y el imperio del monopolio

Apple decide qué contenidos llega a miles de millones de dispositivos.
Apple decide qué contenidos llega a miles de millones de dispositivos.
Geralt / Pixabay

Solo una empresa llamada Epic podía tener el atrevimiento de enfrentarse en los tribunales a dos de los colosos tecnológicos de nuestro tiempo. Apple y Google deciden qué contenido llega o no a miles de millones de teléfonos y tablets en todo el mundo a través de sus plataformas de aplicaciones. Tienen ese superpoder. Los desarrolladores y empresas que lidian con la Appstore o Playstore lo saben bien. Deben cumplir sus reglas y filtros para acceder a su escaparate global. Es su chiringuito, se reservan el derecho de admisión, las normas de comportamiento y los precios. Lógico y razonable a primera vista.

El problema aparece cuando ambos ‘chiringuitos’ se convierten en los únicos y no hay posibilidad de ir a otro. Digamos que no hay demasiada competencia, la esencia de la economía de mercado que Apple y Google reclaman para sí mismos. Es entonces cuando pueden surgir los abusos de poder. Las reglas del juego de esa appeconomy son claras: si tienes una aplicación de pago debes pagar un tasa del 30% sobre los ingresos que genere esa descarga o en todas las compras posteriores bien de forma puntual o en suscripciones.

Epic Games, una veterana empresa de videojuegos creadora del superventas Fornite, ha encendido la luz en la oscuridad al introducir un sistema de pagos directo para sus usuarios. La reacción fulminante de Apple y Google ha sido borrarla del mapa de decenas de millones de dispositivos y bloquear el acceso a un mercado de miles de millones de potenciales usuarios. Tan sencillo como parece: un botón y adiós por violación de las reglas. Lo se da como normal no lo es tanto ante el sencillo argumentario que presenta Epic en su demanda contra las dos compañías y que, básicamente, se centra en el abuso de poder, la falta de competencia y de regulación de un mercado que es universal pero están en pocas manos.

Apple y Google, como también Microsoft, Amazon y otros, deben afrontar el escrutinio de los tribunales ante sus prácticas y tarifas que distorsionan la competencia. Por ejemplo, el uso discrecional de descuentos a clientes de gran volumen pueden decantar la balanza entre competidores en sectores de compra 'online' como viajes, juegos, música, vídeo o noticias. La tasa del 30% que aplican es un muro de rentabilidad y supervivencia para muchas empresas. Parece más un impuesto que una comisión. Aplicaciones como Netflix o HBO suben rotas, es decir, sin la función de poder gestionar los pagos o la suscripción para evitar la mordida que se llevaría un tercio de todas sus ventas o, se dice pronto, 30 de cada 100 euros.

¿Debe regularse a Apple y Google?

La cuestión que se juzgará con el caso Fornite es si debe regularse a los grandes monopolios que ‘de facto’ manejan la economía digital. Hay quien dice que es como si una operadora de telecomunicaciones cobrase por el uso de sus redes a las empresas que operan en internet como Apple o Google, además de hacerlo a sus usuarios. Lo que parece un motivo a la contra puede serlo también en sentido contrario: es lo que están haciendo precisamente los monopolios tecnológicos de Silicon Valley. Cobrar peajes. Si están en mi tienda, alegan, tienes que pagar. Telefónica o Deutsche Telekom pueden sentirse respaldadas a cobrar su peaje por el uso de sus redes de telecomunicaciones por donde fluye internet. Incluso las eléctricas podrían aplicar una tasa especial a los grandes consumidores de energía como las tecnológicas y sus granjas de servidores. El poder de las telecos o energéticas es también absoluto: pueden cortar y bloquear el servicio a cualquier cliente pero no lo hacen, si paga, salvo orden judicial. Pero la regulación en este caso permite establecer reglas en los precios que fomentan la competencia para facilitar la entrada de otros operadores. También para vigilar a sectores estratégicos por la repercusión que pueden provocar en la vida de empresas y personas. ¿Lo son las apps? La última cruzada de EEUU contra la red social TikTok así lo demuestra.

El Covid-19 ha acelerado como nunca la digitalización de la economía y de los hábitos de los consumidores, algo que está disparando los beneficios de los monopolios de las apps o del comercio electrónico. ¿Debe regirse Amazon por las mismas reglas que Mercadona a la hora de su marca blanca o la discriminación de marcas en sus estantes digitales? La gran diferencia entre unos sectores y el digital es que la regulación todavía no ha llegado a las grandes plataformas digitales, pero llegará más pronto que tarde tanto por su carácter universal en 2020 como por el poder y las restricciones de competencia que generan. El caso de Epic Games es solo la punta del iceberg que sirve de advertencia ante una situación de monopolio consumado. Se ha creado un sector a partir de la actividad de una empresa innovadora y dominante, pero que dificulta que haya competencia.

No es la primera vez que la regulación tiene que salir al quite. A caballo del siglo XIX al XX, la Standard Oil de John Rockefeller se convirtió en un gigante sin parangón con el petróleo. Dicen que sigue siendo la empresa más valiosa de la historia ajustando los efectos de la inflación sobre el dólar, por encima de los 2 billones de Apple. Su tácticas depredadoras le permitieron crecer rápido y destruir a su competencia para hacerse con todo el mercado de la producción, refino y comercialización del ‘oro’ negro. Pero hay una técnica de crecimiento que usó para expandirse por China que parece muy actual: casi regalaba o subsidiaba las lámparas de queroseno entre la población, a cambio de lograr que millones de ellos se convirtieran después en consumidores-suscriptores de aquel nuevo producto energético. Aquel imperio tuvo que ser troceado en decenas de partes para evitar que Rockefeller y su empresa ejerciesen un poder tan absoluto como el que aplican hoy gigantes como Apple, Google, Facebook o Amazon en distintos ámbitos de la economía digital.

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