Jueves, 27.02.2020 - 19:45 h
En la frontera

Las eléctricas, con la multa en los talones

Revuelo en Endesa. Revuelo en Naturgy. Los sabuesos de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) han encontrado rastros de manejos irregulares en el mercado eléctrico en el invierno de 2016 y han apuntado a ambas compañías. El asunto es muy serio. El expediente sancionador abierto, aún pendiente de aprobación, propone cinco millones de sanción para Endesa y 20 millones para la antigua Gas Natural Fenosa.

La petición de multa escuece. No tanto por el dinero –Naturgy ganó en el primer trimestre 341 millones limpios de polvo y paja- como por el golpe que supone para la imagen de las compañías y del sector en general. Porque en el mercado de la energía llueve sobre mojado. Las multas, una grandes, otras mínimas, se suceden desde hace una década. Afectan, sobre todo, a las actividades desreguladas: la producción y la comercialización de electricidad. Es la prueba de que la liberalización del mercado energético, más de 20 años después, funciona con muchos problemas.

En esta ocasión, la lupa de la CNMC se ha centrado en el funcionamiento de las centrales de gas para averiguar si algunas de ellas se dejaron conscientemente fuera de operación. Una forma de reducir la producción y elevar los precios en el mercado mayorista de electricidad. En ocasiones anteriores, la causa de la sanción fue el manejo presuntamente irregular de las centrales hidroeléctricas y del agua embalsada. Iberdrola lo sabe. Competencia sancionó a la compañía en el año 2015 con 25 millones de euros. El golpe fue recurrido como sucede con todos, pero que aún colea en los tribunales.

La lista de sanciones es larga. En el último año se han impuesto un rosario de pequeñas multas a las compañías comercializadoras de gas y de electricidad, -hasta 10 para Endesa, Iberdrola y Naturgy-, por asuntos varios –y feos-, como cambiar de suministrador sin consentimiento de los usuarios o por recomendar a los clientes cambiar de tarifa de gas sin informarles de que la que proponen es más cara. En conjunto, ese rosario de sanciones apenas si alcanza los dos millones de euros.

Es poco dinero, pero es el residuo de un sistema cuyas piezas rozan y rechinan desde hace tiempo. Por eso los expertos en energía abogan por una refundación completa del mercado. Entre otras cosas, porque la realidad tecnológica de 2018 nada tiene que ver con la situación que dio lugar a la ley de 1997. Hay nuevas tecnologías para generar electricidad, más baratas que las tradicionales. Y lo que antes era todo un legado que aseguraba ventajas en el mercado ahora es una carga. Basta con examinar el pacto alcanzado por las grandes eléctricas y Enresa para cerrar las instalaciones nucleares en 2035: empiezan a sobrar cargas.

Los cambios son muy rápidos. La digitalización y aplicación de la inteligencia artificial a toda la cadena de valor del sector eléctrico va a afectar profundamente la organización y la actividad de las empresas tradicionales. También la relación con los clientes que tendrán cada día más control sobre su consumo de electricidad y más posibilidades para cubrir sus necesidades energéticas de forma autónoma.

Pero mientras el futuro se hace realidad, los organismos supervisores tienen que estar muy atentos a lo que sucede en el mercado. Porque el menor descuido cuesta dinero. ¿A quién? A los usuarios. La última alerta ha sonado en el mercado del gas. Un comercializador ha forzado las costuras del sistema y ha vendido por encima de sus posibilidades. No es una pillería menor. Enagás, la compañía que gestiona la entrada y salida de gas del sistema, tuvo que declarar la semana pasada la "situación de operación excepcional".

Por eso nunca están demás los controles. Red Eléctrica de España (REE) los está aplicando a las empresas que cobran por estar dispuestas a desconectarse de la red en caso necesario. Durante años no hubo ese control. Los pagos por interrumpibilidad, de hasta 500 millones al año,  eran una subvención sin contraprestación alguna. Pillos hay en todos los sectores. Y pillerías. Lo malo es cuando se convierten en moneda corriente.

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