Lunes, 25.05.2020 - 04:43 h
En la frontera

España en elecciones: locuras al estilo Disney

EEl consejero delegado de Disney, Bob Iger, gana 1.400 veces más que el empleado medio de la compañía. Abigail Disney, nieta del fundador de la empresa, sostiene que es “una locura”. Más que una locura, son lentejas que decía el refrán. En la gran empresa se han impuesto formas de gestión basadas en mecanismos de poder unipersonales. Lo dijo hace más de 20 años un economista, John Kenneth Galbraith, desde sus dos metros de lucidez: “el gran problema de la empresa moderna es la separación que se ha producido entre la propiedad y la gestión. Eso ha beneficiado a los directivos, que se han enriquecido a costa de los accionistas y de los intereses de la empresa”. Una locura, según la nieta de don Walt.

En España, locuras al estilo Disney son moneda corriente. No se trata sólo de que haya directivos que ganan en una hora lo que muchos empleados en un mes –que también-, sino de la absoluta falta de acierto, talento y ganas para proponer cambios de calado con los que afrontar lo que se nos viene encima. Un ejemplo de ese universo Disney -al hispano estilo- es el funcionamiento del mercado de trabajo. Una locura.

Desde hace 25 años, el tiempo de una generación, buena parte de la contratación laboral se realiza en fraude de ley. En el año 1994 desapareció la figura del contrato de fomento de empleo y, desde entonces, no se pueden encadenar contratos temporales. Lástima que muchos empresarios –incluida la Administración Pública- no se hayan dado por enterados. Sólo en los últimos meses, la tímida acción del Gobierno Sánchez, apoyado por Unidas Podemos, ha permitido regularizar parte (190.000) de esas situaciones sangrantes.

Cuatro tsunamis

Las economías más desarrolladas en la globalización viven el impacto de cuatro tsunamis al mismo tiempo: la digitalización, con sus efectos de precarización del empleo; el cambio climático y el fin de los combustibles fósiles; el envejecimiento de las poblaciones y la presión por la igualdad de género. No hay propuestas para hacer frente a esos cuatro tsunamis simultáneos. Los políticos españoles, como ha quedado demostrado, son analfabetos en cuestiones esenciales como el medio ambiente y el cambio climático. Quizá creen que por ahí no pierden votos. Al menos no los pierden todavía.

Entrada de los líderes políticos al debate en Atresmedia.
Entrada de los líderes políticos al debate en Atresmedia. / EFE

Van a lo grueso. Intuyen que las renovables forman parte del futuro. Por eso todos los programas las mencionan, aunque ninguno fija objetivos en actividades que son clave como la electrificación y autoconsumo, como ha destacado la Fundación Renovables. Todo es vago. Nebuloso. A color, pero difuminado. Sólo la formación de Pablo Iglesias se compromete con fechas concretas: cierre de las centrales de carbón antes de 2025 y apagón nuclear antes del final de 2024. Hasta la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera (PSOE), ha tenido que admitir que la ausencia de temas ambientales en un debate electoral es “impensable” en otros países.

Los partidos prefieren los debates que afectan a colectivos bien identificados. Pensiones y sanidad son los campos de batalla preferidos. Ahí se manejan con brío, siempre para acusar al rival de mala gestión. Pero empiezan a pinchar en hueso. El voto del pensionista es cada vez más caro. El Consejo General de Trabajo Social ha premiado a los abuelos de Bilbao -el Movimiento de Pensionistas de Euskadi (VII Premio Estatal de Trabajo Social) “por su movilización, lucha y perseverancia defendiendo un sistema de pensiones públicas y su blindaje en la Constitución”. Hay poco margen para el engaño pese a las maniobras de distracción.

Pensionistas: ¿ricos e insolidarios?

El colectivo de pensionistas supone una quinta parte de la población del país. Diez millones si se tienen en cuenta los que fueron funcionarios. Y uno de cada cuatro no llega a cobrar 600 euros al mes. A los pensionistas que protestan se les explica que la Seguridad Social está en quiebra –ya van tres años con déficits de entre 18.000 y 20.000 millones de euros- y que las pensiones no se pueden revalorizar con el IPC. En la práctica, se les exige que admitan una pérdida progresiva de poder adquisitivo. Se les acusa, además, de ser insolidarios porque cobran más que sus nietos. Los expertos no entran en detalles para explicar por qué caen las cotizaciones a la Seguridad Social –precariedad, contratos basura- y menos aún caen en la cuenta de que muchos de los presuntos “privilegiados” dan de comer a hijos y a nietos.

En el universo Disney hay tantos Bambis, Dumbos, y Pájaros Locos que ya no se ve el bosque. Pero el bosque está. La multinacional china Tencent ha publicado un informe en el que se recoge cómo la mitad de la población de las grandes ciudades chinas (Shangai, Bijing, Shenzhen y Guangzhou) cobra entre 5.000 y 8.000 yuanes al mes. Entre 660 y 1.050 euros. Por situarnos: la pensión media en España es de 985,16 euros. Está bien que los empleados chinos cobren cada vez más. Pero está mal que los pensionistas españoles cobren cada vez menos. Disney eliminó de su película más famosa la escena en la que moría la madre de Bambi, el cervatillo. Pero un país no es una cinta de dibujos animados. Aunque a veces lo parezca.

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