Domingo, 19.08.2018 - 23:37 h
En la frontera

Facebook: Nos han vendido y estamos vendidos

Estamos vendidos. De forma figurada y de forma real. El escándalo Facebook es una prueba, pero hay más. En un mundo cada vez más dominado por algoritmos, la corrupción y el engaño se han convertido en la moneda de cambio entre quienes buscan poder y quienes buscan dinero. Más que el Bitcoin.

Facebook, como el resto de grandes corporaciones tecnológicas -Appel, Microsoft, Google, Amazon, Netflix, Booking, EBay, Uber etc- rebosan de tesorería, son poderosos grupos de influencia -lo mismo en Washington que en Bruselas- son maestros en el arte de eludir impuestos, coquetean con las agencias internacionales de seguridad –CIA, NSA, MI5- y están a la vanguardia del tiburoneo de Wall Street. Las más poderosas ofrecen servicios "gratuitos" aprovechando que la moyoría de los usuarios desconoce una máxima tan real como cruel: cuando algo es gratis, el producto eres tú.

Su poder está fuera de toda duda. En los últimos años, han protagonizado las principales innovaciones en materia de relaciones y control social. Captan los mejores talentos para sus universidades y centros tecnológicos y han convertido en un auténtico arte la capacidad de atraer a miles de millones de ciudadanos. No sólo eso, fabrican mitos y formas de interacción económica (emprendimiento, economía colaborativa) que poco a poco se imponen en todo el el mundo.

Toda esa capacidad ha convertido en nuevos Crasos a un puñado -de puño- de empresarios que son ya mitos en sí mismos. De los 10 hombres más ricos del planeta recogidos en la lista Blooomberg de grandes fortunas, media docena son los jefes de grandes compañías tecnológicas que tienen en la confianza de los usuarios su principal capital: son Jeff Bezos (Amazon), Bill Gates (Microsoft), Marck Zuckerberg (Facebook), el fundador de Oracle Larry Ellison y los creadores de Google Larry Page y Serguey Brin.

Concentración de talento

Son los emperadores, campeones globales que anticipan una tendencia global como es la concentración de talento en zonas del globo muy concretas –EE UU, Alemania, Japón, Corea y China-. El escándalo Facebook, con la presunta venta de datos de 50 millones de usuarios, una sospechosa y redonda cifra- tan irreal como corta- ha golpeado el sistema de poder suave –soft power- que los grandes grupos habían extendido, al menos hasta la irrupción del poco diplomático Trump.

El escándalo de Facebook ha sido un golpe. Pero de ninguna forma una sorpresa. Hasta el ministro de Agenda Digital de España, Álvaro Nadal, más volcado en temas relacionados con cables, kilowatios y carbón, manifestó esta semana en el Congreso que tenía la mosca detrás de la oreja. "Digamos que cabía dentro de lo posible e incluso había alguna sospecha de que este tipo de cosas estuvieran ocurriendo", ha admitido Nadal. Lo cierto es que no es la primera vez. Hubo acusaciones de uso indebido de datos por parte de Facebook en los años 2004 y 2009. Pese a todo, los usuarios han –hemos- seguido regalando datos a las multinacionales que los filtran y los convierten en oro. Ofrecen espejismos tan apetecible que cuesta rechazarlos.

Paquetes de información digeribles

La cuestión es si el escándalo se limita a Facebook o si otros gigantes están expuestos al mismo mal. Porque viven de lo mismo. Básicamente de los datos que sus usuarios les regalamos. Nombres, apellidos, relaciones familiares y amigos. Nos han vendido en paquetes de información digeribles y estábamos advertidos. “Recibimos información sobre ti y tus actividades dentro y fuera de Facebook que nos proporcionan socios externos”, explicaba Facebook en sus términos de privacidad.

El ansia de beneficios -políticos, de poder o de dinero- permanece, pero en un mundo que ha cambiado a velocidad de vértigo, lo mismo en las fórmulas de relación social que en los mercados financieros, donde también estamos vendidos. En la Bolsa han proliferado los fondos de inversión que basan las decisiones en estrategias algorítmicas (Quantitative hedge funds). The Wall Street Journal ha estimado que a mediados de 2017, esos fondos manejaban ya el 27% de la renta variable en EE UU y Berstein Research pronosticaba que llegarían al 50% este año. Es la "gestión pasiva" del dinero en el que las decisiones del inversor particular –y aún de sus gestores- cuentan menos que un "like" en Facebook.

José Mª Iribarren recoge en El porqué de los dichos, que la expresión "estoy vendido" se aplica con el significado de "estoy desamparado; me han dejado solo ante el peligro o la dificultad aquellos que debieran ayudarme". Pues eso. Que estamos vendidos.​

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