Lunes, 06.04.2020 - 21:18 h
En la frontera

Los nuevos impuestos llegan en avión

La situación en el sector aéreo es tan complicada que roza lo insostenible. El traje revienta por las costuras y los números cantan: los pasajeros aéreos a nivel mundial aumentaron un 74% entre 2009- 2018, según datos de la International Civil Aviation Organization. Las previsiones dicen que seguirán creciendo. Las proyecciones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo apuntan a que el tráfico aéreo se duplicará en los próximos 15-20 años.

Expertos como el catedrático Xavier Labandeira consideran que el sector roza sus límites económicos y, sobre todo, medioambientales. En 2050, si no se toman medidas, las emisiones de CO2 asociadas a la aviación serán entre 7 y 10 veces mayores que en 1990, difícilmente compatibles con los objetivos del Acuerdo de París. Una situación seria si se tiene en cuenta que el transporte aéreo es responsable de 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero en Europa.

En la turística España, la realidad es todavía peor. En 2018 se batieron récords de pasajeros aéreos, con más de 263,7 millones y un aumento del 5,8% con respecto al año anterior. Generaron un 6% de los gases contaminantes. Es en este marco donde surgen propuestas, más o menos elaboradas, para afrontar lo que a todas luces es ya un problema. Partidos como Más País (Íñigo Errejón), defienden la adopción en España, con algunas diferencias, de fórmulas que ya se prueban en otros países de la UE.

Errejón propone "retirar los privilegios fiscales de la aviación". En concreto, propone aumentar el IVA de los billetes y establecer una tasa adicional como en Alemania. Aboga también por limitar de forma progresiva los vuelos peninsulares, "usando cuando sea posible la recaudación para subvencionar y reducir el precio de los billetes del transporte ferroviario de pasajeros". A Mas País le han llovido las críticas. Y sin embargo, el camino que sugiere tiene una base teórica firme que vincula una reforma fiscal muy necesaria con la defensa del medio ambiente. Se trata de incentivar la transición hacia procesos de producción ahorradores de energía, que favorezcan el uso de energías renovables, el transporte colectivo, el reciclaje y la reutilización de residuos.

Paseo de Las Ramblas en Barcelona.
Paseo de Las Ramblas en Barcelona. / EFE

La Fundación Alternativas, vinculada al PSOE, también otea ese escenario. Ha impulsado un informe elaborado por catedráticos de la Universidad de Vigo y de la Uned en el que, entre otras cosas, propone un impuesto sobre los billetes de avión con devoluciones para las rentas más bajas; la igualación al alza de los tipos impositivos de la gasolina y el diésel y un impuesto sobre el uso de los vehículos por carretera.

Hay pros y contras. La introducción de un impuesto sobre los billetes de avión permitiría reducir la demanda de pasajeros y las emisiones de CO2 asociadas a la aviación un 5%, generando al mismo tiempo una recaudación de más de 1. 300 millones de euros. Pero el impuesto tendría un impacto negativo sobre la industria turística, que podría necesitar compensaciones, y encarecería relativamente más los billetes de las compañías de bajo coste, un golpe para los viajeros con menos renta.

En general, el transporte aéreo goza de un régimen fiscal favorable, con bajos impuestos. El informe de la Fundación Alternativas detalla que en la UE siete países europeos cuentan con un impuesto específico sobre la aviación (Austria, Francia, Alemania, Italia, Suecia, Reino Unido y Noruega), mientras que cuatro países lo tuvieron en el pasado (Dinamarca, Irlanda, Malta y Holanda). Pero las cosas están cambiando y se estudia la introducción de un impuesto europeo sobre los billetes con un doble fin: financiar el presupuesto de la UE y favorecer los objetivos ambientales de la UE.

Nuevos impuestos que vienen en avión. Y que afectarán a los países que han hecho del turismo el principal motor de sus economías. Hace 20 años, el turismo movía por el mundo 674 millones de personas. El pasado año, la cifra fue de 1.400 millones. La combinación de aerolíneas de bajo coste y plataformas digitales enfocadas a las masas están colapsando numerosos lugares del mundo: del Himalaya al los monumentos de Roma. De momento, no hay un modelo ni una solución clara en ningún país.“Es más fácil gestionar una isla o destinos con estacionalidad que ciudades con aeropuertos low cost” aseguró hace unos años la especialista en políticas turísticas de la Complutense, María Velasco. Tenía razón y sobre las cabezas, planean nuevos impuestos.

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