Sábado, 20.10.2018 - 13:24 h
En la frontera

Montoro lo tiene claro: somos más jugadores que innovadores

Conocí a un escritor que tenía la buena costumbre de enviar sus libros, siempre dedicados, a un amigo jubilado en Almería, emigrante retornado de Francia y pescador. En una de las ocasiones, el escritor le preguntó qué le había parecido su última obra. El viejo pescador, quizá con miedo a defraudar a su amigo, le confesó que no la había leído. Pero lo justificó con una razón de peso: "Es que aquí -le explicó al intelectual- somos más de salir que de leer"

Se trata de elegir. Y no siempre se acierta. Lo mismo en la vida que en la política, e incluso en la política económica. Fijémonos en el Gobierno y en el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. También tiene que elegir sobre cuestiones delicadas: de quién recauda, cuánto recauda y dónde gasta lo recaudado. A veces no acierta y a menudo se equivoca. Por ejemplo, cuando tiene que decidir entre el corto y el largo plazo a la hora de llenar las arcas. Ahí, Montoro no tiene dudas.

Por eso ha propuesto en el proyecto de Presupuestos Generales de 2018 reducir los impuestos del juego 'online' en lugar, por ejemplo, de volcar los mejores esfuerzos no ya en mejorar, sino en dar la vuelta a la preocupante situación de la investigación, el desarrollo y la innovación en España. Para Montoro, en este país somos más de jugar que de innovar.

Juego por Internet

El proyecto de presupuestos para 2018 recoge una reducción del tipo aplicable a los ingresos netos (descontados premios) para el juego por Internet. Las apuestas pasan de pagar un Impuesto sobre Actividades del Juego del 25% a pagar un 20% en todo el territorio, excepto en Ceuta y Melilla. En las ciudades autónomas la bonificación es mayor. La justificación es que así se evitará el fraude, lo que traducido significa que se engordarán las necesitadas arcas del Estado.

Pero cada elección tiene sus consecuencias. Lo mismo que desatender la educación y la investigación repercute en el empleo, fomentar el juego tiene también su impacto en la sociedad. Y es muy negativo. No es casual que el negocio del juego, por Internet o en casas de apuestas, crezca en época de vacas flacas y tampoco es casualidad que los casinos de bolsillo proliferen en los barrios de las grandes ciudades más afectados por la crisis, sobre todo en comunidades como Madrid donde no existe una planificación de este tipo de establecimientos.

Gráfico I+D
Gráfico I+D

Según los datos del Portal Estadístico del Ayuntamiento de Madrid, a cierre de 2017 se contaban en Madrid 318 locales de juegos de azar. Tres años antes eran 185. Y si se observan los distritos de la capital donde más de la mitad de las rentas no superan los 25.000 euros anuales, los locales de juegos de azar han pasado de 55 a 133 en tres años, un aumento del 141%. Definitivamente, como bien sabe Montoro, somos más de jugar que de innovar.

Navegar contra la corriente cuesta. Es más fácil dejarse llevar, aunque el viaje sea corto. Eso explica que el Gobierno incentive determinadas actividades y no apuesta por otras cuyos efectos se notan más a largo plazo. Por ejemplo la I+D+i. Existe una relación evidente (véase el gráfico) entre la inversión en I+D+i y el empleo de verdad, el de calidad, el alejado de las dos ruedas, la bandeja de las cañas y los cajones de reparto a la espalda. Pero el Gobierno no acaba de verla.

El propio proyecto de presupuestos reconoce que la inversión en investigación, desarrollo e innovación "es un elemento esencial para impulsar la competitividad de un país y conseguir un crecimiento sostenible", crucial para el bienestar social de los ciudadanos". Y admite a renglón seguido que España tiene un bajo nivel de inversión en ese campo. Detalles: el gasto en I+D medido como porcentaje del PIB en España ascendió al 1,19% en 2016, muy por debajo de la media de la UE (2,03%) y de países como Suecia (3,25%), Austria (3,09%) y Alemania (2,94%).

Descarga de responsabilidades

Pero Montoro descarga responsabilidades. El proyecto de Presupuestos señala que el bajo nivel de inversión no es tanto responsabilidad del sector público como del privado. "La inversión de las empresas en I+D en España2 asegura "ascendió en 2016 al 0,64% del PIB, muy por debajo de la media de la UE que se sitúa en el 1,32%, mientras que el sector educativo invirtió el equivalente al 0,33% del PIB frente al 0,47% de media en la UE".

Aún admitiendo el desahogo gubernamental, surge una pregunta: ¿No es precisamente la obligación del Gobierno – de todos- adoptar medidas que favorezcan la toma de decisiones, por ejemplo empresariales, que beneficien al conjunto del país? En el desarrollo de la I+D+i, el Gobierno podría adoptar medidas para favorecer la inversión, atraer talento, recuperar el que se ha perdido y convencer a la pequeña y mediana empresa de que el futuro pasa por la innovación. Pero estamos volcados en fomentar las actividades de ocio que no pasan por caja.

El desinterés tiene consecuencias. A pesar de que la economía lleva varios ejercicios creciendo al 3%, la inversión en Investigación y Desarrollo sigue perdiendo peso. Con datos del INE referidos a 2016, el gasto en I+D+i aumentó un 0,7%, con la economía creciendo un 3,3%. Así que el desembolso en términos porcentuales se situó en el 1,19% del PIB frente al 1,22% de 2015. Un retroceso. Tenía razón el viejo pescador: somos más de salir que de leer. Sobre todo el Gobierno. 

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