Viernes, 13.12.2019 - 11:45 h
En la frontera

La persistente sombra del desastre bancario


La Asociación de Inspectores del Banco de España ha advertido sobre el riesgo de que se produzcan nuevos desastres en la banca. Su portavoz, Pedro Luis Sánchez Ruiz, lo ha explicado esta semana en el Congreso ante la comisión parlamentaria que investiga el rescate bancario, ese en el que "sólo" se han evaporado 40.078 millones de euros.

Según Sánchez Ruiz, el actual modelo de regulación y de supervisión bancaria en Europa "puede conducir a un desastre aún mayor del sufrido".

Merece la pena mantener los oídos bien abiertos. Nueve años después del hundimiento de Lehman Brothers, afirmaciones como la del inspector del Banco de España estremecen. Porque nos recuerdan lo fácil que es tropezar dos, tres y hasta cuatro veces en la misma piedra.
Es muy sencillo pasar por alto las señales y las advertencias sobre el mal funcionamiento del sistema. Sobre todo cuando todo parece ir sobre ruedas, al menos en la superficie.

Hay abundantes ejemplos de cómo el peor ciego es aquel que no quiere ver. En 2013 se publicaron las actas de la Reserva Federal de Estados Unidos del año 2007, cuando se preparaba la tormenta perfecta. Ni el presidente de la Fed, Ben Bernanke, ni su equipo detectaron lo que se cocía ante sus ojos.

A finales de ese año 2007, Bernanke aún sostenía que no esperaba problemas de solvencia entre las grandes entidades financieras: nueve meses después se hundía Lehman. Nadie había detectado el desastre de la comercialización global de los activos tóxicos desde bancos calificados como "responsables" y con premios al buen gobierno.

No era extraño. Al fin y al cabo, la comercializadora de electricidad californiana ENRON también entregaba en los años 90 reconocimientos de honorabilidad a funcionarios de alto rango –entre ellos a otro presidente de la FED, Allan Greenspan- poco antes de que se descubriera que en realidad era una fábrica de estafar al por mayor.

Por eso conviene estar muy atentos a lo que dicen y advierten expertos y colectivos que están próximos a los centros económicos y a los mercados. En su intervención, Sánchez Ruiz advirtió también contra la doctrina que parece imperar en los supervisores europeos de que "cuanto mayor sea el tamaño de las entidades, mejor".

El famoso "too big to fail" quizá se esté quedando obsoleto, pero las prácticas arriesgadas que alimentaron ideas equivocadas se mantienen. Por si alguien duda, hay datos. BlackRock Inc, el mayor administrador de dinero del mundo ha realizado este verano un interesante estudio sobre la industria del seguro en Estados Unidos una década después de la gran catástrofe. Su conclusión tras examinar 500 empresas es que las carteras de las aseguradoras del país tienen más activos de riesgo en este momento que en el año 2008.

La razón de que las compañías aseguradoras hayan asumido más riesgos en los años transcurridos desde la crisis es sencilla. Tras el derrumbe, necesitaban compensar unas cuentas muy debilitadas. Y en un contexto de tipos de interés bajos decidieron construir carteras con acciones, deuda de alto rendimiento –y menos calidad- y una amplia variedad de lo que los expertos denominan "activos alternativos", un saco en el que cabe de todo.

Si ha sucedido en Estados Unidos, cabe preguntarse si habrá pasado lo mismo en Europa. ¿Y en España? Probablemente. Los riesgos, como el mercado, son globales. Por eso hay que estar alerta. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reflexionado sobre los "riesgos negativos" que representan la incertidumbre política en economías avanzadas, la vulnerabilidad –que la hay- del sistema financiero y un posible endurecimiento de las condiciones financieras en las que trabajan empresas y bancos.

Las autoridades regulatorias a las que aludió en el Congreso el inspector del Banco de España confían en que el aumento de exigencias de fondos propios a las entidades y mecanismos como la Junta Única de Resolución de la Unión Bancaria Europea, sean capaces de contener los riesgos. Pero no hay que relajarse.

La velocidad creciente a la que se mueven los mercados dificulta los controles. Los ordenadores gestionan millones de transacciones de compraventa de activos en nanosegundos. Su gran rapidez les permite ganar millones reaccionando a las noticias que interesan al mercado. Y hay dudas sobre los cortafuegos que han impuesto algunas Bolsas como las de Nueva York o el Nasdaq para limitar los riesgos.

Como escribió un periodista y poeta escocés del XIX (Charles Mackay), los hombres piensan en manada y también enloquecen como si fueran ganado; por el contrario, recuperan el buen sentido despacio y de uno en uno.

Mackay sabía de qué hablaba. Escribió sobre episodios de especulación financiera, sucesos que se repiten en la historia. Conviene no olvidarlos, sobre todo los más recientes, por mucho que las advertencias, por continuas, se hayan convertido poco más que en un molesto zumbido; en una sombra alargada.

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