En la frontera

Con “V” de burla: la recuperación se nos echa encima

Las ganas de retomar la normalidad en la actividad económica y empresarial relega el debate sobre la necesidad de acometer reformas en profundidad.

Bar, bares, gente, personas, persona, hostelería, turismo en Madrid
Terrazas a pleno rendimiento en Madrid.
Europa Press/Archivo

Mayo acabó con buenas cifras. La debacle del empleo se modera, el paro evoluciona mejor de lo previsto, la Bolsa sube -2,5% en el mes- y los pagos con tarjeta revelan que el consumo no está muerto o, al menos, no del todo. Hay ganas. Los inversores, las empresas, los consumidores, los autónomos y los asalariados quieren recuperar cuanto antes la normalidad. El Gobierno, no digamos. Es el “Efecto Pigmalión”, la suma de expectativas que modifican los comportamientos. Aupados en los números más positivos, expertos y analistas ven posible una recuperación de la economía tan rápida como lo fue el hundimiento por la pandemia. La famosa “V”, sostenida con dinero fresco procedente de la Unión Europea.

Es el momento de sacar el cedazo para separar el grano de la paja. Hace apenas unos meses, antes del gran cortocircuito, el debate estaba centrado en la necesidad de acometer cambios de calado en la economía. Se hablaba del mercado laboral -derogación de la reforma de 2012-; del mercado energético, con la transición ecológica justa y la lucha contra el calentamiento global; se hablaba de reformas en el sistema impositivo y de lucha contra el fraude; de cambios en el mercado del alquiler; de incentivos para la investigación y el desarrollo y de mejoras en el sector agrario para evitar la uberización del campo.

Ingreso mínimo vital

La gran crisis sanitaria ha impulsado la aprobación de medidas urgentes como el ingreso mínimo vital. Pero los grandes debates tienden al olvido. La derogación de la reforma laboral se ha caído de la agenda inmediata; el impuesto a las grandes fortunas no va a llegar porque no estaba en el acuerdo de Gobierno PSOE- UP; la transición energética se concreta en un proyecto de ley de ambición limitada y el cambio en el mercado de los alquileres queda para otro momento.

La recuperación económica puede acabar en burla, en una repetición de la salida de la anterior crisis

La recuperación económica puede acabar en burla, en una repetición de la salida de la anterior crisis, retratada en un dato: en 2019 los beneficios empresariales superaban en 40.000 M€ a los registrados en 2018, hasta 3 veces más que la mejora experimentada por los salarios (13.371 millones de euros más Carlos Manera, Economistas Frente a la Crisis).

La Covid 19 ha arrinconado los grandes debates. En la economía manda la estación. Se impone dar facilidades al turismo. La discusión más intensa versa sobre cuándo empezarán a llegar a las costas alemanes e ingleses. Mientras, la Comisión de Reconstrucción se tambalea. Los comparecientes en representación de sectores ahogados –industria, sector agrario- aportan datos para fijar prioridades. Pero nadie parece escuchar.

Andrés Barceló, director general de las industrias siderúrgicas aportó a la comisión, hace apenas unos días, una pista importante: en la industria, explicó a sus señorías, “el 98% del empleo es fijo. Por nuestro interés; si no, un trabajador no rinde”. Y el secretario general del sindicato agrario Coag apuntó por dónde hay que ayudar al sector agrario: 2.500 pueblos carecen de Internet y cuatro millones de ciudadanos todavía tienen dificultades para comunicarse por móvil. Pistas para cuando llegue el dinero de Europa –si llega-.

Sin reformas económicas de calado y sin valor para acometerlas, es imposible combatir la desigualdad y cohesionar la sociedad

Mientras se jalea la recuperación, por tímida que sea –mayo no dejó de ser el peor mes en materia de paro desde el año 2008- convendría ir revisando las lecciones que dejaron las anteriores crisis. La más importante: sin reformas económicas de calado y sin valor para acometerlas, es imposible combatir la desigualdad y cohesionar la sociedad. Hay mucho donde mirar. Si algo no ha faltado en España en el último medio siglo han sido crisis.

En los años 70, el paro llegó al 18,5%. Apuntaba la maldición de un mercado laboral desajustado que crea empleo con rapidez cuando las cosas van bien y lo destruye aún más rápidamente cuando van mal. Los 80 dejaron sus anotaciones a pie de crisis: reconversión industrial, huelgas generales de 1985 y 1988 y un paro que llegó al 21,9%. El despertar de la fiebre de los 90, con la Expo y el AVE, llegó con tres devaluaciones de moneda en nueve meses y un paro que alcanzó el 24%. El sueño de la recuperación hasta 2008 se quebró con la crisis financiera y la explosión de la burbuja del ladrillo: el paro superó el 27%. En mirada larga, la curva del desempleo, que nunca bajó del 8% (año 2006) nunca se ha doblegado. Cada crisis ha dejado un nuevo techo de paro y precariedad. Una gran “V”, de veneno, para la sociedad.

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