Jueves, 25.04.2019 - 06:48 h
En la frontera

Los señores de la energía se visten de verde ¿a tiempo?

Hay una fórmula casi perfecta para detectar a un necio: nunca cambia de opinión. En la élite de los negocios hay necios, pero suelen durar poco. Los señores de la gran empresa con quinquenios a sus espaldas no tienen inconveniente en cambiar de opinión cuando la marcha del negocio lo requiere. Pueden ser muchas cosas, pero nunca necios. En pocos sectores empresariales triunfa tanto la máxima kantiana sobre la necedad como en sector energético, convertido en el reino del donde dije digo...digo Diego.

Los cambios de opinión son notables. Esta semana, sin ir más lejos, el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, un ejecutivo que va camino de los tres quinquenios como presidente de la eléctrica, presentó en sociedad el que será el mayor proyecto fotovoltaico de la Unión Europea: 2.000 MW de potencia renovable en Extremadura hasta el año 2022. Más aún, de los 8.000 millones de inversión previstos en su plan estratégico para los próximos cinco años, 4.500 millones irán destinados a proyectos eólicos -donde ya es fuerte- y proyectos fotovoltaicos.

Sánchez Galán, el primero de los grandes empresarios de la energía que pintó de verde los anuncios de la compañía, ha mudado de opinión en los últimos años. Probablemente no recuerda que hace siete despotricaba contra la energía solar y advertía del coste que supondría para los consumidores apostar por las renovables al estilo alemán. Es cierto que las cargas de profundidad de Sánchez Galán contra el negocio solar se dieron cuando se estaba hinchando la burbuja fotovoltaica. Pero Iberdrola estaba centrada entonces en el desarrollo de parques eólicos. "La fiesta 'verde' alguien la tiene que pagar" y "podríamos haberla hecho con un precio una cuarta o quinta parte inferior", concluía en aquel entonces el responsable de Iberdrola.

El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, en la junta de la eléctrica.
El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, en la junta de la eléctrica. / EFE

Desde entonces ha llovido mucho, para contento de Sánchez Galán y de la caja de la eléctrica. La tecnología, el cambio climático y la mayor sensibilidad de la sociedad y de la política -nacional e internacional- empujan a favor de las energías renovables en general y de la energía fotovoltaica en particular. La apuesta está clara. Como el presidente de Iberdrola, otros ejecutivos del sector energético han tenido que mudar rápidamente de opinión para no quedar como necios y, sobre todo, para evitar una salida de vía del negocio.

En la misma época en la que Iberdrola quería apagar la luz de la “fiesta verde”, el entonces consejero delegado de Gas Natural (hoy Naturgy), Rafael Villaseca, cargaba contra las renovables. Las razones de Villaseca: su coste de entre dos y doce veces más respecto a las energías convencionales y la obligación de adquirir toda la energía producida con las nuevas tecnologías. Hoy, el sucesor de Villaseca en Naturgy, Francisco Reynés maneja planes de inversión en renovables de 1.000 millones hasta 2020.

Los casos de 'reconversión verde' han sido norma en el sector energético. Hace poco más de un año, el presidente de la petrolera Repsol, Antonio Brufau, echaba pestes del coche eléctrico. No lo hacía en privado, sino en declaraciones públicas. Para Brufau, la tecnología del coche eléctrico era "inmadura", cara y no sostenible. Apenas dos años después, Repsol, como todas las petroleras buscan desesperadamente meter la cabeza en lo que adivinan que será el futuro: la electricidad y el coche eléctrico.

Llegó para quedarse

Las petroleras han pasado de calificar de “falacia” sostener que los coches eléctricos no generan emisiones contaminantes –porque en su fabricación y la de la batería sí se producen gases- a meterse de hoz y coz en el negocio. Repsol, por ejemplo, diseña redes de recarga junto al Ente Vasco de la Energía. La petrolera ha pasado de la crítica a reconocer en su información corporativa que “el coche eléctrico está aquí para quedarse”. También Cepsa ha dado el salto desde el negocio de los hidrocarburos al eléctrico, con ofertas de consumo de luz y gas. No es un fenómeno español: Total, Shell, BP y Galp siguen la misma senda. No hay necios en el sector.

El salto a las renovables de los señores de la energía, todos reconvertidos al verde, no se debe a su sensibilidad medioambiental o a la preocupación por las consecuencias del deshielo en Groenlandia. Han mudado de opinión porque el negocio ha cambiado de lugar. Los beneficios están en el lado de las renovables y en la lucha contra el cambio climático.

La ONU ha destacado en sus informes que 130 de las empresas más importantes del mundo están ahora comprometidas en usar únicamente energías renovables y que los beneficios potenciales para quien acierte en la adopción de medidas frente al cambio climático llegan a los 22 billones de euros. No el siglo que viene, sino en 2030. El salto está a la vista. La duda es si los señores de la energía lo han dado a tiempo.

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