Sábado, 18.01.2020 - 19:40 h

Comercializar con el Holocausto debería estar prohibido, y más en Alemania

La casa de subastas Hermann Historica, ha vendido por 62.000 euros unos pantalones de Hitler, y otros objetos del Führer.

El atractivo de los objetos, la razón últimas que han impulsado las pujas, radica en el daño que perpetraron sus antiguos propietarios.

La subasta de los objetos personales de Hitler y otros jerarcas ha alcanzado casi un millón de euros.

Cuando las tropas soviéticas entraron en el búnker de Hitler y encontraron los restos carbonizados del Führer y su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, se preocuparon mucho de guardar en estricto secreto el lugar en que quedaron enterrados, una base militar soviética en Alemania del Este.

En 1970, el entonces jefe de los servicios secretos soviéticos y futuro presidente de la URSS, Yuri Andropov, ordenó exhumar los cadáveres y destruirlos. Las tropas soviéticas emplazadas en el lugar llevaron a cabo la operación. Se volvió a quemar lo poco que quedaba de los restos y las últimas cenizas se esparcieron en el río Biederitz.

Así se evitaba cualquier posibilidad de que el terreno se convirtiese en una especie de santuario para nostálgicos del nazismo. Sólo se conservaron algunos restos de la mandíbula y el cráneo del Führer, que fueron depositados en archivos históricos de Rusia.Calzoncillos, calcetines y corbatas

Alemania ha cuidado hasta el extremo la conservación de la memoria de este periodo tan ominoso de su historia reciente. Por eso resulta triste y sorprendente la subasta pública de algunos objetos personales de antiguos jerarcas nazis, entre ellos los de su líder, uno de los individuos más detestables que ha conocido la raza humana.

Según cuenta el diario Bild, la casa de subastas Hermann Historica, sita en Munich, ha recibido 275.000 euros por la última chaqueta de Hitler, 62.000 por sus pantalones, 21.000 por una radiografía de su cabeza y 3.400 por un gorro de piel. Todos esos objetos, además de otros como calcetines, calzoncillos y corbatas, pertenecieron a un antiguo coleccionista que participó en la II Guerra Mundial y en los Juicios de Nuremberg como miembro del comité científico.

A nadie se le escapa un hecho evidente: el que estos objetos tan triviales adquieran un valor económico desorbitado no obedece sino a la relevancia histórica de sus dueños, que fue tanto mayor cuanto peor fueron sus crímenes y sus atropellos a la Humanidad.

Aquí reside el despropósito de este comercio inmoral: el atractivo de los objetos, la razón últimas que han impulsado las pujas, radica en el daño que perpetraron sus antiguos propietarios. Los calzoncillos de Hitler se venden por precios astronómicos porque él mató a millones de judíos, entre otros colectivos, en las cámaras de gas. Conociendo la dimensión del mal infligido por estos siniestros personajes, las autoridades debían haber prohibido la subasta.

No se entiende que Alemania detenga a los turistas idiotas que se ponen hacer saludos nazis frente al Reichstag, y permita que haya quien se enriquezca a costa de millones de muertos.

Sigue @martinalgarra//

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