Martes, 17.10.2017 - 02:31 h

El maravilloso feminismo que dignifica y el odioso 'hembrismo' que discrimina

¿De dónde viene entonces esta suspicacia hacia el concepto del “feminismo”, que tan humano parece y tanto dignifica a la sociedad?

Nunca las mujeres, consideradas en sí mismas, han sido malvadas o tontas, aunque nunca hayan faltado quienes se manifiesten en público como tales.

El feminismo es la defensa de los mismos derechos tanto para hombres como para mujeres.

Cualquier hombre puede declararse feminista sin nada que temer. Basta con atenerse al rigor académico de la RAE, que define la palabra feminismo como “ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismo derechos que los hombres”.

Yo creo firmemente en tal aserto. Porque todos los hombres, (y vuelvo a emplear el término en su primer significado, el de ser animado y racional, varón o mujer) son iguales en dignidad y por tanto en derechos. ¿Quién lo duda?

Hasta ahora miré el feminismo con simpatía, por su papel de catalizador de la igualdad, pero también con el recelo de quien percibe elementos venenosos entre un gran torrente de agua pura y refrescante.

Han sido precisamente las mujeres que me rodean en el día a día, principalmente compañeras de trabajo, pero también familiares más o menos cercanas, amén de las amigas y conocidas, las que me han prevenido contra ciertas exaltaciones del mundo de la mujer. El año pasado relaté cómo mis compañeras de redacción me daban los buenos días el 8 de marzo manifestando su hartazgo de lo que consideraban “postureo feminista” típico de este día. Lo conté en este artículo.

(Te interesa leer: Hartas del postureo. La opinión de ellas que pasa oculta en el día de la Mujer)El uso espurio del feminismo

¿De dónde viene entonces esta suspicacia hacia el concepto del feminismo,  que tan humano parece y tan proclive a la dignificación no sólo de las mujeres sino de la sociedad al completo?

Solo encuentro una respuesta: de la evidente manipulación torticera que poderosos colectivos políticos y sociales han perpetrado de dicho concepto. Estos grupos han incrustado en la noble lucha por la igualdad de la mujer un cuerpo extraño que nada tiene que ver con el propósito inicial del auténtico feminismo.

Me refiero al ánimo de revancha. Las primeras feministas querían poner a la mujer al mismo nivel que el hombre dentro de la sociedad, no en un lugar superior.

Ahora escuchamos a demasiados que, enarbolando la bandera del feminismo, aspiran realmente a la misma subordinación, pero con los papeles invertidos: abajo ellos y arriba ellas.Del feminismo al 'hembrismo'

De ahí que que muchas y muchos prefieran distinguir el sano feminismo del odioso ‘hembrismo’. Este último palabro describe el nefasto propósito de infligir a los varones tanto daño en el presente cuanto estos causaron en las mujeres en el pasado.

El ánimo de revancha se manifiesta en medidas claramente discriminatorias hacia el sexo masculino y vejatorias hacia el sexo femenino, en tanto las considera incapaces de igualar a los hombres por méritos propios.

(Te interesa leer: La mala aplicación de la Ley de Violencia de Género daña a hombres inocentes)"Que los hombres dejen de matarnos"

Termino con un ejemplo perfecto que acabo de escuchar en una televisión mientras redactaba estas líneas. Un periodista pregunta a una mujer de esas que se precian de feministas: “¿Qué esperas del día de la mujer?"

Respuesta: “Queremos que los hombres dejen de matarnos”.

No, hija no. Los hombres no matan por el hecho de ser hombres. Los hombres matan por sus celos, odios, machismos o envidias PERSONALES. Vicios que nunca deben considerarse extensivos al resto de quienes comparten el mismo sexo. Como tampoco puede responsabilizarse a una raza o una nacionalidad del crimen que comete un miembro de tal raza o nación.

Tampoco las mujeres, consideradas en sí mismas, han sido jamás malvadas ni tontas, aunque nunca hayan faltado quienes se manifiesten en público como tales. A las pruebas me remito.

Sigue @martinalgarra

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