Sábado, 07.12.2019 - 10:29 h

La atrevida foto del sistema educativo que molestará a ciertos padres. ¿Acierta o no?

Resumo en 15 puntos uno de los artículos más provocadores y argumentados que he leído sobre el problema de la Educación en España.

El autor sostiene que los ciudadanos y los padres son culpables cuando entienden la Educación más como un disfrute que como una inversión.

El sistema educativo falla en un principio básico: no enseña a los jóvenes a retrasar la recompensa.

¿Quién duda que el sistema educativo no funciona y que debe reformarse? Nadie, y tampoco el autor del artículo más provocador sobre la situación del sector y su posible reforma consensuada. Me parece una magnífica foto que estimula a la reflexión.

Lo he resumido en 15 puntos básicos, y espero contribuya al debate sobre el tema. Necesitamos reflexionar antes de acometer una nueva ley. La controversia se suscita a la hora de analizar las causas del lamentable estado de la Educación en España.

(Te interesa leer: ¿Quieres entender a fondo el problema de la Educación en España? La visión de tres expertos).

¿Acierta el autor?

Eso será discutible. Pero dudo que quienes se dedican profesionalmente a la enseñanza no puedan suscribir muchos de sus puntos.

El artículo de marras ha sido publicado el pasado viernes en El País por Benito Arruñada, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, con el título "La excusa del pacto educativo". Y plantea lo siguiente:La solución verdadera al problema del sistema educativo NO está en un pacto de Estado si tal pacto no ataca sus falencias estructurales.Los ciudadanos de a pie en general, y los padres en particular, también SON CULPABLES porque entienden la Educación más como un disfrute que como una inversión.Un pacto Educativo corre el riesgo de presentarse como un éxito en la medida que aumenta el gasto en Educación sin que esté comprobado que dicho aumento repercuta necesariamente en la mejora de los resultados.Los empresarios no se quejan tanto de las aptitudes de los empleados jóvenes cuanto de sus actitudes, que reflejan “escasa madurez, dedicación, concentración y autocrítica” y “sobrevaloran su potencial de ingresos al tiempo que infravaloran el coste de satisfacer sus deseos”.Esto ocurre porque el sistema donde se han educado -colegios, universidades y sobre todo familia- no les ha entrenado en un principio educativo básico: posponer la gratificación. El desplome de la natalidad ha influido poderosamente en el punto anterior. Los jóvenes han crecido “como monopolistas emocionales, como hijos y nietos únicos, a menudo tardíos, con un enorme poder negociador”. Este poder del niño sobre los padres y tutores desemboca en “un equilibrio de alta permisividad”.Esta permisividad familiar fue avalada a nivel académico por falacias pedagógicas que arrancan no de la LOGSE, como muchos creen, sino de la LEG de 1970. Falacias como tener una visión negativa de todo castigo y cualquier clase de competencia, la obligación de educar en el disfrute, la marginación “del uso de la memoria y el sacrificio”, el énfasis en que “la responsabilidad es sobre todo social, y por lo tanto ajena”, etc.Hay además otras falacias que cautivan al “establishment pedagógico”, como suprimir los deberes, reblandecer el bachillerato o limitar la libertad de organización a los centros concertados.Todas estas mentiras generan otros “mitos exculpatorios corrosivos” como el tantas veces repetido de “tenemos la generación mejor preparada”.Estos mitos han sido asumidos por muchos padres que se niegan a asumir su propio fracaso: no han logrado educar a sus hijos como ellos hubieran querido.Siendo España un país culturalmente católico, donde la familia desempeña un papel social fundamental, se imponen “las relaciones personales sobre las impersonales” y un imperativo de protección que explica “la disposición a sostener un ingente flujo de transferencias intrafamiliares”. Dicho de otro modo, “que a mi hijo no le falte de nada, aunque no haga de nada”. (¿Explicará esto, se pregunta con humor el autor, que el cuñado haya arrebatado a la suegra el papel del familiar más denostado? Al fin y al cabo el cuñado es un competidor real o potencial de las estas rentas intrafamiliares, y la suegra no deja de ser una generadora activa o pasiva de dichas rentas).Las consecuencias de este ambiente educativo se observan en la necesidad que tienen los jóvenes en verse recompensados por aquello que hacen bien o medianamente bien. Y en la necesidad de bajar el nivel hasta mínimo imprescindible para que TODOS puedan ser premiados. El autor cita un dato revelador: los aprobados en las pruebas de selectividad de este 2016 sumaron el 97%.Este panorama comporta evidentes consecuencias sociales. “Si en EEUU algunos hijos retornan a casa después de la universidad”, cosa rara por aquellos lares, en España ni siquiera abandonan el domicilio familiar; con el agravante de que tampoco se plantean contribuir al presupuesto familiar con los ingresos de algún trabajo esporádico o realizar alguna tarea doméstica.Los jóvenes han sido educados en el error de que para hacerlo bien, basta con esforzarse (y tampoco mucho): “Nadie les ha enseñado a asumir la crítica a su trabajo. Es común que el recién graduado rompa a llorar al recibir la primera censura de su jefe. Están acostumbrados a que las reglas sean flexibles, su incumplimiento negociable y a que baste con pedir perdón”.Concluye el autor que, siendo posible de que haya pecado de pesimismo, “es probable que las reformas educativas por consenso no solo se queden en la superficie, sino que escondan e incluso magnifiquen el problema”.

Dicho lo cual, y reconociendo que el autor acierta en muchas de sus descripciones, apunto sólo una cosa y dejo que cada cual argumente lo que estime oportuno. Si el consenso político en la reforma educativa no es suficiente, lo estimo absolutamente necesario. De nada sirve una magnífica ley de Educación que sólo dura cuatro u ocho años.

Sigue @martinalgarra//

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