Viernes, 21.02.2020 - 20:09 h

“¿Es por desgaste de la acera?” Los políticos hacen realidad el chiste de Gila sobre la factura del colegio

“¿6.900 de calefacción al mes? ¿Y si le mando calentito al niño me baja el precio? ¡Que no me cuesta nada, porque es muy contestón!”, decía teléfono en mano.

Mientras pequeños empresarios aún tienen que recortar plantillas o reducir el sueldo de sus empleados, se siguen contratando empleados públicos y subiendo impuestos.

La 1 homenajea a Miguel Gila y a otros grandes cómicos en 'Arriba ese ánimo'

“¿6.900 de calefacción al mes? ¿Y si le mando calentito al niño me baja el precio? ¡Que no me cuesta nada, porque es muy contestón!”, decía Gila levantando la mano a modo de azote. Nadie como él supo hacernos reír de la mano de un teléfono. Y nadie como nuestros políticos saben hacernos llorar aplicando multas, tasas o impuestos insólitos.

La última ocurrencia confiscatoria ha partido del ayuntamiento de Madrid, ávido de captar nuevos fondos para financiar sus numerosos “proyectos sociales”, entre ellos la radio municipal con que el biógrafo de Pablo Iglesias nos tendrá superinformados de la actualidad cultural de la capital.

Se trata de un impuesto a los bancos, que como ustedes saben son los malos de la película en el ‘universo Podemos’. Los responsables del consistorio madrileño han decidido imponer una tasa a las entidades financieras que dispongan de cajeros con vistas a la calle y a los que solo se pueda acceder a través de la vía pública. Esto es, 2.084 aparatos desperdigados por las calles de la Villa y Corte.

Pero que los bancos sean malos no significa que también sean tontos. De ahí que, como han confirmado los mismos interesados a lainformacion.com, no estén dispuestos a comerse el marrón. Es decir, que no tardarán mucho -probablemente nada- en repercutir esas tasas a los clientes en formas de comisiones a tarjetas, cuentas, retiradas de efectivo, etc.

Parece mentira que después de TANTOS experimentos que llevados a cabo por TANTOS gobernantes de la cuerda de Podemos en TANTAS partes del mundo, principalmente en Latinoamérica, aún no hayan aprendido dos o tres lecciones básicas. Todo en economía tiene sus consecuencias. Si Maduro, por citar un ejemplo bien conocido por Pablo Iglesias y compañía, no decretase subidas del 50% en el salario mínimo (entre otros disparates), la inflación venezolana no habría aumentado un 331,9% desde principios de este año.Un impuesto "a la gente"

Tampoco hace falta leer a Keynes para concluir que los trabajadores venezolanos, a pesar de la ‘generosa’ subida del salario mínimo, son hoy considerablemente más pobres que hace un año.

Ni recibir un Nobel de Economía para prever que la tasa a los bancos, los malos de la película, camufla un impuesto -otro más- a esa “gente” de la que tanto se le llena la boca a Podemos y marcas locales.

Pero lo que decimos de Carmena podría aplicarse también a otros políticos del solar patrio de uno y otro color. Aún sigo viendo a pequeños empresarios que en 2016 se ven obligados a reducir personal, a contener costes, a frenar planes de crecimiento o a recortar los sueldos de sus más viejos y queridos trabajadores, mientras las administraciones continúan contratando empleados públicos. ¡Qué fácil resulta disparar con la pólvora del rey! Y si falta dicha pólvora… tasa por aquí, multa por allá…

Gila lo explicaba mejor que nadie. “¿Desgaste de patio? ¿Qué pasa, que lleva lija el niño y raspa el patio? ¿Y por qué eso no lo pagamos a medias? ¡Hombre, yo lo digo porque a mí se me desgastará el niño!”.

Sigue @martinalgarra//

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