Martes, 17.10.2017 - 02:31 h

Restringir la circulación puede ser inevitable, pero ¿es justo la forma como se hace?

Esta reflexión no critica el fondo de la decisión de restringir el tráfico de Madrid. Porque parece razonable y seguramente necesaria.

La cuestión no es el qué, sino el cómo. La aplicación de la ley puede provocar injusticias galopantes a los que cumplirla causa un perjuicio enorme

La lluvia barrerá la 'boina' de contaminación de Madrid el lunes

Esta reflexión no critica el fondo de la decisión de restringir el tráfico de Madrid. Porque parece razonable y seguramente necesaria. Quien vive en la capital de España puede comprobar a simple a vista la suciedad del aire, e imaginar los efectos nocivos que provoca en sus habitantes.

(Te interesa leer: Qué es el dióxido de nitrógeno y por qué afecta tanto a tu salud y al medio ambiente)

La cuestión no es el qué, sino el cómo. Porque, como reza el aforismo latino, “summun ius summa iniuria”: la aplicación de la ley puede provocar injusticias galopantes en aquellos que no se encuentran en situación de respetar dicha ley, por más que lo deseen.

Muchos ciudadanos en este país no cogen el coche por comodidad, sino por necesidad. La cifra aumenta al referirnos a grandes ciudades como Madrid, donde los desplazamientos básicos -ir al trabajo, a los centros educativos o sanitarios- obliga a recorrer un trayecto muy extenso.

Algunos de estos ciudadanos pueden recurrir a alternativas como el metro, el taxi, el tren de cercanías o el autobús, las cuales, no siendo tan satisfactorias, pueden al menos aliviar el apuro. Pero en absoluto todos disponen de ellas. Hay quien vive lejos de una parada de metro o autobús. Otros no pueden gastar en pocos trayectos de taxi cantidades que pueden ser equivalentes a su presupuesto de gasolina para todo el mes. Otros se ven obligados a invertir tantísimo tiempo en conexiones de transporte público que, a efectos prácticos, les compensa más quedarse en casa.Molestan a todos, pero no a todos por igual

El ayuntamiento de Madrid se justifica diciendo que la decisión de prohibir la circulación de coches con matrícula par o impar, según los días, estaba ya prevista hace tiempo. Recuerdan que solo han activado el protocolo cuando ha sido estrictamente necesario por los elevados niveles de dióxido de nitrógeno. Es verdad. Pero no es menos cierto que descalabra tanto más cuanto menos recursos tienen los ciudadanos para afrontar el coste de las alternativas.

Estamos de acuerdo que este tipo de medidas molestan a todos, pero no molestan a todos por igual. Lo que para unos resulta un contratiempo fácilmente salvable, para otros se convierte en un quebradero de cabeza muy serio. Pensemos en tantos autónomos que dependen, sí o sí, de su coche para ganarse el pan. Muchos de ellos no pueden renunciar al vehículo, por mucho que deseen perderlo de vista. No me extrañaría que, en esa tesitura, algunos se vean abocados a incumplir la ley con la esperanza de que no les pillen.

Lamento no poder proponer una solución concreta. Tampoco creo que toque a la ciudadanía hacer el trabajo que corresponde a los políticos. De cualquier modo, sé que no resulta sencillo. Lo que puedo afirmar que esta solución que ha tomado el ayuntamiento de Madrid, si es la única posible, no está aplicada de una forma justa. Porque no se puede hablar de normas justas cuando a los menos afortunados les cuesta cumplirlas el doble, el triple o el céntuplo.

Sigue @martinalgarra

Tags relacionados

Ahora en portada

Comentarios