Viernes, 17.11.2017 - 20:51 h

Trump, ahora toca bajar impuestos

Trump quiere bajar los impuestos con la idea de que la actividad económica aumentará y, como consecuencia, subirá la recaudación fiscal. Con Reagan funcionó…

Todas las bolsas del mundo –incluidas la de Wall Street- han cerrado en positivo la primera semana postelectoral. Que el Ibex 35 haya sido la única excepción se debe igualmente a razones propias.

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No hay nada como los amigos sabios. Gracias a uno de ellos pude escribir hace un par de post que los mercados financieros viven vida propia, al margen de la coyuntura política, y que contra la opinión publicada, la victoria electoral del Trump –que en aquel momento no se había producido —no sembraría el pánico bursátil. Lo titulé:  Miedo de los mercados a Trump, menos lobos.

Así ha sido: Todas las bolsas del mundo –incluida la de Wall Street- han cerrado en positivo la primera semana poselectoral. Que el Ibex 35 haya sido la única excepción se debe igualmente a razones propias.

Relanzar la economía

Como no he encontrado ningún amigo sabio que me pronostique el futuro económico me atengo a la interpretación propia de lo que veo: Estados Unidos, con el nuevo Presidente, va a poner en marcha un gigantesco (nadie se asuste: allí todo es gigantesco) programa de relanzamiento económico cuyo primer objetivo será modernizar las infraestructuras: carreteras, puentes, conducciones energéticas, sistema de control de tráfico aéreo…

Impuestos rebajados

¿Cómo se va a financiar? ¿De dónde saldrán los miles de millones necesarios?. De los impuestos. Aclaración rápida antes de que a nadie le dé un infarto: los impuestos no subirán, sino que bajarán, para que el sector privado tenga dinero con el que financiar las grandes obras.

Discusiones técnicas aparte -economistas renombrados como Lawrence (Larry) Summers pronostican una rebaja fiscal solo favorable a los más ricos-, que seguramente son precipitadas, la filosofía económica que se anuncia supone un cambio radical sobre la practicada desde hace años.

Fracasó el dinero barato

Desde el 11 de Septiembre en Estados Unidos primero y luego en el resto del mundo, la política económica ha sido casi exclusivamente una política financiera: se intentó que la bajada de los tipos de interés empujara la actividad económica real. El razonamiento es sencillo: si ofrecemos dinero barato y abundante a los inversores, estos lo utilizarán para invertir o crear empresas… Y de esta forma se recompondrá la economía.

No ha sido así y, salvo en Estados Unidos, la coyuntura económica sigue deprimida. A lo mejor ahora las autoridades de la UE piensan que, visto el fracaso de la política monetaria, ha llegado la hora de utilizar también la política fiscal, fortaleciendo la actividad del consumidor e inversor privados a base de bajar impuestos.

¿Deseo o posibilidad?

¿Estoy expresando un deseo o una posibilidad real? Ni yo mismo lo sé, pues no se me oculta que con el abultado déficit público que registran todos los países, bajar impuestos suena a acercarse al precipicio. Pero visto el fracaso de las terapias practicadas, a lo mejor es la hora de acercarse a aquel gran presidente americano, Ronald Reagan, que siguió el consejo de Arthur Laffer su economista de cabecera: si baja los impuestos la actividad económica aumentará y, como consecuencia, subirá la recaudación fiscal. Allí funcionó…

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