Viernes, 17.11.2017 - 19:06 h

Esmoquins, libros de basket y paseos mediáticos para… ¿recuperar 2 millones de empleos?

España perdió 3,25 millones de puestos de trabajo en la crisis y ha costado dos años recuperar 1 millón, pero aún hay que crear 2 millones más.

Mientras, el combate contra el paro ha desaparecido del debate político y en las tertulias de habla del esmoquin de los Goya, los libros regalados, los paseos a las puertas del Congreso y demás frívolas anécdotas.

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Acabo de escuchar ver El Hormiguero, con entrevista a Pablo Iglesias, justo el día en el que me he vuelto a empollar los datos mensuales de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social correspondientes al recién terminado marzo.

Repasando los números recuerdo, un ejercicio que nunca debe abandonarse, que durante la crisis se destruyeron en España 3,25 millones de empleos en algo menos de cinco años, con las estadísticas de afiliación a la Seguridad Social en la mano. Que no son una encuesta como la EPA, son datos objetivos. Empresas que cotizan por sus trabajadores o autónomos que lo hacen por sí mismos.

Pasamos en un casi visto y no visto, de los 19,4 millones de cotizantes en el sistema en mayo de 2008, justo antes de la caída de Lehman Brothers y el estallido de la crisis financiera en los países más desarrollados. A los 16,15 millones de trabajadores de alta en la Seguridad Social en febrero de 2013, el que pasará a la Historia como el peor momento (esperemos) del mercado de trabajo en nuestro país.

Desde ese negro mes para el empleo, y por ende para el bienestar general y la riqueza de la sociedad española en su conjunto, hemos recuperado algo más de un millón de ocupados (1.155.051), para situarnos según los números conocidos hoy en 17,3 millones al término del mes pasado.

Y ha costado tres años, aunque el grueso de los nuevos puestos de trabajo se han generado en los dos últimos ejercicios, entre 2014 y 2015. Desde marzo de 2014 al mismo mes de este año hay exactamente 1.009.510 trabajadores más de alta en la Seguridad Social.

Es decir, en resumen, se puede decir que perdimos algo más de 3 millones de empleos en casi 5 años, y que en los dos últimos hemos recuperado poco más de un 1 millón. Pero todavía faltan por crear 2 millones más de nuevos empleos netos si queremos volver a las mejores cotas de este país.

Sería, sin duda, la mejor forma de repartir riqueza entre un mayor número de conciudadanos; de recortar la desigualdad social (el paro es el principal motor de ésta según diversos estudios sobre la materia); de incrementar la renta per cápita de los españoles y por tanto su capacidad de gasto, ahorro y bienestar en definitiva; de aspirar a trabajos con mejor retribución y condiciones laborales (es conocido que por pura ley de oferta y demanda el desempleo desbocado hace disminuir los salarios, perder capacidad de negociación a los trabajadores y empeora, por tanto, las condiciones de trabajo en general); y de apuntalar el sistema de pensiones tras la jubilación, cada vez más deteriorado porque cada día se deteriora más el ratio entre retirados que cobran su paga y cotizantes que la sostienen.

Pero hete aquí que tres meses y medio después de las elecciones, y tras innumerables reuniones, horas y horas de negociaciones entre distintos partidos, y horas y más horas de debates y tertulias en los medios de comunicación, han desaparecido de la primera plana las políticas para favorecer la creación de empleo y de combate contra el paro (cuando hay casi tres millones, 2.845.300 desempleados de larga duración, que llevan más de un año buscando trabajo, no son las mismas medidas las que ayudan a crear empleo que las que luchan por terminar contra el desempleo, aunque puedan parecer lo mismo).

Pues no. Resulta que de lo que se habla, pregunta y discute es de cómo se consigue un esmoquin de alquiler para ir a la gala de los Premios Goya (escuchado en El Hormiguero hoy mismo); se comienzan “importantes” ruedas de prensa disertando sobre la afición al baloncesto de los líderes políticos aspirantes a sacar definitivamente al país del atolladero laboral; de los regalos, lecturas, y series de televisión favoritas de los cabezas de cartel electoral; y se monta la marimorena mediática por un paseo callejero a las puertas del Congreso de los Diputados (que ha sido incapaz hasta ahora de formar un Gobierno), en el que sólo faltaba la melodía de fondo del Bailar pegados es bailar de Sergio Dalma.

Me recordó, así grabados por la espalda, a aquella foto del Rey Juan Carlos y Adolfo Suarez en el jardín del expresidente cuando el que fuera jefe del Ejecutivo de la Transición ya no era capaz de reconocer al anterior jefe del Estado. Aunque no hay color, desde luego, entre el simbolismo con el que pasarán a la Historia una y otra instantánea.

En la resaca electoral del pasado 20-D entre las expresiones más repetidas se encuentran las de “altura de miras”, “sentido de Estado”, “mirada larga”, “el interés general”, etcétera, etcétera, etcétera. Una vez más palabras, vagas palabras que nadie hace propias. Algo a lo que ya nos tenían acostumbrados nuestros políticos. Pero parece que la bautizada como nueva política tampoco es capaz de ofrecer nada diferente. A los hechos me remito. Ya se acabaron los tiempos en los que bastaba con prometer. Ha llegado el momento de actuar.

Pero, una vez más, me temo que tenemos los políticos que nos merecemos. A nuestra altura. Los medios de comunicación especialmente. Ni se investiga, ni se interroga, ni se analiza, ni se debate, ni se discute sobre cuáles son esas medidas necesarias para contribuir desde un gobierno a la creación de empleos y al retorno al mercado de trabajo de los descolgados durante la dura y larga crisis que atravesamos.

Lo que molan son los esmóquines, los regalitos, el baloncesto, las series de televisión tipo Borgen o Juego de Tronos, las lecturas favoritas, las entrevistas o debates en bares, o los paseos al aterdecer en los que sólo falta ir cogiditos de la mano.

Advierte el Banco de España que si se prolonga la inestabilidad política corremos el riesgo de desaceleración en la aún mejora económica apenas iniciada. Pero, visto lo visto en nuestra televisión en particular y en los medios en general, y en los escaños y ruedas de prensa políticas, quizá no haya prisa ninguna en salir de esa inestabilidad. Fórmese un gobierno serio con las ideas favorecedoras (que no creadoras) de la actividad económica y de la creación de empleo muy claras o sigamos como estamos, que tampoco va tan mal la cosa a la vista de la evolución de los datos de paro y afiliación del último mes. Nadie parece echar de menos al nuevo Gobierno, tal vez sólo algunos inversores, especialmente extranjeros, le pueden temer según cuál sea su color.

Y, en todo caso, si es necesario, pasemos por el calvario de una nueva campaña electoral en la que vuelva a hablarse, eso sí, de las políticas económicas y laborales. Y volvamos a votar.

Mejor, aunque sea regular, un año de incertidumbre que cuatro años malos de legislatura en la que que sólo juegue a los simbolismos y la frivolidasd. Mejor un Gobierno en funciones que un mal Gobierno. Recuerdo, en poco más de cuatro años se perdieron 3,25 millones de empleos.



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