Domingo, 22.10.2017 - 23:08 h

No, no es cierto, no crece la temporalidad ni el empleo estacional y a tiempo parcial

  • La tasa de temporalidad ha bajado 5 puntos desde el inicio de la crisis y es ligeramente inferior a la de la anterior legislatura, el empleo parcial es solo el 4,5% del creado en 2015.
  • La ocupación no aumenta ni el paro desciende por motivos estacionales: lleva mejorando ocho trimestres consecutivos si no se tiene en cuenta el 'efecto calendario'.
Sindicatos y PSOE denuncian que la recuperación del mercado de trabajo es sólo por el empleo temporal y a tiempo parcial.
Sindicatos y PSOE denuncian que la recuperación del mercado de trabajo es sólo por el empleo temporal y a tiempo parcial.

Cuando se conocen los datos mensuales de afiliados a la Seguridad Social o cuando cada tres meses se publica una nueva EPA, lejos de celebrar, por fin, la generación de nuevos puestos de trabajo y la reducción de las históricas listas del paro que hemos padecido en los últimos años, sindicatos, partidos de la oposición y no pocos medios de comunicación señalan que el crecimiento del empleo al que asistimos de manera sostenida desde hace ya más de dos años sólo se debe a la precariedad en aumento, a la eventualidad del nuevo empleo que nuestras empresas están comenzando a recuperar.

Que el mejor comportamiento del paro es por motivos estacionales (el efecto sobre el mercado de trabajo de la época del año en la que nos encontremos). Es decir, que ahora sube por la Navidad, que en verano sube por el turismo. Que el empleo que más aumenta es a tiempo parcial y no porque el trabajador lo quiera de forma voluntaria sino porque no le queda más remedio. Y que la tasa de temporalidad crece en nuestro país en esta recuperación, lo que suelen ligar además a los efectos de la reforma laboral en España. También añaden que es un empleo de bajos salarios.Lo que dicen los datos

Pero los datos oficiales desmienten todas y cada una de estas afirmaciones. Por supuesto el mercado laboral español no es aún un camino de rosas. Por supuesto, aún no hemos alcanzado las cotas del empleo anteriores a la crisis. Y, por supuesto, si uno da un vistazo a los anuncios de trabajo disponibles en la actualidad, la mayoría de los que se ofrecen son temporales y con sueldos más bajos por lo general que antes de que comenzaran las dos recesiones consecutivas que hemos vivido.

Estamos en la salida de la recuperación y aún queda mucho por avanzar y mejorar en materia de creación de empleo. Es normal, y siempre ha sucedido, que primero se contrate a un trabajador de manera temporal y más adelante, si las cosas van bien, se le haga indefinido. Pero eso está muy lejos de no reconocer los logros de los dos últimos años, en los que se han creado casi un millón de nuevos puestos de trabajo y se ha reducido el paro en más de 1.150.000 personas. Y los argumentos a los que se agarran los sindicatos y parte de la oposición política son, simplemente, falsos con los números en la mano.No crece el empleo por motivos estacionales

En primer lugar, no es cierto que la mejora del empleo y el descenso del paro se deban a factores estacionales. En esta EPA del último trimestre de 2015, el paro baja un -3,66% trimestralmente sin ajuste estacional (es decir, sin tener en cuenta el denominado efecto calendario en el empleo). Y lo hace ya durante ocho trimestres consecutivos, es decir, dos años de forma sostenida. Lo mismo sucede con la ocupación, que aumenta un +0,73% trimestral de manera desestacionalizada, y lo hace ya durante 9 trimestres consecutivos, otros dos años más o menos.El empleo parcial sólo es el 4,5% del que se crea

En segundo lugar también es absolutamente falso que el empleo a jornada parcial crezca más que el empleo a tiempo completo. Eso sucedió en los primeros compases de la recuperación, pero ya no es así. En el último año se han ganado 525.100 ocupados. De ellos, nada más y nada menos que 501.700 lo han sido a jornada completa y sólo 23.300 han sido a tiempo parcial.

Es decir, que del nuevo empleo generado durante el último años, sólo el 4,5% son trabajados a tiempo parcial y el 95,5% son empleos a jornada completa.

Y en los dos últimos años los empleados a tiempo parcial han aumentado en 100.000 y los que trabajan a jornada completa han crecido en muchísima mayor medida: +795.100.La tasa de temporalidad era mayor en el 'boom' económico

Y en tercer y último lugar, la elevada tasa de temporalidad de nuestro país no es algo propio de esta crisis ni de la salida de la misma, ni un nuevo fenómeno en nuestro mercado de trabajo. España siempre se ha distinguido por tener una alta proporción de empleo eventual, muchísimo más elevada que los países europeos más avanzados.

La tasa de temporalidad apenas ha crecido un punto en el último año y dos puntos en los dos últimos ejercicios. También el aumento es de dos puntos desde la entrada en vigor de la última reforma laboral. Ahora tenemos un 25,66%, mientras que hace un año era del 24,2%, a finales de 2013 estaba en el 23,7%, cuando se introdujo la reforma laboral era del 23,4%, y al término de la anterior legislatura, en el tercer trimestre de 2001, era del 25,8%, casi igual a la actual. En este terreno, las variaciones durante la recuperación del empleo están siendo mínimas y cambian cada trimestre de forma ligera.

Es decir, que desde hace 5 años en España aproximadamente una cuarta parte de los trabajadores con empleo tienen un contrato temporal y tres cuartas partes tienen un contrato indefinido.

Pero es que, en los inicios del año 2008, antes de que comenzara la grave crisis de empleo que hemos sufrido, estaba situada en el 30%. Y, en 2004, en plena expansión económica estaba en el 32%/33%. Pero entonces no se veía como un problema ni se hablaba de empleo precario.

De hecho, en España la tasa de temporalidad siempre ha sido mayor en las últimas décadas en las épocas de mayor empleo y cuando se ha reducido la eventualidad ha sido en las etapas de caídas de la ocupación.Siempre mucho más empleo temporal que Europa

Veamos su evolución histórica en las últimas décadas, para comprobarlo. Nuestra economía alcanzó en el año 1995 su máximo nivel de trabajadores temporales en proporción al número total de ocupados del país. En aquel año, 35 de cada 100 personas empleadas en nuestro país lo era de forma eventual. Es decir, la tasa de temporalidad era del 35%, 10 puntos mayor que ahora.

En ese momento también se venía de una crisis económica, la desatada en 1993 tras los fastos del año 92, también se había disparado la tasa de paro hasta cerca del 25% (24,1% en 1994) y el desempleo se había acercado a los 4 millones de parados (3,93 millones de parados en el primer trimestre de 1994 en un país que tenía entonces sólo 16 millones de personas activas), y, también, se había llevado a cabo una reforma laboral. La del Gobierno de Felipe González en 1994, que introdujo en nuestro país las denostadas por los sindicatos ETT (empresas de trabajo temporal) y los denominados entonces contratos basura (contrato de formación y aprendizaje hasta los 25 años, contrato en prácticas con una duración entre 6 meses y 2 años, y contrato por obra sin servicio sin duración determinada).

Durante más de una década esta excesiva temporalidad en el trabajo que se generaba en nuestro país, muy superior a la media europea, se mantuvo sostenidamente en tasas superiores al 30%. En 2006 el porcentaje de contratados temporales respecto al total de ocupados del país fue del 34,1%, pero ese año comenzó un progresivo descenso de aproximadamente 10 puntos hasta 2010, que se ha mantenido con pequeños aumentos y descensos hasta situarse en la última EPA, la del último trimestre de 2015, en el 25,66%.

Más allá de los ciclos económicos, España siempre ha mantenido un nivel de temporalidad en el empleo muy superior a los países de su entorno. Cuando en 1995 se alcanzó el récord de temporalidad en nuestra historia reciente, con una tasa de eventuales del 35%, la Comunidad Económica Europea, por aquel entonces con 12 Estados miembros, presentaba un infinitamente inferior nivel de temporalidad: el 11,6%.

Las potencias europeas, como Francia, Alemania y Reino Unido, tenían una temporalidad también muy por debajo de la española: 12%, 10% y 7%, respectivamente.

Once años después, cuando España seguía teniendo un porcentaje de contratados temporales del 34,1% en plena etapa de expansión económica, la media europea era del 15%, mientras que Alemania y Francia estaban en ese mismo entorno del 14-15% y Reino Unido no llegaba al 6%.Las causas de la eventualidad del empleo

¿Cómo se explica? ¿Sólo por el peso de la construcción u otras actividades con elevada estacionalidad como el turismo o la hostelería? Sin duda, la denominada estacionalidad, el protagonismo en nuestro mercado de trabajo de sectores con ciclos de actividad muy distintos a lo largo del año, como el turismo o la hostelería, o el peso de actividades como la construcción que son grandes generadoras de empleo temporal, seguramente tenga una parte de la culpa de la alta tasa de temporalidad en nuestro país.

Pero los estudiosos que han llevado a cabo análisis históricos sobre esta particularidad de nuestro mercado de trabajoy no pocos economistas, empresarios y firmas intermediadoras en materia laboral, coinciden en señalar que es más importante aún otra característica de nuestro país a la hora de explicar el alto porcentaje de contrataciones temporales.

Y no es otro que la rigidez de nuestro mercado laboral, la falta de herramientas para los empleadores a la hora de adaptar el coste de sus plantillas a los ciclos económicos. La escasez de opciones más allá de los recortes de personal a la hora de adecuar sus costes laborales a las nuevas circunstancias del mercado cuando las cosas comienzan a ponerse feas. O muy feas, como en esta crisis.

Aunque las organizaciones sindicales insisten en subrayar la falta de estabilidad en el empleo como una causa de precarización de las condiciones de trabajo y como un freno a la recuperación económica por sus efectos sobre el consumo y la actividad, los empleadores coinciden al denunciar las rigideces históricas que han caracterizado a nuestro marco de relaciones laborales históricamente.

Según esta corriente de opinión, los empresarios de nuestro país han carecido siempre, algo corregido si no completamente al menos en buena medida tras la última reforma laboral, de instrumentos para poder flexibilizar el trabajo y adaptar los costes de personal a los vaivenes de las fases económicas expansivas o depresivas.

Pero ante las escasas opciones para la movilidad geográfica o funcional dentro de las compañías, o para reducir los salarios, la alternativa ha sido en el pasado la del recorte de plantilla. Y, evidentemente, siempre ha sido mucho más barato y sencillo hacerlo con los empleados temporales que con los fijos.

Sin ir más lejos, desde el comienzo de 2008, en España se han perdido 1,4 millones de asalariados temporales, mientras que la reducción de asalariados indefinidos ha sido de 700.000, justo la mitad.La protección no impide los EREs en las crisis

Esto explica que se hable de la famosa dualidad del mercado de trabajo español. Con unos trabajadores indefinidos que contaban con un elevado nivel de protección y unos eventuales muchos más desprotegidos. De ahí que organismos internacionales como la OCDE vengan señalando la conveniencia de que nuestro país reduzca la diferencia en cuanto a protección en el empleo entre ambos colectivos. Y de ahí que cada vez haya más partidarios de un contrato único con iguales condiciones para ambos tipos de trabajadores. Otros expertos señalan que ese contrato no es la clave, sino el coste del despido en los contratos indefinidos, muy superior al de los temporales.

Quizá esta circunstancia sea lo que explique también que en todas las crisis económicas de las últimas décadas España sea, con gran diferencia, el país europeo en el que más empleo se destruye.

Con una tasa de paro aún en el 20,9% y 4,7 millones de desempleados según la última EPA, ¿cuál debe ser la prioridad de un país, ser capaz de generar cada vez más empleos aunque sean eventuales o con menor nivel de protección o empeñarse en impedir que los indefinidos no puedan ser despedidos cuando una empresa atraviesa circunstancias adversas?

La historia demuestra que el encarecimiento del despido o las trabas normativas no impiden la pérdida masiva de empleos cuando llega una recesión económica.

Cuando se conocen los datos mensuales de afiliados a la Seguridad Social o cuando cada tres meses se publica una nueva EPA, lejos de celebrar, por fin, la generación de nuevos puestos de trabajo y la reducción de las históricas listas del paro que hemos padecido en los últimos años, sindicatos, partidos de la oposición y no pocos medios de comunicación señalan que el crecimiento del empleo al que asistimos de manera sostenida desde hace ya más de dos años sólo se debe a la precariedad en aumento, a la eventualidad del nuevo empleo que nuestras empresas están comenzando a recuperar.

Que el mejor comportamiento del paro es por motivos estacionales (el efecto sobre el mercado de trabajo de la época del año en la que nos encontremos). Es decir, que ahora sube por la Navidad, que en verano sube por el turismo. Que el empleo que más aumenta es a tiempo parcial y no porque el trabajador lo quiera de forma voluntaria sino porque no le queda más remedio. Y que la tasa de temporalidad crece en nuestro país en esta recuperación, lo que suelen ligar además a los efectos de la reforma laboral en España. También añaden que es un empleo de bajos salarios.Lo que dicen los datos

Pero los datos oficiales desmienten todas y cada una de estas afirmaciones. Por supuesto el mercado laboral español no es aún un camino de rosas. Por supuesto, aún no hemos alcanzado las cotas del empleo anteriores a la crisis. Y, por supuesto, si uno da un vistazo a los anuncios de trabajo disponibles en la actualidad, la mayoría de los que se ofrecen son temporales y con sueldos más bajos por lo general que antes de que comenzaran las dos recesiones consecutivas que hemos vivido.

Estamos en la salida de la recuperación y aún queda mucho por avanzar y mejorar en materia de creación de empleo. Es normal, y siempre ha sucedido, que primero se contrate a un trabajador de manera temporal y más adelante, si las cosas van bien, se le haga indefinido. Pero eso está muy lejos de no reconocer los logros de los dos últimos años, en los que se han creado casi un millón de nuevos puestos de trabajo y se ha reducido el paro en más de 1.150.000 personas. Y los argumentos a los que se agarran los sindicatos y parte de la oposición política son, simplemente, falsos con los números en la mano.No crece el empleo por motivos estacionales

En primer lugar, no es cierto que la mejora del empleo y el descenso del paro se deban a factores estacionales. En esta EPA del último trimestre de 2015, el paro baja un -3,66% trimestralmente sin ajuste estacional (es decir, sin tener en cuenta el denominado efecto calendario en el empleo). Y lo hace ya durante ocho trimestres consecutivos, es decir, dos años de forma sostenida. Lo mismo sucede con la ocupación, que aumenta un +0,73% trimestral de manera desestacionalizada, y lo hace ya durante 9 trimestres consecutivos, otros dos años más o menos.El empleo parcial sólo es el 4,5% del que se crea

En segundo lugar también es absolutamente falso que el empleo a jornada parcial crezca más que el empleo a tiempo completo. Eso sucedió en los primeros compases de la recuperación, pero ya no es así. En el último año se han ganado 525.100 ocupados. De ellos, nada más y nada menos que 501.700 lo han sido a jornada completa y sólo 23.300 han sido a tiempo parcial.

Es decir, que del nuevo empleo generado durante el último años, sólo el 4,5% son trabajados a tiempo parcial y el 95,5% son empleos a jornada completa.

Y en los dos últimos años los empleados a tiempo parcial han aumentado en 100.000 y los que trabajan a jornada completa han crecido en muchísima mayor medida: +795.100.La tasa de temporalidad era mayor en el 'boom' económico

Y en tercer y último lugar, la elevada tasa de temporalidad de nuestro país no es algo propio de esta crisis ni de la salida de la misma, ni un nuevo fenómeno en nuestro mercado de trabajo. España siempre se ha distinguido por tener una alta proporción de empleo eventual, muchísimo más elevada que los países europeos más avanzados.

La tasa de temporalidad apenas ha crecido un punto en el último año y dos puntos en los dos últimos ejercicios. También el aumento es de dos puntos desde la entrada en vigor de la última reforma laboral. Ahora tenemos un 25,66%, mientras que hace un año era del 24,2%, a finales de 2013 estaba en el 23,7%, cuando se introdujo la reforma laboral era del 23,4%, y al término de la anterior legislatura, en el tercer trimestre de 2001, era del 25,8%, casi igual a la actual. En este terreno, las variaciones durante la recuperación del empleo están siendo mínimas y cambian cada trimestre de forma ligera.

Es decir, que desde hace 5 años en España aproximadamente una cuarta parte de los trabajadores con empleo tienen un contrato temporal y tres cuartas partes tienen un contrato indefinido.

Pero es que, en los inicios del año 2008, antes de que comenzara la grave crisis de empleo que hemos sufrido, estaba situada en el 30%. Y, en 2004, en plena expansión económica estaba en el 32%/33%. Pero entonces no se veía como un problema ni se hablaba de empleo precario.

De hecho, en España la tasa de temporalidad siempre ha sido mayor en las últimas décadas en las épocas de mayor empleo y cuando se ha reducido la eventualidad ha sido en las etapas de caídas de la ocupación.Siempre mucho más empleo temporal que Europa

Veamos su evolución histórica en las últimas décadas, para comprobarlo. Nuestra economía alcanzó en el año 1995 su máximo nivel de trabajadores temporales en proporción al número total de ocupados del país. En aquel año, 35 de cada 100 personas empleadas en nuestro país lo era de forma eventual. Es decir, la tasa de temporalidad era del 35%, 10 puntos mayor que ahora.

En ese momento también se venía de una crisis económica, la desatada en 1993 tras los fastos del año 92, también se había disparado la tasa de paro hasta cerca del 25% (24,1% en 1994) y el desempleo se había acercado a los 4 millones de parados (3,93 millones de parados en el primer trimestre de 1994 en un país que tenía entonces sólo 16 millones de personas activas), y, también, se había llevado a cabo una reforma laboral. La del Gobierno de Felipe González en 1994, que introdujo en nuestro país las denostadas por los sindicatos ETT (empresas de trabajo temporal) y los denominados entonces contratos basura (contrato de formación y aprendizaje hasta los 25 años, contrato en prácticas con una duración entre 6 meses y 2 años, y contrato por obra sin servicio sin duración determinada).

Durante más de una década esta excesiva temporalidad en el trabajo que se generaba en nuestro país, muy superior a la media europea, se mantuvo sostenidamente en tasas superiores al 30%. En 2006 el porcentaje de contratados temporales respecto al total de ocupados del país fue del 34,1%, pero ese año comenzó un progresivo descenso de aproximadamente 10 puntos hasta 2010, que se ha mantenido con pequeños aumentos y descensos hasta situarse en la última EPA, la del último trimestre de 2015, en el 25,66%.

Más allá de los ciclos económicos, España siempre ha mantenido un nivel de temporalidad en el empleo muy superior a los países de su entorno. Cuando en 1995 se alcanzó el récord de temporalidad en nuestra historia reciente, con una tasa de eventuales del 35%, la Comunidad Económica Europea, por aquel entonces con 12 Estados miembros, presentaba un infinitamente inferior nivel de temporalidad: el 11,6%.

Las potencias europeas, como Francia, Alemania y Reino Unido, tenían una temporalidad también muy por debajo de la española: 12%, 10% y 7%, respectivamente.

Once años después, cuando España seguía teniendo un porcentaje de contratados temporales del 34,1% en plena etapa de expansión económica, la media europea era del 15%, mientras que Alemania y Francia estaban en ese mismo entorno del 14-15% y Reino Unido no llegaba al 6%.Las causas de la eventualidad del empleo

¿Cómo se explica? ¿Sólo por el peso de la construcción u otras actividades con elevada estacionalidad como el turismo o la hostelería? Sin duda, la denominada estacionalidad, el protagonismo en nuestro mercado de trabajo de sectores con ciclos de actividad muy distintos a lo largo del año, como el turismo o la hostelería, o el peso de actividades como la construcción que son grandes generadoras de empleo temporal, seguramente tenga una parte de la culpa de la alta tasa de temporalidad en nuestro país.

Pero los estudiosos que han llevado a cabo análisis históricos sobre esta particularidad de nuestro mercado de trabajoy no pocos economistas, empresarios y firmas intermediadoras en materia laboral, coinciden en señalar que es más importante aún otra característica de nuestro país a la hora de explicar el alto porcentaje de contrataciones temporales.

Y no es otro que la rigidez de nuestro mercado laboral, la falta de herramientas para los empleadores a la hora de adaptar el coste de sus plantillas a los ciclos económicos. La escasez de opciones más allá de los recortes de personal a la hora de adecuar sus costes laborales a las nuevas circunstancias del mercado cuando las cosas comienzan a ponerse feas. O muy feas, como en esta crisis.

Aunque las organizaciones sindicales insisten en subrayar la falta de estabilidad en el empleo como una causa de precarización de las condiciones de trabajo y como un freno a la recuperación económica por sus efectos sobre el consumo y la actividad, los empleadores coinciden al denunciar las rigideces históricas que han caracterizado a nuestro marco de relaciones laborales históricamente.

Según esta corriente de opinión, los empresarios de nuestro país han carecido siempre, algo corregido si no completamente al menos en buena medida tras la última reforma laboral, de instrumentos para poder flexibilizar el trabajo y adaptar los costes de personal a los vaivenes de las fases económicas expansivas o depresivas.

Pero ante las escasas opciones para la movilidad geográfica o funcional dentro de las compañías, o para reducir los salarios, la alternativa ha sido en el pasado la del recorte de plantilla. Y, evidentemente, siempre ha sido mucho más barato y sencillo hacerlo con los empleados temporales que con los fijos.

Sin ir más lejos, desde el comienzo de 2008, en España se han perdido 1,4 millones de asalariados temporales, mientras que la reducción de asalariados indefinidos ha sido de 700.000, justo la mitad.La protección no impide los EREs en las crisis

Esto explica que se hable de la famosa dualidad del mercado de trabajo español. Con unos trabajadores indefinidos que contaban con un elevado nivel de protección y unos eventuales muchos más desprotegidos. De ahí que organismos internacionales como la OCDE vengan señalando la conveniencia de que nuestro país reduzca la diferencia en cuanto a protección en el empleo entre ambos colectivos. Y de ahí que cada vez haya más partidarios de un contrato único con iguales condiciones para ambos tipos de trabajadores. Otros expertos señalan que ese contrato no es la clave, sino el coste del despido en los contratos indefinidos, muy superior al de los temporales.

Quizá esta circunstancia sea lo que explique también que en todas las crisis económicas de las últimas décadas España sea, con gran diferencia, el país europeo en el que más empleo se destruye.

Con una tasa de paro aún en el 20,9% y 4,7 millones de desempleados según la última EPA, ¿cuál debe ser la prioridad de un país, ser capaz de generar cada vez más empleos aunque sean eventuales o con menor nivel de protección o empeñarse en impedir que los indefinidos no puedan ser despedidos cuando una empresa atraviesa circunstancias adversas?

La historia demuestra que el encarecimiento del despido o las trabas normativas no impiden la pérdida masiva de empleos cuando llega una recesión económica.

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