Miércoles, 18.10.2017 - 04:24 h

La contaminación de la política

La Política es noble o no es Política. Hoy en día lo que más se practica es el “politiqueo”, eso sí, auspiciado y fomentado por los propios líderes, que han confundido el ejercicio inherente a un liderazgo.

Al famoso, y siempre indefinido, ocaso de las ideologías ha sustituido la contaminación de la Política. No se puede afirmar hoy que la Política sea un arte, una doctrina o una opinión referente al gobierno de los Estados.

El PP incluye a Rajoy y sus diputados del Gobierno y a la cúpula de Génova en la Diputación Permanente del Congreso
El PP incluye a Rajoy y sus diputados del Gobierno y a la cúpula de Génova en la Diputación Permanente del Congreso

Al famoso, y siempre indefinido, ocaso de las ideologías ha sustituido la contaminación de la Política. No se puede afirmar hoy que la Política sea un arte, una doctrina o una opinión referente al gobierno de los Estados. No es un arte porque la estética casi siempre está ausente cuando los líderes políticos ocupan un escenario. No es una doctrina porque las ideologías en las que se sustentaban los partidos han dejado su preeminencia a las estrategias con las que se busca con mayor ahínco la afluencia de votos en las urnas que el cambio social. Y tampoco es una opinión propiamente dicha porque se usan con mayor frecuencia los slogans que las explicaciones extensas cuando los líderes de los partidos reclaman los votos a los ciudadanos.

En los partidos políticos, que son las organizaciones en las que debe ser irreemplazable la discusión sobre la Política, y sobre las políticas a aplicar en cada momento, resulta más rentable contratar a un asesor de imagen que acicale y vista idóneamente al candidato de turno, que a un pensador que se sumerja cada mañana en sus seguridades o sus dudas para responder a las inquietudes o necesidades ciudadanas.

Sin embargo, el panorama en el que debe intervenir la Política apenas ha cambiado. Sigue habiendo ricos y pobres, lo cual constituye una dualidad tan real como fatal para que nuestra sociedad consiga niveles de armonía razonables para favorecer la convivencia. Resuelta, o al menos atenuada esta dualidad, ningún problema deberá preocuparnos en la misma medida.

En los cruciales momentos en que vivimos la Política atraviesa vicisitudes muy difíciles de salvar. Sometida a los medios de comunicación, mucho más preocupados por informar mucho que por informar bien, las ideologías en que se sustenta ceden el protagonismo a lo más espectacular. Dado que una noticia, -o una simple visión de la realidad-, sustituye a la anterior con solo apretar un botón de ordenador, mediante las Redes Sociales, los líderes resultan ser cada vez menos necesarios, porque resultan más eficaces los embaucadores y los atrevidos. Cuando se suscita una discusión son las Redes las que, sin aportar nada riguroso, la difunden infinitamente dejando al libre albedrío de las metes cualquier tipo de interpretación.

En un diario de gran tirada ha escrito Patxi López, refiriéndose al más importante y antiguo partido político español, el PSOE, que “somos un gran partido pero tenemos miles de militantes y millones de votantes consternados por el espectáculo que hemos dado”. Le asiste parte de la razón. ¿Quién ha ofrecido el espectáculo? Inducido y alimentado mucho más por unos que por otros, no cabe eximir a casi nadie de responsabilidad, aunque unos hayan encontrado en el artificial debate las razones para ennoblecer sus comportamientos y posturas. ¿Qué es más noble, enrocarse en el “no es no”, amparados en que el PP, supuesto beneficiario de la abstención, es de derechas y corrupto, o favorecer la instalación de un gobierno (tras más de 300 días sin él) al que controlar y ahormar desde las Instituciones democráticas? ¿Qué es más eficaz, tener a los diputados debatiendo sobre leyes o necesidades públicas o tenerlos entregados y absortos en si es una muestra de cobardía la abstención, o de valentía el empecinamiento en el “no”?

Vivimos en medio de un campo contaminado, que es el campo político. Siendo la Política, como es, un arte noble, la han convertido sus más directos protagonistas, es decir los políticos, en una materia tabú. Hablar de Política enrarece los ambientes. La distensión no se produce porque los líderes políticos, cada vez menos ideologizados y comprometidos, ponen condiciones absurdas a cualquier debate: tiempos iguales, conformación de los escenarios, puestas en escena contrastadas, conductores de los debates que parecen magnetófonos… Junto a este hermetismo han aparecido los remilgosos que se la cogen con papel de fumar. Por ejemplo, en un debate televisado entre los candidatos a dirigir Podemos en Madrid a uno de los candidatos le pareció mal que le concedieran dos minutos más que a su oponente porque, por voluntad del entrevistador le fueron practicadas algunas preguntas sobre su actuación, corrupta o no, en la compra-venta de una vivienda social en Alcobendas. Me llamó la atención que le pareciera peor el hecho de que le concedieran dos minutos, más que la fechoría protagonizada por él en lo referente al negocio de algo más de 20.000 euros que llegó a hacer con su vivienda.

Concluyo, la Política es noble o no es Política. Hoy en día lo que más se practica es el “politiqueo”, eso sí, auspiciado y fomentado por los propios líderes, que han confundido el ejercicio inherente a un liderazgo, siempre arriesgado, con el mero proceso administrativo que tiene que ejercerse en las sociedades más o menos numerosas. Un Secretario General de una formación política ha de ser quien sostenga ideológicamente a la formación, máxime si está adscrita a la izquierda política. Si su papel se ciñe a recoger firmas de apoyo, y poco más, cada vez que propone algo, con el fin de sostener su propuesta, pero sin aportar reflexiones consistentes, el ejercicio democrático cobra un protagonismo innecesario que se impone a la Política, cuando la Democracia ha de ser justamente solo la fiel acompañante de la Política. ¡Que no es poco!

Fdo.  JOSU  MONTALBAN

Al famoso, y siempre indefinido, ocaso de las ideologías ha sustituido la contaminación de la Política. No se puede afirmar hoy que la Política sea un arte, una doctrina o una opinión referente al gobierno de los Estados. No es un arte porque la estética casi siempre está ausente cuando los líderes políticos ocupan un escenario. No es una doctrina porque las ideologías en las que se sustentaban los partidos han dejado su preeminencia a las estrategias con las que se busca con mayor ahínco la afluencia de votos en las urnas que el cambio social. Y tampoco es una opinión propiamente dicha porque se usan con mayor frecuencia los slogans que las explicaciones extensas cuando los líderes de los partidos reclaman los votos a los ciudadanos.

En los partidos políticos, que son las organizaciones en las que debe ser irreemplazable la discusión sobre la Política, y sobre las políticas a aplicar en cada momento, resulta más rentable contratar a un asesor de imagen que acicale y vista idóneamente al candidato de turno, que a un pensador que se sumerja cada mañana en sus seguridades o sus dudas para responder a las inquietudes o necesidades ciudadanas.

Sin embargo, el panorama en el que debe intervenir la Política apenas ha cambiado. Sigue habiendo ricos y pobres, lo cual constituye una dualidad tan real como fatal para que nuestra sociedad consiga niveles de armonía razonables para favorecer la convivencia. Resuelta, o al menos atenuada esta dualidad, ningún problema deberá preocuparnos en la misma medida.

En los cruciales momentos en que vivimos la Política atraviesa vicisitudes muy difíciles de salvar. Sometida a los medios de comunicación, mucho más preocupados por informar mucho que por informar bien, las ideologías en que se sustenta ceden el protagonismo a lo más espectacular. Dado que una noticia, -o una simple visión de la realidad-, sustituye a la anterior con solo apretar un botón de ordenador, mediante las Redes Sociales, los líderes resultan ser cada vez menos necesarios, porque resultan más eficaces los embaucadores y los atrevidos. Cuando se suscita una discusión son las Redes las que, sin aportar nada riguroso, la difunden infinitamente dejando al libre albedrío de las metes cualquier tipo de interpretación.

En un diario de gran tirada ha escrito Patxi López, refiriéndose al más importante y antiguo partido político español, el PSOE, que “somos un gran partido pero tenemos miles de militantes y millones de votantes consternados por el espectáculo que hemos dado”. Le asiste parte de la razón. ¿Quién ha ofrecido el espectáculo? Inducido y alimentado mucho más por unos que por otros, no cabe eximir a casi nadie de responsabilidad, aunque unos hayan encontrado en el artificial debate las razones para ennoblecer sus comportamientos y posturas. ¿Qué es más noble, enrocarse en el “no es no”, amparados en que el PP, supuesto beneficiario de la abstención, es de derechas y corrupto, o favorecer la instalación de un gobierno (tras más de 300 días sin él) al que controlar y ahormar desde las Instituciones democráticas? ¿Qué es más eficaz, tener a los diputados debatiendo sobre leyes o necesidades públicas o tenerlos entregados y absortos en si es una muestra de cobardía la abstención, o de valentía el empecinamiento en el “no”?

Vivimos en medio de un campo contaminado, que es el campo político. Siendo la Política, como es, un arte noble, la han convertido sus más directos protagonistas, es decir los políticos, en una materia tabú. Hablar de Política enrarece los ambientes. La distensión no se produce porque los líderes políticos, cada vez menos ideologizados y comprometidos, ponen condiciones absurdas a cualquier debate: tiempos iguales, conformación de los escenarios, puestas en escena contrastadas, conductores de los debates que parecen magnetófonos… Junto a este hermetismo han aparecido los remilgosos que se la cogen con papel de fumar. Por ejemplo, en un debate televisado entre los candidatos a dirigir Podemos en Madrid a uno de los candidatos le pareció mal que le concedieran dos minutos más que a su oponente porque, por voluntad del entrevistador le fueron practicadas algunas preguntas sobre su actuación, corrupta o no, en la compra-venta de una vivienda social en Alcobendas. Me llamó la atención que le pareciera peor el hecho de que le concedieran dos minutos, más que la fechoría protagonizada por él en lo referente al negocio de algo más de 20.000 euros que llegó a hacer con su vivienda.

Concluyo, la Política es noble o no es Política. Hoy en día lo que más se practica es el “politiqueo”, eso sí, auspiciado y fomentado por los propios líderes, que han confundido el ejercicio inherente a un liderazgo, siempre arriesgado, con el mero proceso administrativo que tiene que ejercerse en las sociedades más o menos numerosas. Un Secretario General de una formación política ha de ser quien sostenga ideológicamente a la formación, máxime si está adscrita a la izquierda política. Si su papel se ciñe a recoger firmas de apoyo, y poco más, cada vez que propone algo, con el fin de sostener su propuesta, pero sin aportar reflexiones consistentes, el ejercicio democrático cobra un protagonismo innecesario que se impone a la Política, cuando la Democracia ha de ser justamente solo la fiel acompañante de la Política. ¡Que no es poco!

Fdo.  JOSU  MONTALBAN

Ahora en portada

Comentarios