Lunes, 23.10.2017 - 02:59 h

El Toro de Guisando

Rivera ha mostrado una promiscuidad excesiva a la hora de negociar, porque todo le sirve. Rajoy exhibe un cinismo procaz

Tanto Rajoy como Rivera usan la improcedencia de las “terceras” elecciones para defender su acuerdo de mínimos

El Toro de Guisando

No encuentro apelativo más apropiado para Mariano Rajoy que el de “Toro de Guisando”. Me asisten algunas razones. Cuando fue presentado el acuerdo entre Pedro Sánchez (PSOE) y Rivera (C´s), el fatuo Rajoy recurrió al acuerdo de la Concordia de los Toros de Guisando para explicar (y ridiculizar) tal acuerdo. Sin embargo, hoy recurro a la figura de los Toros de Guisando como lo que realmente son, figuras de piedra granítica a las que tanto se identifica como toros o como cerdos (verracos), en todo caso ibéricos. No estaría mal que mi recurso a la comparación de Mariano Rajoy con uno de los graníticos Toros de Guisando tuviera que ver con la visión “apotropaica” del objeto, pero creo que Rajoy, lejos de “desviar las influencias maléficas”, tal como es el alcance del término, es un causante de tales, pues no en vano ha provocado desigualdad, pobreza e injusticias flagrantes, es decir maleficios, durante el tiempo que ha gobernado en España.

Ahora parece que se erige en salvador, después de haber alardeado de desidia cuando tras el 20D del año pasado renunció a intentar su investidura, cuando se negó a apoyar el acuerdo al que habían llegado PSOE y C´s, cuando la repetición de las elecciones se veía como si se tratara un desastre de condiciones tan brutales como las del desastre de Annual. En realidad Mariano Rajoy se ha comportado como cualquiera de las masas pétreas de Guisando, en Ávila, sin mente clara, sin alma siquiera, siempre a la espera de las casualidades, al albur de que cualquier circunstancia menor favoreciera sus deseos, que no sus expectativas.

El acuerdo entre C´s y el PP firmado tan recientemente es el segundo experimento de C´s, lo cual requiere un análisis meticuloso porque permite sacar una conclusión: que C´s, a pesar de ser una fuerza política emergente sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Llegados a este punto me permito una aclaración, porque C´s no es una formación de derechas de tono clásico ni es la marca blanca del PP, sino una nueva formación, mucho más populista que popular (PP), y bastante más útil para la actual democracia española que el PP. ¿Qué espacio ocupa C´s? He ahí el misterio. De la mano de un muchacho bien presentado va y viene por los platós esbozando sonrisas, proponiendo soluciones irresolubles, pidiendo votos que sirvan para cambiar el ayer por el mañana, pero a poder ser sin pararse ni un segundo en el hoy.

Una vez más el acuerdo de investidura entre el PP y C´s resulta engañoso. Seguro que contiene compromisos encomiables, pero en la puesta en escena están primando las ambigüedades con que se formulan las propuestas (impulsar, favorecer, promover, etc…), la ausencia de objetivos amparados por los datos económicos, o la obsesión de los líderes de unas formaciones frente a los demás líderes, a los que combaten con escasez de criterios y abundancia de momentos impactantes.

Tanto Rajoy como Rivera usan la improcedencia de las “terceras” elecciones para defender su acuerdo de mínimos, pero sus ataques indiscriminados contra Pedro Sánchez y el PSOE, al que exigen su apoyo, activo o pasivo, para que el éxito sea posible, constituyen un descaro y una desvergüenza. Rivera ha mostrado una promiscuidad excesiva a la hora de negociar, porque todo le sirve. Rajoy exhibe un cinismo procaz y atrevido, desvergonzado y desafiante, que le ha llevado a preguntar públicamente al líder Sánchez: “Tengo 170 votos… ¿quieres que repitamos otra vez las elecciones?”.

El argumento no puede ser más incompleto, porque aunque es verdad que cuenta de momento con 170 votos a favor, cuenta también con 180 votos en contra. Peor aún, en el cómputo de los votos emitidos el 26J su derrota, y por tanto su rechazo, es mucho más aplastante. Ha afirmado don Mariano que un apoyo del primer partido de la oposición (PSOE) a su acuerdo con C´s “es de razón, democrático, y de sentido común”. ¿Por qué? ¿Acaso no lo hubiera sido el apoyo del PP al acuerdo PSOE-C´s tras el 20D? ¿Por qué reclama ahora un esfuerzo para el que no se mostraron dispuestos ni él ni el PP? No sirve de nada que el infante Rivera enrarezca el ambiente advirtiendo que cien de las ciento cincuenta propuestas acordadas con el PP habían sido acordadas ya con el PSOE, porque no es verdad, y porque la complicidad de C´s con el PP ahora tiene muy poco que ver con la contundencia de su negociación con el PSOE.

A Rivera le ha traicionado su propia debilidad. La disminución en escaños en las elecciones del 26J le ha llevado a entregarse en los brazos del PP. Rivera desea ser Vicepresidente del Gobierno, y lo quiere ser cuanto antes porque no va a encontrar nuevas oportunidades. Se trata de una posibilidad que era prácticamente inviable tras su acuerdo con Pedro Sánchez tras el 20D. En ese empeño va a ser capaz de arriesgar incluso la supervivencia de C´s.

El PSOE no debe ceder ahora. Si el 20D supuso un traspié para la voluntariosa empresa de Pedro Sánchez de procurarse la investidura, ante la desidia del inerte Rajoy, el 26J debe culminar en el fracaso de Mariano Rajoy y del PP. Rehuir las terceras Elecciones es rehuir algo tan natural y sano como las Elecciones en una Democracia. Han sido los ciudadanos los que han tramado esta urdimbre tan complicada y tupida. Los líderes deben poner toda la carne en el asador para ofrecer soluciones, pero la voluntad de los ciudadanos no debe ser burlada por los caprichos de los dirigentes de los partidos. De momento Pedro Sánchez y los socialistas decimos que “no es no”. ¿Qué otra cosa puede ser?

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