Lunes, 23.10.2017 - 21:24 h

¿Quién va a pagar la crisis del socialismo?

No es la primera crisis del PSOE a lo largo de su larga Historia, pero sí es la primera de la modernidad más actual, que pone al servicio de la gente armas e instrumentos tan arriesgados y despiadados como las Redes Sociales.

España, y los españoles, están pendientes de lo que hace el PSOE y los socialistas porque sin ellos, o con ellos enfrentados entre sí, los ciudadanos vivirán peor.

Susana Díaz ve el Premio Nacional de las Músicas Actuales a Martirio "un reconocimiento a su valentía y trayectoria"
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Esta pregunta no es meramente retórica. Responde a la constatación de que lo que está moviendo a las partes en litigio en la crisis del PSOE no es tanto resolver las diferencias que han traído la situación actual hasta el quiasma en que se encuentra, sino imponer al otro, no ya un criterio razonable, sino un derrotero inevitable.

La crisis actual del PSOE no obedece al mero hecho de que haya quienes piensan de modo diferente en cómo debe comportarse el socialismo ante los graves problemas que acucian a la sociedad actual. Más bien debate quién deberá ocupar en el futuro la silla máxima de Ferraz, y muy pocas cosas más. El combate, -que no debate-, en que se ha visto complicada la clientela socialista sólo obedece a eso: a una lucha por el poder. Porque las dos posiciones que parecieron estar en el principio de la crisis, -la de los partidarios del “no es no”, y la de los abstencionistas para facilitar que hubiera un Gobierno en lugar de que se repitieran las elecciones en España-, ya resolvieron sus dudas y problemas de forma reglamentaria, de modo que solo quedan pos resolver los pasos que deben darse para que, de nuevo, el PSOE vuelva a ser el partido que ha sido históricamente, con sus riesgos y defectos, pero sobre todo con sus grandes virtudes.

No es la primera crisis del PSOE a lo largo de su larga Historia, pero sí es la primera de la modernidad más actual, que pone al servicio de la gente armas e instrumentos tan arriesgados y despiadados como las Redes Sociales, que están jugando un papel tan enrarecedory poco edificante en la crisis socialista. Parece que quienes han convertido las Redes en el destino de sus improperios, también debieran utilizarlas para alabar las virtudes del socialismo, pero no es así, en todo caso las loas no pasan casi nunca de ser “alusiones positivas”, mientras las críticas se administran como “diatribas brutales”. Da la impresión de que no se entiende el socialismo como una fuerza transformadora de la sociedad, sino como una simple reivindicación social. Quienes lo entienden de ese modo no han entendido su potencial transformador, ni siquiera conocen la historia ni las vicisitudes por las que ha pasado el socialismo.

Hagamos un repaso sencillo. La Transición no solo sirvió para que la Dictadura se convirtiera en Democracia sin grandes estridencias, sino también para que en medio de aquel trance las izquierdas, que llegaron deshilachadas al momento, se recompusieran y formaran un bloque tan consistente como homogéneo. El PSOE fue, y debe seguir siendo, el aglutinante de todas aquellas izquierdas. Sin embargo, el adanismo que suele afectar a quienes, aún hoy, se creen “fundadores” de una izquierda más auténtica que la existente, como son los eventuales líderes de Podemos, ha provocado cierto resquebrajamiento en el socialismo español, que ha separado a los socialistas más constructivos, socialmente hablando, de los rupturistas o destructivos. He ahí la división que afecta al PSOE: quienes con su “no es no” no resolvían la situación, y quienes con su sola y remisa abstención tampoco han puesto sobre la mesa de debate una alternativa real de izquierdas.

El socialismo está sumido en una desesperanza, quizás desesperación, nada provechosa. La situación tiene solución, y la solución es sencilla. Basta con que los líderes se pongan de acuerdo en generar, y desarrollar, un debate de ideas que supere y entierre a la actual porfía por los sillones. Y ha de hacerse sin pausas y sin prisa. Porque quienes reclaman la máxima prisa lo hacen pensando en que una parte de los socialistas contendientes acudan a la confrontación de las ideas sin los pertrechos, alternativas y estrategias suficientes, lo que es tanto como sorprenderles en desventaja. Sin embargo el socialismo necesita a sus “soldados” debidamente adiestrados y abastecidos para obtener de ellos lo mejor que tienen. Y quienes reclaman templanza y serenidad han de evitar que los socialistas que ahora se sienten algo desanimados, caigan en la frustración. No es tiempo de prisas para el socialismo español, pero tampoco es tiempo de pausas.

La Gestora, como figura provisional que es, debe gestionar sin determinar esencias ideológicas, pero debe hacerlo con la responsabilidad de quien sabe que lo que tiene entre las manos es un “objeto” muy frágil, sometido a los intereses de las más sutiles interpretaciones. Pero quienes se mueven, desde esa especie de espontaneidad impostada, acudiendo a encuentros con militantes que tienen los ánimos exacerbados, también deben tentarse la ropa antes de convertir al PSOE en un tentempié débil y ridículo. Ahora más que nunca los socialistas debemos obligarnos a ser responsables con nosotros mismos, con la historia del Partido, y con los ciudadanos que esperan del PSOE que siga actuando con la responsabilidad con que siempre ha actuado. En suma, que Javier Fernández y Pedro Sánchez deben atemperar a sus “compañeros” más próximos para que la prisa y las pausas coincidan en un punto, para que las voces de ambas procedencias no suenen discordantes en exceso.

España, y los españoles, están pendientes de lo que hace el PSOE y los socialistas porque sin ellos, o con ellos enfrentados entre sí, los ciudadanos vivirán peor. El socialismo español es, aún y a pesar de todo, la única izquierda que sobrevive en medio del adanismo de algunas otras “izquierdas”  que no se atreven a llamarse socialistas y se cubren con los aderezos del más mezquino populismo. Y cometerá un error incorregible si dirime sus dudas en el campo de las Redes Sociales, tan anónimas como inanimadas en muchos casos, en lugar de hacerlo en sus sedes sociales, que son las casas del Pueblo, en la calle que es de todos los ciudadanos y en las Instituciones que nos representan a todos, a los socialistas y también a quienes no lo son pero necesitan al socialismo y esperan su recuperación.

FDO. JOSU MONTALBÁN

Esta pregunta no es meramente retórica. Responde a la constatación de que lo que está moviendo a las partes en litigio en la crisis del PSOE no es tanto resolver las diferencias que han traído la situación actual hasta el quiasma en que se encuentra, sino imponer al otro, no ya un criterio razonable, sino un derrotero inevitable.

La crisis actual del PSOE no obedece al mero hecho de que haya quienes piensan de modo diferente en cómo debe comportarse el socialismo ante los graves problemas que acucian a la sociedad actual. Más bien debate quién deberá ocupar en el futuro la silla máxima de Ferraz, y muy pocas cosas más. El combate, -que no debate-, en que se ha visto complicada la clientela socialista sólo obedece a eso: a una lucha por el poder. Porque las dos posiciones que parecieron estar en el principio de la crisis, -la de los partidarios del “no es no”, y la de los abstencionistas para facilitar que hubiera un Gobierno en lugar de que se repitieran las elecciones en España-, ya resolvieron sus dudas y problemas de forma reglamentaria, de modo que solo quedan pos resolver los pasos que deben darse para que, de nuevo, el PSOE vuelva a ser el partido que ha sido históricamente, con sus riesgos y defectos, pero sobre todo con sus grandes virtudes.

No es la primera crisis del PSOE a lo largo de su larga Historia, pero sí es la primera de la modernidad más actual, que pone al servicio de la gente armas e instrumentos tan arriesgados y despiadados como las Redes Sociales, que están jugando un papel tan enrarecedory poco edificante en la crisis socialista. Parece que quienes han convertido las Redes en el destino de sus improperios, también debieran utilizarlas para alabar las virtudes del socialismo, pero no es así, en todo caso las loas no pasan casi nunca de ser “alusiones positivas”, mientras las críticas se administran como “diatribas brutales”. Da la impresión de que no se entiende el socialismo como una fuerza transformadora de la sociedad, sino como una simple reivindicación social. Quienes lo entienden de ese modo no han entendido su potencial transformador, ni siquiera conocen la historia ni las vicisitudes por las que ha pasado el socialismo.

Hagamos un repaso sencillo. La Transición no solo sirvió para que la Dictadura se convirtiera en Democracia sin grandes estridencias, sino también para que en medio de aquel trance las izquierdas, que llegaron deshilachadas al momento, se recompusieran y formaran un bloque tan consistente como homogéneo. El PSOE fue, y debe seguir siendo, el aglutinante de todas aquellas izquierdas. Sin embargo, el adanismo que suele afectar a quienes, aún hoy, se creen “fundadores” de una izquierda más auténtica que la existente, como son los eventuales líderes de Podemos, ha provocado cierto resquebrajamiento en el socialismo español, que ha separado a los socialistas más constructivos, socialmente hablando, de los rupturistas o destructivos. He ahí la división que afecta al PSOE: quienes con su “no es no” no resolvían la situación, y quienes con su sola y remisa abstención tampoco han puesto sobre la mesa de debate una alternativa real de izquierdas.

El socialismo está sumido en una desesperanza, quizás desesperación, nada provechosa. La situación tiene solución, y la solución es sencilla. Basta con que los líderes se pongan de acuerdo en generar, y desarrollar, un debate de ideas que supere y entierre a la actual porfía por los sillones. Y ha de hacerse sin pausas y sin prisa. Porque quienes reclaman la máxima prisa lo hacen pensando en que una parte de los socialistas contendientes acudan a la confrontación de las ideas sin los pertrechos, alternativas y estrategias suficientes, lo que es tanto como sorprenderles en desventaja. Sin embargo el socialismo necesita a sus “soldados” debidamente adiestrados y abastecidos para obtener de ellos lo mejor que tienen. Y quienes reclaman templanza y serenidad han de evitar que los socialistas que ahora se sienten algo desanimados, caigan en la frustración. No es tiempo de prisas para el socialismo español, pero tampoco es tiempo de pausas.

La Gestora, como figura provisional que es, debe gestionar sin determinar esencias ideológicas, pero debe hacerlo con la responsabilidad de quien sabe que lo que tiene entre las manos es un “objeto” muy frágil, sometido a los intereses de las más sutiles interpretaciones. Pero quienes se mueven, desde esa especie de espontaneidad impostada, acudiendo a encuentros con militantes que tienen los ánimos exacerbados, también deben tentarse la ropa antes de convertir al PSOE en un tentempié débil y ridículo. Ahora más que nunca los socialistas debemos obligarnos a ser responsables con nosotros mismos, con la historia del Partido, y con los ciudadanos que esperan del PSOE que siga actuando con la responsabilidad con que siempre ha actuado. En suma, que Javier Fernández y Pedro Sánchez deben atemperar a sus “compañeros” más próximos para que la prisa y las pausas coincidan en un punto, para que las voces de ambas procedencias no suenen discordantes en exceso.

España, y los españoles, están pendientes de lo que hace el PSOE y los socialistas porque sin ellos, o con ellos enfrentados entre sí, los ciudadanos vivirán peor. El socialismo español es, aún y a pesar de todo, la única izquierda que sobrevive en medio del adanismo de algunas otras “izquierdas”  que no se atreven a llamarse socialistas y se cubren con los aderezos del más mezquino populismo. Y cometerá un error incorregible si dirime sus dudas en el campo de las Redes Sociales, tan anónimas como inanimadas en muchos casos, en lugar de hacerlo en sus sedes sociales, que son las casas del Pueblo, en la calle que es de todos los ciudadanos y en las Instituciones que nos representan a todos, a los socialistas y también a quienes no lo son pero necesitan al socialismo y esperan su recuperación.

FDO. JOSU MONTALBÁN

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