Martes, 24.10.2017 - 04:30 h

La izquierda se resquebraja y las izquierdas se hacen añicos

La derecha española campa a sus anchas porque a su alrededor solo ve inoperancia o desórdenes que no auguran nada útil y eficaz.

Pablo Iglesias (Turrión, que no Posse) está mucho más entregado a cultivar su ego en los medios de comunicación que a colaborar en eso que se ha dado en llamar “la unión de las izquierdas”

Iglesias y Sánchez acuerdan conversar esta semana

El sino de la izquierda política es el debate constante e infructuoso, la división de opiniones que conduce fatalmente a la enemistad y al odio. Si la derecha gana las elecciones y se mantiene en el poder es en buena medida como consecuencia de la división de la izquierda y, lo que es peor, la nula voluntad de sus trozos de llegar a acuerdos para derrotar de ese modo a la derecha. El panorama actual es esclarecedor. IU firmó su finiquito cuando pactó comparecer a las Elecciones con Podemos, que exigió a cambio que sus siglas desaparecieran del escaparate político y electoral. PODEMOS discute sobre liderazgos, mucho más que sobre ideologías o programas, sin que aún haya consolidado su estructura como formación política. Y el PSOE se desangra buscando un líder para reunir a sus huestes en el campo de batalla electoral, sin otro debate que el de las apetencias dirigidas a uno o a otro, aunque sin profundizar en lo ideológico. En todo caso, la Izquierda que debería aglutinar a las tres formaciones (PSOE, Podemos e IU) está resquebrajada del mismo modo que las tres izquierdas que forman, o deberían formar, esa Izquierda se están haciendo añicos.

En la gran Izquierda perviven las desavenencias. No es ninguna exageración decir que si IU, como heredera del PCE, procede de una desavenencia en el comunismo, que provocó una sangrante herida y posterior ruptura, Podemos también procede de una “ruptura” del PSOE, motivada por su escaso acierto a la hora de desarrollar sus políticas en los últimos años, y por la intransigencia de un líder como Pablo Iglesias (Turrión, que no Posse), mucho más entregado a cultivar su ego en los medios de comunicación que a colaborar en eso que se ha dado en llamar “la unión de las izquierdas”, como única fórmula para superar a la derecha española, reaccionaria, interesada y muy poco aficionada a consolidar una democracia fuerte mediante la configuración de una sociedad equilibrada e igualitaria, al menos en  derechos.

La derecha española campa a sus anchas porque a su alrededor solo ve inoperancia o desórdenes que no auguran nada útil y eficaz. Por no contar ni siquiera cuenta con algún líder consistente y capaz de aglutinar las tendencias e ideologías de todas sus fracciones y facciones. En la Izquierda se arremolinan un partido casi testimonial, como IU, una formación tan desordenada como populista, como Podemos, y un partido grande, como el PSOE, que debe hacer valer su experiencia, su antigüedad y su historia. Pero de poco servirá todo esto si los líderes se miran con desconfianza y porfían por ser ellos, individualmente, los elegidos para capitanear la gran afluencia.

Si la experiencia y lo acontecido a lo largo del  tiempo enseñan algo, deberíamos convenir que ha sido el PSOE la fuerza que ha mantenido en pie la vigencia de la Izquierda en España. Ha sido el PSOE el que puso toda la carne en el asador, incluso renunciando a venganzas y “justicias enrabietadas”, para culminar la Transición y construir la Democracia en que vivimos, que es imperfecta pero es un hábitat saludable para los españoles después de cuarenta años de dictadura franquista que a pesar del largo tiempo ya pasado aún muestra sus secuelas.

Resulta fácil ahora criticar y desacreditar el proceso de la Transición, pero el ambiente social en que se desenvuelven nuestras vidas, o sea nuestra convivencia, se ha visto sobresaltado en los últimos años como consecuencia del afloramiento de populismos que siempre son pan para hoy y hambre para mañana. Conforme el populismo se ha ido, claro está, popularizando, el socialismo (PSOE) se ha visto sumido en un proceso de “despopularización”, en buena parte porque no ha ofrecido respuestas adecuadas a los problemas, es decir por haber adolecido de una alta dosis de desidia.

Es tiempo de que las izquierdas dejen sus rencillas a un lado, de que hagan causa común, -ya que no consiguen construir una casa común-, con todo aquello que confluye en todas ellas. Es tiempo de que comprendan que han de ser ellas, las izquierdas, las que solucionen el gran problema de los humanos que es la desigualdad, la que hace ricos y pobres, poderosos e impotentes, satisfechos e insatisfechos, humildes y soberbios, en suma, buenos y malos. Las izquierdas deben reconstruirse para que la Izquierda deje de resquebrajarse.

FDO.  JOSU  MONTALBAN

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