Sábado, 18.11.2017 - 23:02 h

El final de 2016 y los retos de 2017: el populismo, Trump, el hambre, el yihadismo...

El año 2016 se ha ido, como avergonzado, porque no cuenta en su haber con ninguna solución a los problemas que nos acuciaban ya cuando llegó.

Amenazan ruina la mayoría de los gobiernos que nos hicieron albergar esperanzas a quienes pensábamos que las izquierdas aún conservaban la voz.

Obama asegura que habría ganado a Trump en las últimas elecciones

Un año más.

Tengo un año más pero aún no he resuelto ninguna (o casi ninguna) de las dudas que me agobian. No son exclusivamente mías, pero me afectan en tal medida que suponen un auténtico sufrimiento para esa máquina de pensar y reflexionar que es mi cabeza, mi mente.

Asisto al entierro del año 2016 con parecidas inquietudes a las que me acompañaron cuando asistí al entierro del 2015. En la calle nada ha cambiado en exceso. Los amigos, los vecinos, los conocidos, incluso los “bieneducados” aunque fueran desconocidos hasta el momento del saludo, me han deseado “felicidad”, pero aquellos que han querido desahogarse han añadido el deseo de que el año recién comenzado –el 2017- sea mejor que el finiquitado 2016. Cada final de año nos ocurre lo mismo, que renegamos de lo que fue para poner la esperanza en lo que será, que es el futuro, sin embargo la vida de cada cual se desenvuelve en la incertidumbre del presente, que siempre es inconstante y huidizo.

El año 2016 se ha ido, como avergonzado, porque no cuenta en su haber con ninguna solución a los problemas que nos acuciaban ya cuando llegó, peor aún, aquellos se han complicado aún más mientras han ido apareciendo otros igual de graves que aquellos. A saber, Europa asiste a su debacle carcomida en su interior por quienes predican que cierre sus fronteras y convierta los mares que la circundan en murallas inexpugnables.

África se ha convertido en un hervidero de hambre y miseria a pesar de que tantas multinacionales hayan puesto en ella sus previsiones de riqueza, pero los africanos tienen el futuro aún más negro que su piel, y no dudan en jugarse sus vidas en las ruletas rusas de las furias de los océanos, subidos a cascarones navegables. Asia sucumbe a su propio descontrol aún obsesionada por un misterioso afán por conquistar todas las economías del planeta por medio del abnegado trabajo de sus emigrantes.

América ha dado por finiquitada aquella especie de liberación que se ha caracterizado por la irrupción de gobiernos de izquierdas, algo populistas, que van cayendo uno a uno víctimas de sí mismos y del aburrimiento generalizado. A Obama le sustituye Trump, a Kichner le sustituye Macri, otro multimillonario. Al norte y al sur de América les ha afectado la misma epidemia. Y mientras tanto amenazan ruina la mayoría de los gobiernos que nos hicieron albergar esperanzas a quienes pensábamos que las izquierdas aún conservaban la voz.

En el 2017 el terrorismo yihadista es mucho más que una amenaza. La alegría subsiguiente a los procesos de desaparición negociada de ETA, FARC, IRA… (por nombrar a algunos…) se ha visto eclipsada por eso otro terrorismo, mucho más arbitrario y brutal, que dice tener su principio en la batalla religiosa, en la Yihad. Es curioso que incluso las Cabalgatas de los Reyes Magos, que vienen de Oriente, vayan a requerir una vigilancia especial (ya anunciada) porque cualquier aglomeración, alegre o triste, constituya una buena disculpa para que los matones yihadistas impongan su maldad. En el año 2017 hay más terroristas que en el 2016, entre otras cosas porque hay más desesperados y desesperanzados, que se muestran dispuestos a su propia inmolación como preámbulo para llegar a disfrutar del Paraíso.

Y en el 2017 también hay más pobres, por la sencilla razón de que hay menos ricos. Son menos en cantidad, pero son mucho más ricos porque han aumentado sus capitales a costa de la disminución del capital exiguo de los pobres. Las estadísticas muestran a los adinerados y opulentos como si fueran la señal de que vivimos en un Mundo con mayores y mejores posibilidades de desarrollo para las personas, pero no, porque nueve más uno no es lo mismo que cinco más cinco cuando hablamos de riqueza global y distribución de la riqueza a la vez. Hoy el Mundo es más pobre porque son más, muchos más, los humildes y los pobres que los medianos y los ricos. Tampoco faltan quienes interpretan la Economía sin rigor, ofreciendo cifras y cantidades llenas de ceros a la derecha, mientras son tantísimos los que acumulan ceros en las cifras de sus capitales, pero ceros a la izquierda.

Este es, en síntesis, el panorama que ha dejado el inhóspito 2016, por eso no me extrañaría que el 2017 hubiera preferido no aparecer, aunque la sucesión numérica se muestra implacable y nada puede eximir a este nuevo año de la responsabilidad que le asiste como heredero del año anterior. Lo único que nos queda es la esperanza, que es casi siempre sorprendente. A última hora esa felicidad que nos dedicamos en nuestros saludos de forma ritual no tiene que ver con la fe ni con la caridad con que nos desenvolvemos en estas fechas. Solo la esperanza nos asiste… Y la confianza en nosotros mismos, eso siempre y cuando nos miremos unos a otros con el suficiente amor y respeto al que nos debemos como humanos.

FDO. JOSU MONTALBÁN

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