La crisis llega a los tribunales: jaque al ala conservadora de la judicatura

El sector conservador de la judicatura ha sufrido dos golpes importantes: se ha citado a Rajoy como testigo y los fiscales se han rebelado contra el fiscal Anticorrupción cuando trató de impedir un registro.

El fiscal general se ha 'vengado' relevando a los fiscales que hasta ahora llevaban el caso de '3 por ciento' para evitar que desacaten las órdenes de Moix.

Así ha sido la semana que ha puesto en jaque al ala conservadora de la judicatura

Un golpe tras otro y sin tiempo para tomar aire. Así ha sido la semana judicial en España, que, además de poner en jaque al Partido Popular, ha traído consigo una consecuencia nefasta: ha provocado que se cuestione la independencia judicial, base del Estado de Derecho.

Así, la semana ha arrancado con un hecho insólito. La Audiencia Nacional llamó a Mariano Rajoy como testigo por el caso Gürtel, pese a la oposición de la Fiscalía. La decisión se tomó gracias al voto favorable de Julio de Diego, que se enmarca dentro del ala conservadora, pero de un perfil moderado. El magistrado había votado siempre en contra de la comparecencia del presidente del Gobierno, pero a favor de que la plana mayor del PP acudiera a declarar. De esta manera, de Diego otorgó una primera victoria al ala progresista de la judicatura, que lleva meses en 'guerra' con los conservadores.

Poco duró el impacto mediático. La Guardia Civil detuvo el miércoles a 12 personas relacionadas con un caso de corrupción vinculado al Canal de Isabel II. Entre los detenidos se encontraba el expresidente de la CAM Ignacio González, al que se le acusa de prevaricación, organización criminal, malversación, cohecho, blanqueo de capitales, fraude, falsificación documental y corrupción en los negocios. El jueves López Madrid cayó por el mismo motivo.

Es ahí cuando llegó el segundo gran golpe para el ala más conservadora de la judicatura. Moix, el fiscal jefe de Anticorrupción, trató de impedir un registro vinculado con la operación, lo que provocó una auténtica rebelión en su oficina. Los fiscales se opusieron a la orden invocando el artículo 27 del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, algo muy poco habitual. Moix se vio obligado a convocar una junta extraordinaria y, tras comprobar que todos sus compañeros eran contrarios a su criterio, reculó y aceptó el registro.Aguirre admite el sobrecoste en los actos institucionales

Un día después, llegaba Esperanza Aguirre a declarar por el fraccionamiento de contratos en la CAM. Durante todo el juicio se dedicó a negar. No sabía si hubo un aumento significativo de actos en la época en que ella fue presidenta, ni consideraba al viceconsejero Alberto López Viejo una persona de su confianza... aunque era viceconsejero, no se ocupaba de la logística de estos actos, no conocía a Correa. Lo que sí tenía claro es que su gestión al frente de la Comunidad fue magnífica... y que ella destapó la Gürtel.

No obstante, a Aguirre se le escapó un pequeño gran detalle: los actos institucionales en los que participaba estaban sobrevalorados. "Que se cobró en exceso, que es lo que interesa al tribunal no digo yo que no, pero desde luego los actos se celebraron", fueron sus palabras exactas.Y Maza... se venga

Los dos golpes tan duros recibidos por el sector progresista no podían quedar impunes. Al menos eso parece haber pensado el fiscal general del Estado, enmarcado dentro del ala conservadora. José Manuel Maza ha relevado a los fiscales anticorrupción que hasta ahora llevaban la causa en el Juzgado de Instrucción número 1 de El Vendrell (Tarragona), que investiga la presunta financiación irregular de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC), conocido como "caso del 3 por ciento", José Grinda y Fernando Bermejo.

La decisión estaría dirigida a evitar que estos fiscales invoquen el artículo 27 del Estatuto del Ministerio Fiscal por estar en desacuerdo con alguna directriz de su superior, el fiscal jefe Anticorrupción Manuel Moix, en el marco de la investigación judicial por este asunto. Maza no solo ha puesto el remedio antes que la enfermedad, sino que ha mandado un mensaje muy claro: los conservadores tienen ahora el poder y no están dispuestos a aguantar ninguna rebelión más.

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