Miércoles, 18.10.2017 - 00:37 h

La ambición de Cifuentes, el ‘fuego amigo’ y las guerras dentro del partido

Quizá su “buena” fama en estos momentos de zozobra política moleste a algunos o algunas dentro de su propio partido. Quizá su nombre suene demasiado en quinielas sucesorias.

¿Y Rajoy qué dice de esto? Rajoy no dice nada y aplica la teoría de Franco, “usted haga como yo, no se meta en política”. Lo dijo Churchill: “Nuestro adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”.

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A estas alturas de la vida todo el mundo sabe de lo que hablamos cuando hablamos de “fuego amigo”, también conocido como fuego aliado, son los “disparos” que provienen del mismo bando. Según la jerga militar a la que pertenece, este tipo de incidentes se producen “por errores, casi siempre humanos, debidos normalmente a fallos en la identificación del objetivo”.

Sin embargo, si el fuego amigo surge dentro de la política, hay que olvidarse de la accidentalidad, es más, lo que lo convierte en verdadero “fuego amigo” es su intencionalidad. Cristina Cifuentes dice que se siente víctima de esas “llamas aliadas”, y añade que “no creo en las casualidades”; y todo ello a raíz de conocerse (lo de conocerse es un eufemismo, hay que hablar de otra filtración más, suma y sigue) dos informes de la Guardia Civil que la implican en una presunta concesión irregular de un contrato a un empresario que financiaba al PP.

Dos informes que han sido desestimados por el juez Velasco, al menos por ahora no se investigará a la presidenta de Madrid. “Con el difama que algo queda se quiere manchar una trayectoria como la mía”, dice Cifuentes. Y quizá tenga razón, y nada de lo que sucede sea inopinado. Es cierto que ella sacó pecho durante el “caso Lezo” y la detención de Ignacio González, incluso se dijo que la denuncia la puso ella.

Quizá su “buena” fama en estos momentos de zozobra política moleste a algunos o algunas dentro de su propio partido. Quizá su nombre suene demasiado en quinielas sucesorias. O quizá sea simplemente víctima de su propia estrategia y ambición, la de dar pábulo a las conjeturas, a las sospechas interesadas; ella, Cifuentes, aceptó ese mismo juego que hoy le duele y le escuece al aceptar que todo investigado dimitiera por el mero hecho de serlo. Exigencias de pactos que después se vuelven en contra. A dónde ha ido a parar la presunción de inocencia, y tú me lo preguntas, inocencia no eres tú.

Sospecha que algo queda es tan perverso como difama que algo mancha. Pero claro, cuando se trata de alcanzar el poder uno pacta y promete cualquier cosa, aunque cuando la sospecha se cierne sobre ti, todo son conjeturas y uno acaba recelando incluso de los tuyos, de tu fuego amigo; porque de los “otros” se espera mejor comportamiento que de los propios. Lo dijo Churchill, refiriéndose a la situación parlamentaria, “Nuestro adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”.

Veremos cómo sigue su curso el “caso Lezo” y cómo discurren las acciones judiciales y policiales, pero este aviso para Cifuentes no ha caído en saco roto. La guerra política dentro del partido, aunque sea con mucha sutileza, sigue avanzando. ¿Y Rajoy qué dice de esto? Rajoy no dice nada y aplica la teoría de Franco, “usted haga como yo, no se meta en política”. Rajoy, aparentemente no se mete en nada, ni en lo que le concierne, y deja que sea la propia rivalidad y ambición de sus políticos la que controle la situación. Entre ellos se vigilan y se aniquilan, y mientras él, don Mariano, se dedica a leer el Marca y a salvar España.

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