Martes, 24.10.2017 - 04:14 h

La Justicia deja fuera de juego a Mas: ¿qué pasará con el independentismo herido?

Mas fue el gran convocante y el gran agitador de la consulta del 9 de noviembre, pero estamos en pleno proceso de repliegue soberanista y hay que medir las fuerzas.

Hay mucha gente partidaria de matar moscas a cañonazos, es un decir, pero la situación de Cataluña es lo suficientemente compleja y grave para utilizar la mantequilla y las leyes.

El Govern ve en Mas, Ortega y Rigau los "mejores expositores" para hablar del proceso

Pues nada, ya tenemos a Artur Mas empapelado por la Justicia, y además por la vía catalana, para que no se diga. Algo que no todos creían pudiera llegar. El TSJC lo ha condenado en compañía de Irene Rigau y Joana Ortega.  Al ex presidente le han caído dos años de inhabilitación y multa de 36.500 €. A las ayudantes un poco menos de castigo y de sanción, pero igual de condenadas quedan.

Ahora llega la hora de la crítica jurídica. ¿La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es dura, blanda, ni fu ni fa, mediopensionista, etc.? Si nos atenemos a los datos y al runrún social, la sentencia no es excesivamente rigurosa. Es de esos fallos que dejan un sabor “agridulce”, ya que no contentan a nadie pero dan motivos para la satisfacción de la mayoría. Durante dos años Mas no podrá presentarse a ninguna elección política, aunque recurra el dictamen. Queda apartado de cualquier cargo y escenario electoral.

La gran presión independentista, escenificada en los cientos de fans convergentes que acompañaron el 6 de febrero a Mas, Ortega y Ridau hasta la sede del Tribunal con banderas, gritos y demás parafernalia intimidatoria, no ha conseguido su objetivo, la sentencia es condenatoria.  Eso sí, lo es sólo por el delito de desobediencia al Constitucional, y los tres quedan absueltos del delito de prevaricación administrativa, que hubiera supuesto unas penas mucho mayores. A pesar de ello queda claro que cuando el aparato del Estado se pone en marcha es imparable y contumaz.

Visto con cierta frialdad, las condenas no son para echarse las manos a la cabeza; pero no deja de ser significativo que Mas haya sido condenado por un Tribunal de Cataluña por desobediencia. En el marco mental que se maneja actualmente tanto en Cataluña como en el resto de España, es suficientemente grave que el ex presidente quede marcado por el estigma del castigo. Es cierto que Mas fue el gran convocante y el gran agitador de la consulta del 9 de noviembre, pero estamos en pleno proceso de repliegue soberanista y hay que medir las fuerzas. No te puedes quedar corto, pero tampoco debes pasarte si no quieres que reviente la olla express.

Hay mucha gente partidaria de matar moscas a cañonazos, es un decir, pero la situación de Cataluña es lo suficientemente compleja y grave para utilizar la mantequilla y las leyes a la hora de solucionar los problemas. Aunque los nacionalistas y los corruptos del 3% sean los máximos responsables de la situación, hay más responsables, y no todos están en Cataluña, no olvidemos la dejación político, social y económica del Gobierno central en los últimos 20 años.

Esta sentencia contra Mas servirá para elevar el tono del postureo de algunos políticos. Lo típico en estos casos. Pero todavía quedan bastantes “batallas” políticas y judiciales que dirimir, y es bueno mantener la cordura y la mesura. Los separatistas están aflojando en su ánimo, aunque saquen pecho delante de la tele, y están dispuestos a buscar soluciones más racionales y legales, de ahí que sea aconsejable ahora que los “separadores” no echen gasolina al fuego. Antes de utilizar la razón de la fuerza, siempre es conveniente esgrimir la fuerza de la razón.

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