Miércoles, 22.11.2017 - 12:26 h

La ultraderecha vuelve al edificio del Reichstag

El desembarco de la Alternativa para Alemania (AfD) en el Parlamento alemán marca un hito porque por primera vez en décadas volverá a sentarse un partido de tendencia ultraderechista en el edificio del Reichstag de Berlín, una sede parlamentaria cargada de historia y simbolismo.

"Me da miedo la idea de que, cuando regrese al Bundestag, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 un nazi hablará ante un micrófono en el Reichstag. Es algo que hay que denunciar", ha declarado el ministro alemán de Exteriores y 'número dos' del Gobierno saliente, Sigmar Gabriel, en una entrevista reciente.

El edificio del Reichstag fue inaugurado en 1894 junto a la Puerta de Brandeburgo. En 1918, tras el fin de la Primera Guerra Mundial y la abdicación del Emperador Guillermo I, fue proclamada desde allí la República de Weimar.

La sede del Parlamento también estuvo estrechamente ligada al fin de la República de Weimar. Un incendio provocado aparentemente por el comunista holandés Marinus van der Lubbe destruyó la sala plenaria en la noche del 27 de febrero de 1933 y con ello la efímera existencia de la república.

Adolf Hitler, elegido canciller alemán el 31 de julio de 1932 tras obtener un 37,3 por ciento de los votos, usó el incendio como excusa para lanzar una acción concertada contra sus rivales de cara a unas elecciones anticipadas previstas para una semana más tarde.

Hitler había logrado convencer al entonces presidente alemán Paul von Hindenburg de que convocase comicios para obtener más poder. El Partido Nacionalsocialista Alemán (NSDAP), el partido nazi, ocupaba 196 escaños en el Reichstag.

Después del incendio, líderes de la bancada comunista fueron detenidos, la prensa socialdemócrata prohibida temporalmente y fueron derogados importantes derechos fundamentales como la libertad de opinión y de asociación.

Hitler también ganó las elecciones de marzo, pero no consiguió la mayoría absoluta e impuso una ley que otorgó más competencias al Gobierno y obligó al Parlamento a aprobar otra por la cual quedaba sin poder, allanando el camino para una dictadura que sembraría el terror en Alemania y Europa y desencadenaría la Segunda Guerra Mundial.

Pero eso ya no ocurrió en el edificio del Reichstag, que no fue utilizado como sede permanente del Parlamento hasta 1999, nueve años después de la reunificación alemana y de la mudanza del Gobierno y del Parlamento federal de Bonn a Berlín.

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