Lunes, 20.11.2017 - 10:42 h

Cómo evitar que los insultos de un programa de la televisión vasca le afecten

La libertad de los demás siempre nos incomoda. Pero sólo denunciamos ciertas molestias, aquellas que nos hieren en lo más íntimo.

No propongo un ejercicio de masoquismo, simplemente de madurez intelectual y democrática. No olvidemos que no ofende quien quiere sino quien puede.

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Llevamos demasiados días en un continuo estado de cabreo nacional. Unos se indignan por las frases genitales que pasea por la calle un autobús; otros, por las imágenes religiosas que escenifica en un carnaval una drag queen; y otros muchos, por los comentarios despectivos de unos ciudadanos vascos sobre los españoles emitidos en una televisión pública.

Sobre el autobús y la drag queen sólo quiero decir que ambas actitudes me parecen deleznables si lo que pretenden es herir a otros seres humanos. Da lo mismo si son transexuales o cristianos, ambos tienen la misma dignidad y merecen el mismo respeto. Y ambos actos autónomos me pueden parecer aceptables si les aplico el principio de libertad de expresión, siempre y cuando, insisto, su objetivo no sea denigrar a otros seres humanos.

La libertad de los demás siempre nos incomoda. Pero sólo denunciamos ciertas molestias, aquellas que nos hieren en lo más íntimo. Somos así de sensibles con los demás. Sin embargo, más que protestar tanto por las opiniones ajenas, deberíamos dedicarnos a respetarlas más; sobre todo, las opiniones que no nos gustan y no compartimos, y además nos molestan.  No propongo un ejercicio de masoquismo, simplemente de madurez intelectual y democrática. No olvidemos que no ofende quien quiere sino quien puede.

Dada nuestra brava idiosincrasia, los españoles entramos al trapo de todas las opiniones que nos disgustan. En vez de ignorarlas y aceptar que hay gente que piensa distinto, nos indignamos porque los “otros” se atrevan a opinar en contra de nuestras ideas. Algo que casi siempre los demás hacen para hacerse oír, más que para hacerse escuchar, y que gracias a nuestra fácil indignación consiguen siempre.

Todo lo dicho hasta aquí sirve también para ese programa de la televisión autonómica ETB que recoge la opinión de algunos personajes de la sociedad vasca sobre España, los españoles y sus símbolos. En este programa, que además es bastante limitado en medios, creatividad y audiencia (27.000 espectadores), se dice, a través de unos dibujos, que los españoles son "fachas", "paletos", "chonis" y "progres". Luego aparecen una serie de personajes comentando qué sienten ante ciertos símbolos españoles. Y aquí nos encontramos con la actitud que confirma la regla y que a finales del siglo XIX ya describió el poeta catalán Joaquín Bartrina: "Oyendo hablar un hombre, fácil es saber donde vio la luz del sol (…) y si habla mal de España… es español". No falla.

Viendo el programa de ETB lo único que sientes es pena por la gente que participa en él. Menospreciar algo sin una justificación denota cierta frustración y una elevada indigencia mental.  También da pena ver a personajes vascos prestarse a una burda terapia televisiva que exorciza tópicos culturales que supuestamente les atormentan; por ejemplo, vomitar al oír el himno de España. Ante estas memeces uno puede actuar sólo de dos formas: rasgándose las vestiduras, otorgándole una importancia excesiva al ofensor; o mostrando una sabia indiferencia. Seamos listos y tomémonos las cosas con cierta distancia. “La vida vista de cerca resulta una tragedia; vista de lejos una comedia”. Lo dijo Chaplin y yo lo compruebo todos los días.

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