Jueves, 14.11.2019 - 18:31 h
Pese a las críticas y bromas

Odisea en el Espacio: Trump acierta con su plan de crear un 'batallón galáctico'

La Fuerza que se persigue crear no tiene nada que ver ni con la NASA ni con los astronautas ni con la protección del planeta frente a asteroides.

El presidente de EEUU, Donald Trump, muestra un muñeco astronauta a Harrison Schmitt,, a su derecha, quien formó parte de la última misión a la Luna. EFE
El presidente de EEUU, Donald Trump, muestra un muñeco astronauta a Harrison Schmitt, quien formó parte de la última misión a la Luna. EFE

La Administración Trump ha instado a la creación de un nuevo departamento militar, al que se ha convenido en llamar 'Fuerza Espacial', desatando una oleada de críticas y siendo objeto de un aluvión de bromas y chanzas en los 'late-nights' de televisión.

Ocurre, sin embargo, que el plan de Trump no es tan descabellado como pudiera parecer a primera vista, ya que la manera en la que se coordinan el Ejército estadounidense y su comunidad de inteligencia resultan claves en un momento en el que la amenaza para el conglomerado espacial del 'Tio Sam' parece más real que nunca con la expansión estelar de países como China, Rusia y otros.

Todd Harrison, director del Proyecto de Seguridad Aeroespacial en el Center for Strategic and International Studies (CSIS) explica en un extenso informe publicado esta semana que las críticas al 'batallón galático' nacen de un error de comprensión inicial.

La Fuerza Espacial que se persigue crear no tiene nada que ver ni con la NASA, ni con los astronautas, ni de la protección del planeta frente a los asteroides. El objetivo que se persigue es definir de una vez la forma en la que se organiza, se entrenan y se equipan las unidades responsables de proteger los intereses espaciales de Seguridad Nacional de EEUU, aquí en la Tierra.

Un primer problema al que se enfrenta el proyecto es que la autoridad y responsabilidad en el área espacial se encuentra fragmentada. Así lo denunciaba ya en 2016 la Government Accountability Office (GAO), que cifraba en más de 60 las organizaciones dentro del Departamento de Defensa y de las agencias de inteligencia con responsabilidad para acometer adquisiciones espaciales.

La autoridad real en el Pentágono la ejerce quien tiene el poder de hacer compras, y si se admite que esa autoridad está dispersa entre tantos organismos, la conclusión es que no existe orden ni concierto, y por tanto no puede ejecutarse un único plan global. No existe una visión de conjunto.

Existe un segundo problema, a juicio de Harrison, que es la falta de atractivo de la carrera profesional dentro de esa fuerza de trabajo espacial (tanto operadores de satélites como personal de compras). Cita para ello los resultados de la Comisión Allard de 2008, que descubrió que "es algo excepcional que un oficial de la Fuerza Área permanezca en un destino del área espacial más de dos años sin que ello un impacto negativo en su carrera".

Y detecta un tercer problema, que es el habitual choque de intereses entre servicios, sobre todo porque la Fuerza Área de EEUU ha asumido que la mayoría de los programas de sistemas espaciales no clasificados 'se comen' los fondos que deberían servir para poner en marcha sus propios proyectos. En opinión del antiguo Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Área, General Michael Ryan "no podemos asumir ser el banco para todos los sistemas espaciales", una queja que no alcanza a los desorbitados costes de algunos de los programas de aviación de su departamento.

Para hacerse una idea, el presupuesto de compra de aviones se disparó más de un 50% del año fiscal 2010 al de 2014, mientras los fondos para adquisiciones espaciales se hundió un 17% en ese mismo período.

Una primera conclusión es que el modelo de programa espacial está anticuado y no funciona. Se ha tratado de abordar una solución desde varias perspectivas, tales como su integración en el Comando de Operaciones Especiales (SOCOM). Otro intento que capitaneó el Pentágono fue crear un organismo a imagen y semejanza de la Agencia de Misiles de Defensa; y la tercera y más reciente fórmula defendida por el House Armed Services Committe fue la de crear un Cuerpo Espacial dentro del organigrama de la Fuerza Área.

En definitiva, el analista del CSIS considera que todo apunta a la necesidad de crear un departamento separado para el área espacial, que pueda ejecutar programas y englobar al personal necesario para ello sin necesidad de mezclarse con otros organismos.

Claro que el coste de ese nuevo ente es una legítima preocupación. Desde la Fuerza Aérea se calcula que habrá que contratar al menos 13.000 nuevos empleados para poner en marcha tanto la Fuerza Espacial como el Comando Espacial. El Pentágono indicó en un memorándum que el desembolso público para la nueva Fuerza Espacial será de unos 13.000 millones de dólares durante los primeros cinco años.

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