Lunes, 11.12.2017 - 08:42 h

El Papa denuncia banalidad, consumismo e indiferencia frente a la "plaga" del aborto, niños soldado o menores refugiados

En este sentido, ha advertido contra la indiferencia ante dramas humanos que azotan el mundo en un mensaje en el que ha comparado el rechazo que sufrió Jesús con el que experimentan esos niños soldados, aquellos a los que "no se les deja nacer" o los niños que escapan de los bombardeos "en una barcaza repleta de emigrantes".

En su homilía durante la celebración de la Misa del Gallo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el primero de los ritos litúrgicos de la que es su cuarta Navidad como pontífice.

"Jesús nace rechazado por algunos y en la indiferencia de la mayoría. También hoy puede darse la misma indiferencia, cuando Navidad es una fiesta donde los protagonistas somos nosotros en vez de él", ha manifestado durante la Misa de Nochebuena, que conmemora para los católicos el nacimiento de Jesús.

Así, ha pedido a los cristianos que se dejen "interpelar" no sólo por el Niño en el pesebre, sino también por los niños que en la actualidad "no están recostados en una cuna ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los escuálidos pesebres donde se devora su dignidad". Y así ha enumerado una serie de víctimas infantiles de situaciones dramáticas como los niños que escapan de los bombardeos "sobre las aceras de una gran ciudad o en el fondo de una barcaza repleta de emigrantes".

El obispo de Roma también ha advertido contra la plaga del aborto al recordar a "los niños a los que no se les deja nacer" o los niños soldados al nombrar a "los que lloran porque nadie les sacia su hambre, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino armas".

De esta manera ha explicado que el misterio de la Navidad, que es luz y alegría, "interpela y golpea, porque es al mismo tiempo un misterio de esperanza y de tristeza". "Lleva consigo un sabor de tristeza, porque el amor no ha sido acogido, la vida es descartada. Así sucedió a José y a María, que encontraron las puertas cerradas y pusieron a Jesús en un pesebre, porque no tenían (para ellos) sitio en la posada", ha recordado.

De este modo, ha comparado la indiferencia que rodeó el Nacimiento de Jesús con la indiferencia que se recrea cuando Navidad es una fiesta donde los protagonistas son los hombres en lugar de Él.

Sin embargo, ha reiterado que la Navidad tiene sobre todo un "sabor de esperanza" porque, a pesar de las tinieblas de los hombres, "la luz de Dios resplandece".

Por ello, el Pontífice ha explicado que si se quiere celebrar la verdadera Navidad, se debe contemplar el signo de "la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren". "Allí está Dios. Con este signo, el Evangelio nos revela una paradoja: habla del emperador, del gobernador, de los grandes de aquel tiempo, pero Dios no se hace presente allí; no aparece en la sala noble de un palacio real, sino en la pobreza de un establo; no en los fastos de la apariencia, sino en la sencillez de la vida; no en el poder, sino en una pequeñez que sorprende. Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está: es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño", ha insistido.

Por ello, ha reiterado que Jesús llama a los cristianos a "dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial", a renunciar "a las pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre faltará". "Nos hará bien dejar estas cosas para encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría, el sentido de la vida. Dios, enamorado de nosotros, nos atrae con su ternura, naciendo pobre y frágil en medio de nosotros, como uno más", ha añadido.

Finalmente, el Papa ha insistido en que los cristianos se dejen tocar "por la ternura que salva". "Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la pobreza absoluta y el rechazo", ha reiterado.

A la Misa de Nochebuena, que ha comenzado a las 21.30 horas, han asistido cerca de 10.000 personas que han permanecido tanto en el interior de la basílica como en la Plaza de San Pedro. Antes de entrar a la basílica, todos los asitentes han tenido que pasar diversos controles policiales. La celebración, como es habitual, se ha iniciado con la procesión del papa Francisco hacia el altar mayor al son del canto de la "Kalenda", que en latín recorre desde la Creación hasta la noche en la que nació Jesús.

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