Lunes, 19.11.2018 - 07:01 h

Burundi, el país que más hambre pasa en el mundo

  • Más de 795 millones de personas en todo el mundo sufre malnutrición según el último informe de la FAO.
  • La mitad de las embarazadas en países en vías de desarrollo padece anemia y cada año nacen unos 17 millones de niños de bajo peso.
La ONU denuncia que una de cada nueve personas sufre hambre en el mundo

Una de cada nueve personas sufre malnutrición, lo que equivale a 795 millones de individuos en todo el mundo, según el informe 'El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015' de la FAO. Las personas desnutridas son aquellas cuyo organismo carece de las proteínas, calorías, vitaminas o minerales necesarios para su correcto funcionamiento, dependiendo de la edad y características fisiológicas de la persona. Esta falta de nutrientes, a su vez, incrementa la probabilidad de sufrir enfermedades, de forma que las personas desnutridas pueden llegar a perder la vida por infecciones tan comunes como la diarrea. Desde 1990, se ha registrado un descenso de más de 200 millones en la cantidad de personas subalimentadas, a pesar de que la población mundial ha aumentado en 1.900 millones, un descenso se debe al avance de países grandes y con una amplia población, sobre todo China e India.

Según el Índice de Hambre Global de 2015 presentado por el International Food Policy Research Institute, los 15 países donde los ciudadanos pasan más hambre son los siguientes:



En cuanto a las previsiones de seguridad alimentaria para 2016, Asia Meridional es la región con mayor inseguridad alimentaria en la previsión de 2014 a 2016 de la FAO, seguida de África Subsahariana y Asia Oriental.

El Índice de Hambre Global se basa en tres indicadores: el porcentaje de personas desnutridas de cada país, la proporción de menores de cinco años que se encuentran por debajo de su peso ideal y la tasa de mortalidad infantil, en todos los casos utilizando los últimos datos disponibles desde 2009 hasta 2013. La situación de los niños se tiene en cuenta especialmente porque la falta de nutrientes puede provocar disfunciones tanto físicas como psicológicas en su crecimiento e incluso llevarles a la muerte.

Aproximadamente la mitad de las personas que pasan hambre en el mundo son agricultores que viven únicamente de lo que producen sus tierras, y cuya alimentación por tanto puede verse afectada por las sequías o inundaciones, según la FAO. A esto habría que añadir un 20% de agricultores sin tierras propias, y otro 10% de personas que viven de los recursos que ellos mismos buscan pero en el bosque, pescando o como ganaderos. El resto de individuos desnutridos pertenecería a los barrios marginales de los países en vías de desarrollo. En cuanto al género, las mujeres son víctimas del hambre en mayor medida que los hombres. Con frecuencia, la falta de alimentación durante el embarazo deriva en un peso por debajo de lo normal también en el bebé. Según datos de la FAO, la mitad de las embarazadas en países en vías de desarrollo padece anemia y cada año nacen unos 17 millones de niños de bajo peso.

De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos, actualmente existe comida suficiente para abastecer a la población de todos los países, de forma que si se diera un adecuado reparto entre los países ricos y aquellos en vías de desarrollo no tendría por qué haber personas en estado de desnutrición. No obstante, la realidad es muy distinta, el hambre constituye el mayor riesgo de salud en todo el mundo y causa más víctimas mortales que el VIH, la tuberculosis y la malaria juntos. En África Subsahariana pasa hambre una de cada cuatro personas y, en el continente asiático, dos tercios de toda la población. Para entender por qué hay tanta desnutrición en el mundo a pesar de existir producción suficiente para todos hay que tener en cuenta variables como la incidencia de los conflictos armados, que obligan a muchos ciudadanos a abandonar sus hogares e impiden la continuidad de las cosechas.

Los cultivos de muchos países en vías de desarrollo también se ven afectados por la falta de los recursos adecuados para el riego y el cuidado de las plantas. Los desastres naturales constituyen otro de los grandes problemas contra la producción alimentaria, pues fenómenos como las sequías, las inundaciones o la erosión del suelo disminuyen la productividad de la tierra y son cada vez más frecuentes como consecuencia del cambio climático. Por último, el incremento de los precios de algunos alimentos, que impide su acceso a las personas de más bajos recursos, y la gran cantidad de comida que se tira en algunos países (un tercio del total que se produce mundialmente) ayudan a explicar por qué casi 800 millones de personas sufren hambre en todo el mundo.

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