Viernes, 24.11.2017 - 07:07 h

Impulsar un combustible lipídico hace que los ratones sean menos sensibles al frío

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Impulsar un combustible lipídico hace que los ratones sean menos sensibles al frío

Los seres humanos, al igual que otros animales, se vuelven más sensibles al frío con la edad. Ahora, científicos de la Universidad de Salud de Utah, en Estados Unidos, informan de que administrar una dosis única de un suplemento nutricional llamado L-carnitina a los ratones más viejos restaura la capacidad juvenil para adaptarse al frío. Después del tratamiento, toleran condiciones frías que normalmente desencadenarían hipotermia.

"Descubrimos un proceso bien controlado para movilizar energía a los tejidos que lo necesitan", explica el autor principal de esta investigación, Claudio Villanueva, profesor asistente de Bioquímica en la Universidad de Utah. Ampliar estos hallazgos podría llevar a una terapia para la sensibilidad al frío.

Como se informa en un artículo publicado este martes en la edición digital de 'Cell Metabolism', el suplemento funciona aumentando los niveles de una fuente de combustible recientemente descubierta para la grasa marrón, una "grasa buena" que genera calor corporal en respuesta al frío.

Mientras que los seres humanos tienen sólo pequeñas cantidades de grasa marrón, es mucho más frecuente en los ratones que deben adaptarse al frío para poder sobrevivir. A diferencia de la grasa blanca que almacena las calorías, esta grasa activa quema energía para mantener la temperatura central del cuerpo.

Villanueva y su equipo observaron una perspectiva diferente sobre la adaptación al frío después de determinar que los niveles circulantes de un lípido ceroso llamado acilcarnitinas fluctuaban en respuesta al frío. Los niveles se dispararon en ratones jóvenes cuando se adaptaron al cambio de temperatura, pero no cambiaron tanto en los roedores más viejos que no pueden mantener su temperatura central de la deriva peligrosamente baja.

"Fue sorprendente ver acilcarnitinas en el torrente sanguíneo --señala la autora principal e investigadora postdoctoral Judith Simcox--. El dogma era que una vez que las células las generaron, las usaron enseguida".

Los científicos habían visto antes las acilcarnitinas circulantes, pero siempre se consideraba un signo de problemas. En los lactantes, los altos niveles de lípidos indican que tienen una enfermedad metabólica. Las moléculas también aumentan en el torrente sanguíneo durante el ejercicio, considerado una bandera de los músculos bajo estrés. El contexto en el que Villanueva y Simcox vieron acumulaciones de acilcarnitinas sugirió que la acumulación también podría ser parte de un proceso saludable.

UN POSIBLE ENFOQUE PARA LA PÉRDIDA DE PESO

Para ver qué estaban haciendo los lípidos, Simcox rastreó su migración como originarios del hígado, siendo la primera vez que el órgano ha sido implicado en la adaptación al frío. Los lípidos viajaron a través del torrente sanguíneo, terminando en un pequeño número de tejidos exigentes de energía incluyendo la grasa marrón. Una vez allí, el tejido graso descompuso los lípidos y los metabolizó, indicando que se habían convertido en energía para la función principal de estas células especializadas: generar calor.

El agotamiento de los lípidos de la circulación provocó incluso en los ratones jóvenes que perdieran su capacidad para calentarse adecuadamente en el frío. "Este trabajo está dando una nueva cara a un viejo tema --dice Simcox--. Estamos cambiando la forma en que pensamos acerca de la termogénesis inducida por el frío".

Una de las razones por las que podría ser tan difícil para los animales envejecidos evitar el frío es que hacerlo resulta costoso desde el punto de vista energético. Simcox dice que lo que se considera una desventaja evolutivamente podría convertirse en una ventaja para las personas.

Ella explica que, debido a la capacidad de la grasa marrón para quemar calorías, saltar el proceso de adaptación en frío puede no sólo ser útil para la fijación de la sensibilidad al frío, sino también podría convertirse en una forma de combatir la obesidad. Ahora, con un activador de grasa marrón en la mano, los científicos tienen un manejo de la manipulación de la energía de la grasa marrón.

"La idea es aumentar la utilización de combustible para impulsar el proceso de adaptación al frío --dice Villanueva--. Si podemos encontrar una manera de decirle al cuerpo que gaste más energía de la que está obteniendo, las calorías perdidas pueden llevar a la pérdida de peso".

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