Domingo, 22.07.2018 - 17:58 h

Los tramos 'protectores' del ADN son más cortos en los adultos que tuvieron más infecciones durante la infancia

Los tramos 'protectores' del ADN son más cortos en los adultos que tuvieron más infecciones durante la infancia

Los hallazgos, publicados este miércoles en 'American Journal of Human Biology', aportan más conocimiento sobre cómo la intrincada interacción entre la genética y el medio ambiente afecta a la salud humana. "Estos hallazgos son importantes y sorprendentes porque, en general, 'tapas' más cortas de los cromosomas están asociadas con una mayor carga de la enfermedad en el futuro", resume el autor Dan Eisenberg, profesor asistente de Antropología en la Universidad de Washington, Estados Unidos.

Los "tapones" que midieron Eisenberg y sus coautores se llaman telómeros y son largos tramos de ADN en los extremos de nuestros cromosomas que protegen nuestros genes de cualquier daño o una regulación inadecuada. Un científico ganador del Premio Nobel que estudia los telómeros los ha comparado el plástico o metal que cubre los extremos de los cordones de los zapatos, el cual, cuando se desgasta, deja el cordón del zapato expuesto al desgaste y la degradación de las fuerzas ambientales.

De la misma forma, los telómeros no duran para siempre, sino que, en la mayoría de nuestras células, los telómeros se acortan cada vez que una célula se divide y cuando se vuelven demasiado cortos, la célula deja de dividirse o muere. Eso hace que la longitud de los telómeros sea particularmente importante para las células de nuestro sistema inmunológico, especialmente los glóbulos blancos que circulan en nuestro torrente sanguíneo.

Cuando se activan contra un patógeno, los glóbulos blancos experimentan rondas rápidas de división celular para incrementar la fuerza defensiva contra el invasor infeccioso. Pero si los telómeros en los glóbulos blancos ya son demasiado cortos, el cuerpo puede luchar para montar una respuesta inmune eficaz. "Muchos estudios, en animales de laboratorio y humanos, han asociado telómeros más cortos con resultados de salud deficientes, especialmente en adultos", subraya Eisenberg, quien añade que pocos han abordado si eventos tempranos en la vida de una persona pueden afectar a la longitud de los telómeros.

Para responder a esta cuestión, Eisenberg se centró a la Encuesta de Salud y Nutrición Longitudinal de Cebú, que ha rastreado la salud de más de 3.000 niños nacidos en 1983-1984 en la ciudad de Cebú, en Filipinas. Los investigadores recopilaron datos detallados cada dos meses de las madres sobre la salud y los hábitos de alimentación de sus bebés hasta los 2 años de edad. Las madres informaron sobre con qué frecuencia sus bebés tenían diarrea --un signo de infección-- así como la frecuencia con la que amamantaron a sus bebés.

A medida que estos bebés crecieron, los científicos recopilaron datos de salud adicionales durante encuestas de seguimiento durante 20 años. En 2005, 1.776 de estos descendientes donaron una muestra de sangre, momento en el que eran adultos jóvenes de 21 o 22 años de edad. Eisenberg midió la longitud de los telómeros en las células de esas muestras de sangre y combinó los datos sobre la longitud de los telómeros en la edad adulta con información sobre su salud y hábitos de alimentación durante la infancia.

MÁS CASOS DE DIARREA, ASOCIADOS CON TELÓMEROS MÁS CORTOS

De esta forma, descubrió que los bebés con casos de diarrea más altos entre los 6 y los 12 meses también presentaban telómeros más cortos como adultos. Este periodo de seis meses es la edad típica del destete de los bebés, así como un tiempo de aumento de la movilidad y la exploración y, por tanto, un momento en el que las enfermedades infecciosas en los bebés alcanzan su pico. Teniendo en cuenta la situación del medio ambiente y la salud pública en la ciudad de Cebú en ese momento, estos casos de diarrea fueron causados probablemente por infección, doce Eisenberg.

La infección diarreica es un problema de salud mundial muy grave, ya que es la segunda causa de muerte en niños menores de 5 años. La asociación que Eisenberg detectó entre esta infección ylos telómeros es lo suficientemente grande como para influir en el envejecimiento de manera importante. Por ejemplo, aquellos con un nivel promedio de infección diarreica cuando eran bebés, en comparación con aquellos que no informaron de haber sufrido infecciones, mostraron el equivalente a tres años adicionales de "envejecimiento" de los telómeros, basándose en la tasa de acortamiento de los telómeros entre los adultos de mediana edad.

Una explicación es que los adultos tienen telómeros más cortos porque sufrieron más infecciones cuando eran niños, ya que las infecciones estimulan las replicaciones celulares y la inflamación, lo cual puede acortar los telómeros. No obstante, Eisenberg, planta otra explicación posible: "También podría ser que tuvieran telómeros más cortos al nacer. Y, tal vez como resultado, eran más susceptibles a las infecciones a los entre 6 y 12 meses y mantenían estos telómeros cortos en la edad adulta. Si este fuera el caso, entonces los telómeros pueden ser un determinante importante de si los niños de todo el mundo sucumben a las infecciones diarreicas".

Sorprendentemente, el equipo de investigadores no encontró asociación entre la lactancia materna y la longitud de telómeros en su descendencia cuando llegaron a la edad adulta. "Esperábamos ver una relación entre la lactancia materna y la longitud de los telómeros porque los bebés reciben anticuerpos producidos maternalmente a través de la leche materna, lo que les ayuda a combatir los patógenos mientras se desarrollan sus propios sistemas inmunológicos --relata Eisenberg--. Además, los bebés amamantados tienen menos probabilidades de estar expuestos a agentes infecciosos a través de alimentos y agua contaminados".

Además, un estudio de 2016 informó que, entre 121 niños latinos de California, la lactancia materna exclusiva en las primeras seis semanas después del nacimiento se asoció con telómeros más largos a los 4 o 5 años. Pero hay muchas razones que podrían explicar la diferencia entre el análisis del pasado año en California y este nuevo estudio de Filipinas, según Eisenberg.

"Si la lactancia afecta a la longitud del telómero, podría ser que el efecto desaparezca a los 21 años --sugiere Eisenberg--. Además, los bebés en estos estudios eran de partes muy diferentes del mundo, lo cual probablemente afecta a los patógenos a los que estaban expuestos y a los otros hábitos típicos de crianza de las mujeres que amamantan". Eisenberg anima a buscar más datos sobre la salud, la longitud de los telómeros y el medio ambiente para resolver el debate.

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