En territorio de una tribu

Diavik, la increíble conquista de los diamantes en el Círculo Polar Ártico

Las minas están situadas en una isla que permanece congelada la mayor parte del año y suponen uno de los mayores retos para la ingenieros

Diavik
Minas de Diamantes de Diavik. / Rio Tinto

Las remotas tierras del norte de Canadá constituyen uno de los mayores retos a la ingeniería de minas del mundo. En sus confines, que están más cerca del Círculo Polar Ártico que de cualquier otro punto de la civilización, se sitúan algunas de las minas de diamantes Diavik más impresionantes del mundo. Su funcionamiento y desarrollo se ha convertido a lo largo de los años en uno de los mayores desafíos.

En el corazón del lago de Gras, en la región noroeste de Canadá, en una pequeña isla se encuentran tres minas de diamantes a cielo abierto. Los tres pozos, que se asemejan a gigantes agujeros de gusano excavados hasta el mismísimo centro de la tierra, ocupan casi la mayoría del territorio de la propia isla en la que están situados. La especial situación del entorno, la mayor parte del año tanto el lago como las minas están congelados por las bajas temperaturas son un añadido a las múltiples complicaciones que tiene explotar dichas minas.

Quizás, nadie realmente conozca en todo su esplendor el significado del término grande hasta que no ve o conoce este tipo de lugares. Las duras rocas con las que se trabaja, las bajas temperaturas (el granito congelado es una de las rocas más duras del mundo) ponen a prueba a los gigantes mecanizados que trabajan allí. El repertorio de monstruos es abrumador en minas de este tipo: las perforadoras son más grandes que muchas montañas rusas, las excavadoras -capaces de lidiar con algunas de las rocas más duras del planeta- son capaces de mover más de 250 toneladas de roca en apenas un par de minutos y los camiones son dinosaurios –solo una rueda suya mide 4 metros- que sobrepasan las 150 toneladas de peso.

Los monstruosos dinosaurios mecanizados en las minas de Diavik son el corazón de sus actividad en la búsqueda de diamantes. Las rocas preciosas se crearon hace millones de años a millones de kilómetros por debajo de la superficie terrestre. En dichas zonas, la presión y el calor eran suficientes como para que el carbono pudiera cristalizarse en la estructura de los diamantes. De hecho, la clave radica en que a esas condiciones de temperatura y presión elevadas, la forma más estable para el carbono es el diamante no el grafito.

Una vez formados dichos diamantes, éstos suben relativamente cerca de la superficie a través de la denominada chimenea volcánica, la lava es esencial para aportar las condiciones extremas para crear diamantes. Al final, todo el embudo volcánico esta recubierto por rocas denominadas ‘kimberlitas’ –rocas ígneas volcánicas famosa porque a veces contiene diamantes- y es alrededor de dicha chimenea donde se cava el enorme agujero, minas abiertas, en forma de espiral sobre ella.

Diavik
Minas de diamantes de Diavik. / Rio Tinto

En el caso de Diavik, todo es más complicado que en otras zonas del mundo como por ejemplo la cuna de los diamantes, Sudáfrica y su impresionante ‘Big Hole’. Las temperaturas complican el proceso, pero no menos costoso es mantener con vida una mina en medio de una isla que se mantiene congelada durante 10 meses del año. De hecho, la provisión de víveres y materiales para su funcionamiento es uno de los mayores retos, inicialmente se lleva a cabo a través de una carretera construida sobre el propio hielo que recubre el lago de Gras. Aunque han existido años en los que eso no ha podido ser, y la única fuente del exterior son gigantes Boeing 747 que tienen que aterrizar sobre una pista construida en la propia isla con grava. Así ocurrió en 2006, lo que se tradujo en un enorme coste para la compañías que la explotan.

La curiosa propiedad de Diavik: de un gigante minero a una tribu

La increíble Diavik es propiedad de una empresa conjunta entre Harry Winston Diamond y Diavik Diamond Mines, en un 40% y 60% respectivamente. Aunque en realidad, la firma que está detrás de ella es el gigante minero Rio Tinto. Una compañía valorada en cerca de 70.000 millones de dólares y que es una de las más poderosas del sector de las materias primas.

Curiosamente, pese a que la mina la explota el gigante minero, su propiedad real es de una pequeñísima tribu de indios. Los Tlicho es uno de los muchos clanes ancestrales que poblaban Canadá hace cientos de años y que todavía siguen subsistiendo siglos después en zonas remotas. En el proceso de integración y devolución de la riqueza de sus tierras a dichas tribus, el gobierno de Canadá emitió una orden en la que convertía a los Tlicho en los propietarios de las zonas en las que se erigen las minas de Diavik.

La tribu es ahora propietaria en el 2% de las dos primeras minas, Diavik tiene tres, y la práctica totalidad de la tercera. Esto significa que los Tlicho tienen derecho a un porcentaje importante de los más de 800 millones de dólares (canadienses) que generan las minas al año. Con ello, sin apenas imaginárselo los Tiglo se han convertido en uno de los clanes más ricos del mundo.

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