Martes, 17.10.2017 - 02:31 h

Bosé, Carrero, Manjón y la pregunta del millón: ¿por qué no debo odiar a quien me parece malo?

Las noticias sobre denuncias por tuits y chistes en internet ya representan un tercio del terrorismo que investiga la Audiencia Nacional.

La indefinición penal en este asunto nos conduce a una complicada cuestión: ¿Hasta qué punto está justificado odiar al malo?

Luis Carrero Blanco, asesinado con un atentado con bomba en 1973, fue presidente en los últimos años del franquismo.

Las noticias sobre denuncias por tuits y chistes en internet se multiplican. Cuenta el portavoz de Jueces para la Democracia, Joaquín Bosch, que ya representan un tercio del terrorismo que investiga la Audiencia Nacional. El dato es preocupante. La indefinición penal que rodea a este asunto indigna a muchos. ¿Por qué burlarse de Pilar Manjón o Rita Barberá sale gratis y hacerlo de Miguel Ángel Blanco o de Carrero Blanco puede llevarte a la cárcel?

Mientras escribo estas líneas, oigo de fondo una entrevista a los supervivientes del atentado de los abogados laboralistas de Atocha a manos de un comando ultraderechista. Es probable que, si escudriño en internet, encuentre mensajes ofensivos contra la memoria de las víctimas de este atentado terrorista. Mi presunción se invierte si pienso en el atentado que mató a Carrero Blanco o en el que destrozó las piernas de Irene Villa: por ambos casos ha habido juicios en los tribunales, a cuenta de unos chistes emitidos en twitter.

Parece obvio que, a efectos prácticos, la opinión que tenemos de la persona ofendida influye en el juicio moral (y legal) que emitimos sobre la ofensa. Intuyo que la denuncia de una burla contra la memoria de Hitler o el terrorista Txapote tendría un recorrido muy corto en los tribunales.

Sucedería lo contrario si hacemos escarnio con la chica que fue brutalmente violada y asesinada en Argentina, cuyo caso levantó una ola de indignación mundial. O de Bimba Bosé, una gran artista prematuramente fallecida tras una lucha heroica contra el cáncer. La Fiscalía ya ha anunciado que investigará si existe delito de odio en los tuits ofensivos detectados tras su muerte.¿Está justificado odiar a Hitler o Txapote?

Entonces, ¿cómo discernir cuándo un insulto o una afrenta excede los límites de la libertad de expresión y entra de lleno en el delito?

Leo en fuentes jurídicas que comete delito de odio quien atenta contra la dignidad de las personas por el mero hecho de padecer éstas una enfermedad (o una discapacidad) o de pertenecer a un grupo o a una identidad religiosa, sexual o étnica. Como todos los delitos, contempla una serie de agravantes, como difundir material que incite el odio contra un grupo o enaltezcan barbaridades como el terrorismo o el genocidio.

Ahora bien: no he encontrado ningún sitio en donde se diga que no existe delito de odio cuando la persona que lanza el mensaje considera, con razón o sin ella, que su destinatario lo merece.

Retomo el ejemplo de Hitler. ¿Cometemos delito de odio si nos burlamos del cadáver calcinado del Führer, de la memoria de Eva Braun, del matrimonio Goebbels o de sus inocentes hijos, a quienes envenenaron antes de matarse en la cancillería del Reich?La raíz del odio

Probablemente ningún juez nos condenaría por ello. Pero aun así estaríamos incurriendo en la raíz del odio, que consiste en desear el mal ajeno (con independencia de las condiciones particulares de la persona objeto del odio).

Entramos de lleno en una cuestión estrictamente moral, que se puede resumir así: ¿Está justificado odiar al malo?

¿Debe sentirse eximido de reproche el animalista que jalea en un post de Facebook al toro que mató a Víctor Barrio? (No digo que Barrio sea malo; tan solo constato que quien le insulta lo cree así).

Supongo que no soy el único que ha pensado esta cuestión, varias veces y durante mucho tiempo. Esta pregunta suscita debates muy interesantes. Sugiero que cada uno se atreva a plantearla a su alrededor, y a escuchar las distintas opiniones.

La conclusión a la que he llegado yo es esta: nunca está justificado odiar al malo, porque desear el Bien no sólo exige un CONTENIDO bueno, sino hacerlo de una FORMA buena. Cuando nos adentramos en honduras morales, no cabe disociar forma y contenido.

No podemos desear cosas buenas -que castiguen a los que vejan a Bimba Bosé o a Miguel Ángel Blanco, por ejemplo- recurriendo a procedimientos perversos, como insultar o agredir a quienes han publicado semejantes barbaridades.

Se debe combatir al malo y al Mal, pero no de cualquier modo. Quien opina que Carrero Blanco fue un personaje nefasto por presidir un gobierno dictatorial, no blanquea moralmente un chiste cruel sobre el atentado que hizo volar no solo al entonces presidente del Gobierno sino también, conviene tenerlo presente, a quien no había cometido otro delito que ser su chófer.

Lasa y Zabala militaban en ETA, sí, pero eso no puede justificar bajo ningún concepto que celebremos con bromas con su abyecto final, cuando fueron torturados, asesinados y enterrados en cal viva por los GAL.

Volvemos al clásico: el fin no justifica los medios. Un Estado de Derecho moderno y democrático se asienta sobre este principio ético, que debe concernir no solo a los políticos, sino a todos los ciudadanos, también a los tuiteros. Corresponderá al juez determinar en cada delito qué pena y en qué grado merece cada delito de odio. Pero que son delitos o faltas o brutalidades, o todo a la vez, no cabe duda que lo son. Con independencia de la clase de sujeto humillado.

Expreso esta opinión en el entendido de que puede tener muchas matizaciones. Así que, como decía antes, animo a que se planteen, en los comentarios de esta noticia o en una conversación entre amigos.

Sigue @martinalgarra

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