Martes, 17.10.2017 - 02:31 h

Cuando la levedad profunda de una madre acaba dando la razón a Darwin

La presentadora de televisión Samantha Villar ha descubierto el mediterráneo y ha escrito un libro para contárnoslo: los niños dan mucho la lata.

He aquí la semilla de lo que muchos maestros acaban sufriendo en las aulas: hijos maleducados de padres inmaduros, irresponsables y fatuos.

Samantha Villar asegura, tras ser madre de mellizos por ovodonación, que "tener hijos es perder calidad de vida".

La presentadora de televisión Samantha Villar ha descubierto el mediterráneo y ha escrito un libro para hacernos partícipes de su hallazgo. Se resume más o menos así: Ser madre es duro. Conlleva responsabilidades. Cuesta sacrificio. Quita sueño. Los niños son un latazo. No es todo jiji-jaja. “Nadie te cuenta lo que es en realidad la maternidad, tomas una decisión engañada”, ha declarado esta mujer… ¡de 41 años!

“Tener hijos es perder calidad de vida. Yo no soy más feliz ahora de lo que era antes”, agrega no quien tuvo hijos por un embarazo inesperado, sino quien los buscó denodadamente hasta lograrlos tras un proceso de ovodonación. La pregunta cae como bloque de mármol en el vacío: Y si no eres más feliz ahora que antes (leyendo sus declaraciones uno concluye más bien que ahora ella es más infeliz que antes), ¿para qué has traído al mundo a dos criaturas que nunca pidieron llegar a él ni causar a nadie ninguna infelicidad, mucho menos a su madre?

He aquí la semilla de lo que muchos maestros, con el paso del tiempo, acaban sufriendo en las aulas: padres inmaduros procrean hijos sin ser conscientes de la responsabilidad que adquieren con su descendencia y con la sociedad. Cabría plantear una ecuación: Padres inmaduros+hijos maleducados=maestros deprimidos.

(Te interesa leer: "Me pagan por enseñar, no por aguantar": la arenga de una profesora contra la mala educación)Mi vida con hijos es bestialmente intensa, interesante y divertida... exactamente igual que antes de tenerlos. Pero antes dormía #LaVerdad— samantavillar (@samantavillar) 30 de enero de 2017

Desde aquí me uno a la campaña de marketing. Animo a la gente, sobre todo a la que se siente identificada con reflexiones similares a este tuit de arriba, a que compre el libro, y que lo reparta entre sus allegados. Urge que quienes así piensan no tengan hijos. Urge que vean cumplidas en sus propias vidas las teorías de Darwin: los ejemplares más fuertes de las especies son los que permanecen; los débiles, desaparecen.

Siendo la mente el arma más poderosa del ser humano, conviene por el bien de la manada que los genes de personas propensas a airear su galopante levedad desaparezcan cuanto antes del ecosistema. Por el bien de la manada, insisto.

Todos los indicadores nos alertan del grave peligro que corremos como sociedad por haber menospreciado la natalidad y dificultado la maternidad. Pero por encima de la cuestión económica, que ya nos golpea en nuestra propia cara, planea la cuestión humana, ética y estética. Y esta es la que más repulsión me provoca de las ocurrencias de Samantha. ¿A qué viene este acto de masoquismo y de, por qué no decirlo, profunda crueldad con los propios hijos?

(Te interesa leer: Escasa natalidad, envejecimiento y bajos salarios ponen en riesgo las pensiones).

Si Samantha tuviera alrededor un amigo de verdad, le diría: “A tus 41 años, aún no has entendido qué es la felicidad”. Perdón por recurrir a Disney, pero ya se ve que con Samantha hay que partir de lo básico: la felicidad no está en el exterior, ya sea este exterior un ferrari, un apartamento en Torrenueva, un iPhone 7... o dos hijos por encargo. No hay que tener hijos para ser feliz. Se puede ser feliz sin tener hijos. Muy feliz. En algunos casos, diría que es casi un imperativo moral.

Pero, si decides traer hijos al mundo, empieza por preocuparte de SU felicidad, antes que de la tuya propia. En en eso básicamente consiste ser madre (o padre).

De todas las preguntas que le han hecho a Samantha en la campaña de promoción de este libro, y que da una idea de su contenido, me quedo con esta de Teleprograma:

¿Cómo has tenido tiempo para escribir el libro?
Porque lo dejé preparado antes del parto.

O con este párrafo, que extraigo de La Voz de Galicia: 

Tras un año dedicada al cuidado de los hijos, Villar opina que «lo mejor es ser tía» porque «es lo más cercano a la madre», pero se ahorra «el dolor físico del agotamiento y el hundimiento moral de decir: ¡no puedo más!».

O tempora! O mores!, que diría el clásico. Y ahora, vayan y compren el libro, si tienen agallas. Hagamos más ricos a los famosos irresponsables que ejercen de cuñados. Pero luego no nos asombremos de lo que está ocurriendo en nuestros colegios ni de que el juez Calatayud acapare tantos titulares.

Sigue @martinalgarra

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