Viernes, 17.11.2017 - 22:37 h

Cómo un inmigrante musulmán en EEUU da a Trump una lección de cristianismo

Se supone que el cristianismo de Jesús promueve el amor, el perdón y la sensibilidad por los más débiles de la sociedad.

Basta comparar el ejemplo del cristiano Donald Trump con el del musulmán Mohamed Bzeek para cuestionar ciertos prejuicios que rigen en Occidente en general y en EEUU en particular.

Mohamed Bzeek, inmigrante libio residente en EEUU, cuida a niños terminales que nadie quiere.

Entre Donald Trump y Mohammed Bzeek existen diferencias evidentes: el primero no necesita presentación y el segundo sí. Aquél es cristiano y éste musulmán. Uno ha suscitado profundo distanciamento en la sociedad y otro practica la igualdad entre los hombres. ¿Paradoja? No, si conocemos la historia de este inmigrante libio que vive en EEUU desde hace décadas.

(Te interesa leer: Un devoto musulmán acoge en EEUU a niños terminales que nadie quiere cuidar)

El aspecto de Mohammed evoca otras estampas de noticias poco humanitarias. Juzgar por las apariencias entraña estos peligros. A ojos de muchos occidentales, Bzeek viste como un islamista radical, un presunto yihadista o incluso un terrorista.

Nada más lejos de la verdad, en el caso que nos ocupa. Conocemos el rostro de este gran hombre porque un reportaje periodístico ha relatado su impresionante labor humanitaria.Ayudando a morir a niños abandonados

Bzeek, que vive en una pequeña ciudad cercana a Los Ángeles, adopta a niños enfermos en etapas terminales. Algunos de ellos presentan enfermedades terribles, algunas desagradables a la vista y no digamos ya en el cuidado cotidiano.

Mohammed es consciente de todo ello, pero lleva más de 20 años de los 62 que tiene apretando la mano de muchos pequeños en su último suspiro. Su historia me recuerda a la anécdota que me contaron de una monja católica que mecía en sus brazos a un bebé que estaba a punto de morir en un paupérrimo país. “Nuestra misión es curarles y, si no se puede, hacerles sentir que son queridos hasta el final”, le dijo a quien me trasladó estas palabras.

Mohammed Bzeek, con quien han fallecido decenas de infantes en circunstancias similares, cuenta el último caso que le acompaña: una niña de 6 años sorda, ciega y con parte del cuerpo paralizado, que sufre una rara enfermedad llamada enfalocele, y que está postrada en la cama.El secreto de su fortaleza

"Sé que ella no puede oír, no puede ver, pero siempre hablo con ella. Siempre estoy abrazándola, tocándola, jugando con ella...Ella tiene sentimientos. Ella tiene alma. Ella es un ser humano", contaba este hombre a la periodista que le entrevistó.

Y explicaba el secreto de su fortaleza: “La clave es que tienes que amarlos como si fueran tuyos. Sé que están enfermos. Sé que van a morir. Hago mi mejor esfuerzo como ser humano y dejo el resto a Dios”.

¿Al Dios cristiano? ¿Al Dios musulmán? ¿Al Dios judío?

¿Realmente puede importar eso a alguien, en el caso que nos ocupa?

Lo que importa es, que según los servicios de adopción de Los Ángeles, Bzeek es el único ‘cristiano’ del lugar -entiéndase ‘cristiano’ como sinónimo de ‘cualquiera’- que se ofrece para esta labor tan delicada.

Se supone que el cristianismo de Jesús promueve el amor, el perdón y la sensibilidad por los más débiles de la sociedad. ¿Qué comportamiento humano se acerca más a este ideal? ¿El de Mohamed o el de Donald?

¿De quién se sentirá emocional y espiritualmente más cercano el líder de los católicos, el papa Francisco? ¿Del cristiano Trump o del musulmán Bzeek?

Lo dicho: juzgar por las apariencias resulta injusto y peligroso, ya te llames Donald o Mohamed. No digamos ya dictar políticas que condenan sin juicio previo a millones de personas por su religión o por su forma de vestir.

Sigue @martinalgarra//

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