El vuelo de Chapecoense fue el colmo de la mala suerte: se juntaron dos aviones con falta de combustible


  • El protocolo de actuación es distinto dependiendo de si se declara prioridad u emergencia en un vuelo. El piloto de Chapecoense declaró prioridad.

  • La emergencia se emplea en situaciones excepcionales y suele implicar una investigación. Es extremadamente extraño que haya dos al mismo tiempo.

Brasil llora la tragedia del Chapecoense

Brasil llora la tragedia del Chapecoense AFP

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El colmo de la mala suerte o quizás el destino hizo que en un pequeño aeropuerto de Colombia se juntaran dos aviones pidiendo emergencia por falta de combustible. Ni siquiera en un aeropuerto como Barajas suele darse esa circunstancia.

El martes, la torre de control del Aeropuerto Internacional José María Córdova de Rionegro, que da servicio a la ciudad de Medellín, recibió casi simultáneamente dos llamadas, una emergencia, emitida por un vuelo de Viva Colombia, y otra de prioridad, del vuelo del Chapecoense.

Eran las 21:42 horas de la noche del lunes y el avión que llevaba a los jugadores del Chape volaba a 22.950 pies de altura. Fue quizás en ese momento, en el que el avión empezó a descender cuando el piloto empezó a gritar angustiado "Ayuda, ayuda", al darse cuenta de sus problemas de combustible.

Escasos instantes después se hizo el silencio. En la Torre, todo el mundo, consternado, empezó a llorar, según desvelan Radio Caracol y El Espectador. La luz verde para el aterrizaje había llegado tarde. Los supervivientes relatan que la luz se fue de repente y tras ellas los gritos y el caos se apoderaron del avión. Estaban a solo 50 kilómetros de distancia de la pista. Desde la aeronave se informó de fallos en el vuelo y la tripulación pidió 'prioridad' para aterrizar y la torre de control se la concedió, pero un avión tomó la delantera al pedir emergencia.

A esa misma hora, otro vuelo de la compañía colombiana Viva Colombia solicitó el nivel de 'emergencia' para tomar tierra por problemas técnicos parece ser que causados por una pérdida de combustible.

Según explican fuentes del sector, una cosa es informar a la torre de que se anda corto de combustible -solicitando simplemente ‘prioridad en el aterrizaje’- y otra bien distinta declarar la denominada ‘emergencia de combustible’, que se emplea en situaciones excepcionales, cuando el avión necesita máxima prioridad.

En esos casos, el piloto debe informar sobre el tipo de problema. A partir de ahí, el resto de aeronaves pierden cualquier tipo de precedencia y la torre de control más cercana tiene la obligación de centrarse en el avión afectado. Tendrá prioridad para todo. Sin embargo, tras el aterrizaje, un suceso así debe ir acompañado de una investigación por parte de las autoridades del aeropuerto y el coste de los servicios aeroportuarios como bomberos o ambulancias. 

Según las normas europeas, todo avión de pasajeros tiene cargar combustible suficiente como para mantenerse en el aire entre 30 y 45 minutos más de lo que exige su trayecto. Concretamente, debe incluir carburante para dar hasta varias vueltas alrededor del espacio aéreo del aeropuerto al que vuela y también ser capaz de llegar a uno de los denominados aeropuertos alternativos, es decir el que esté más cerca del de destino.

La hipótesis del un mal cálculo del combustible puede ser la causa del accidente. Según el sitio web Flytracker, la nave tenía combustible para recorrer 2.965 kilómetros y alcanzó a transitar una distancia de 2.975 kilómetros, excediéndose por 10 kilómetros en el cálculo inicial. Diez minutos después de la llamada a la torre de control, se perdió la comunicación. Había dado dos vueltas en círculo al Valle de San Nicolás. La nave se precipitó en ese momento y provocó la tragedia.

Sin embargo en aeronáutica, normalmente, un accidente es la suma de varios fallos. El primero de ellos fue el propio modelo de avión. La delegación del club de fútbol Chapecoense debió llegar el lunes en la tarde a Colombia procedente de Sao Paulo en un Airbus 320 fletado y por una desautorización de la autoridad aeronáutica brasileña tuvo que hacer escala en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y embarcarse allí en un avión regional.

La travesía duraría unas cuatro horas y la delegación debería llegar a su destino antes de la medianoche en el avión de la compañía Lamia, un RJ100 cuya fabricación británica data de los años 90 y que es llamado así en el ámbito aeronáutico por tratarse de un Regional Jet, es decir, un aparato diseñado para cubrir distancias cortas. Fuentes consultadas por este medio, insisten en que la elección de este modelo no fue el adecuado.