Martes, 16.10.2018 - 17:14 h
El líder chavista toma el control de su banco

Horas de infarto para Escotet: la última víctima de Maduro en la víspera electoral

El dueño de Abanca, que ha sabido aprovechar las oportunidades allí y España para labrar fortuna, ve razones políticas en la intervención de Banesco

La hoja de ruta de Escotet pasa por el crédito y que Galicia salga adelante
Juan Carlos Escotet ha dejado temporalmente la presidencia de Abanca para ir a Venezuela  a solucionar la intervención de Banesco. / U. I.

Los amagos de expropiación del régimen chavista a Juan Carlos Escotet, cuyo grupo se adjudicó la extinta Novagalicia en 2013, se remontan casi una década atrás con escarpados picos de tensión y valles. “¿Escotet, tú me dices, si tú no puedes dame acá el banco”, desafiaba el desaparecido Hugo Chávez en un canal radiofónico en 2012. Pero fue ayer cuando Nicolás Maduro detonó el botón para una intervención de Banesco que el banquero, español de nacimiento por casualidad aunque oriundo de Caracas, denunció al instante de “exclusivamente política en el afán de distraer la opinión pública de los graves problemas” que acucian a la población. Sin árnica. No es el primer empresario en verbalizar la situación extrema que atraviesa el país, que encara otra realidad: el régimen chavista enfrenta el próximo día 20 las elecciones generales.

“El país se derrumba. El bolívar no vale nada, el agua potable falta en muchos barrios, no hay electricidad, escasean los medicamentos y miles de ciudadanos salen del país a diario”, explica un experto económico, convencido de que distraer el foco buscaría unificar al electorado. La intervención del mayor banco privado del país la decreta durante 90 días y tras detener la víspera a once de sus ejecutivos por la presunta implicación en un régimen cambiario paralelo, con la justificación de “reconducir” la gestión “despojándola de toda actividad ilícita”. Un “sinsentido” en réplica de Escotet, que no dudó en abandonar temporalmente la presidencia de Abanca en España para acudir a rendir las explicaciones precisas en un intento de reconducir la situación. No es una expropiación o nacionalización al uso, pero separa al gestor.

Hoy Banesco es una de las pocas entidades financieras que funciona con normalidad en un país donde la criba que la crisis hizo en el sector y nacionalizaciones han desbaratado el sistema financiero. Sin embargo la imparable devaluación del bolívar ha diluido su valor al de una pieza minúscula en el grupo financiero. Allí puso la primera piedra hace cuarenta años y hoy extiende las ramificaciones en siete países. Su valor intrínseco es otro: se trata de una franquicia con ocho millones de clientes y 7.000 empleados en un país muy rico, con una capacidad de desarrollo y crecimiento probada aunque en declive acusado bajo un régimen intervencionista con especial obsesión por el sector financiero.

El mismo Santander arrojaba la toalla otro mes de mayo pero en 2009 con la entrega del Banco de Venezuela, construído compra sobre compra desde 1997, al Gobierno de Hugo Chávez por 110 millones de euros menos del que juzgaba como valor real para acelerar el proceso. En aquel momento generaba allí casi el 4% del beneficio y prefirió salir a diferencia de BBVA, que aún mantiene filial pese a sufrir los mismos ‘avisos’ de expropiación. “No queremos irnos”, refería el presidente de este último grupo bancario, Francisco González, el pasado mes de febrero, confiado en que el país pueda celebrar elecciones libres para reconducir la "insostenible" situación actual. Peor suerte corrieron los bancos Confederado, Bolívar ó Central nacionalizados entre 2009 y 2011. Actuación que el Régimen Bolivariano ha extendido a miles de compañías de todos los sectores.

"Voy a dar la cara, me pongo a la orden del Gobierno para hacer cualquier tipo de aclaración", declaraba Escotet antes de hacer la maleta y marcharse a Venezuela en uno de los múltiples mensajes que ha decidido difundir desde la cuenta personal de Twitter para explicar la situación. “Es muy propio de él. Enfrenta los problemas de cara. No se arruga ni se esconde nunca”, explica una persona cercana al banquero, aunque su ascenso no ha estado exento de suspicacias por la habilidad para aprovechar las oportunidades que salían al paso en Venezuela y España. Una trayectoria que prueba que sabe ver ocasiones para desarrollar su empresa y hacer fortuna en tiempos complicados, y al margen de realidades políticas.

En España se le puso rostro en 2012 cuando adquirió Banco Etcheverría, pero sobre todo en 2013. Precisamente a través de esa pequeña entidad, Banesco se imponía de forma sorpresiva al ‘top tres’ nacional -Santander, BBVA y CaixaBank- y los fondos JC Flowers y Guggeheim en la subasta por Novagalicia. Puso sobre la mesa 1.003 millones de euros y se adjudicó la entidad al reunir las dos condiciones para evitarse la segunda vuelta: duplicar la siguiente propuesta y ofrecer más de 200 millones. En un circuito donde las cajas intervenidas estaban siendo adjudicadas por un euro y con ayudas de ‘colchón’ para proteger al comprador de quebrantos en créditos o inmuebles, cogió por sorpresa y levantó suspicacias. Se cuestionó al Frob por aceptar cobrar el importe de manera fraccionada y por las dudas sobre su capacidad financiera al tratarse de un grupo con una dimensión reducida que el tiempo ha demostrado injustificadas.

Los beneficios que pronto arrojó la rebautizada como Abanca ayudaron claramente al repago, generando otros recelos: sobre el valor subyacente real frente al talón aceptado por el Frob. "Era un banco escarallado y ahora puede correr la maratón", zanjó Escotet, quien avaló la operación personalmente y defendió que los resultados "no son magia" sino "impecable" gestión. Hoy la entidad copa el 15% del mercado gallego que han intentado conquistar con compras los grandes y ha surtido al grupo la pasarela para entrar en México y Portugal. Ocurra lo que ocurra en la que fue su matriz inicial, está libre de riesgo gracias a las lecciones aprendidas por el banquero precisamente en su Venezuela donde puso los cimientos para construir el grupo.

Para navegar guardando bien la ropa entre la incertidumbre de intervencionismo blindó las filiales garantizando la autonomía operativa, sin inversiones cruzadas y con unos estatutos donde el régimen establecido para la sucesión le ha permitido cruzar el Atlántico, con un relevo instantáneo en la presidencia, sin vacíos de poder. Hijo de leonés y asturiana emigrados a Venezuela nació en 1959 en Madrid en un breve viaje de sus padres para visitar a otro de sus hijos, pero su vida ha transcurrido en Caracas. En vez de ingresar en el negocio publicitario familiar, entró con 17 años allí en el Banco Unión. A los 27 constituyó la Casa de Bolsa Escotet Valores y dicen que ya aspiraba a tener un banco denominado Banesco. Lo fundó, junto a otros socios en 1992, forjado sobre otras entidades.

Cuando el régimen chavista llegó al poder en 1998 los cimientos estaban construidos y aprovechó el declive de entidades con la crisis para hacer crecer compra a compra a un grupo que tiempo después entraría en  Panamá, República Dominicana y Estados Unidos… hasta que en 2013 pone la guinda -y residencia- en España. Será trampolín que utilizará para adquirir en Portugal el negocio de Deutsche Bank e ir a México.  Según la última edición de la revista Forbes, es la mayor fortuna de Venezuela con 4.400 millones en patrimonio, un 42% superior a la amasada por el acaudalado presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

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