Viernes, 06.12.2019 - 19:15 h
Contaminación del planeta

Nos comemos 50.000 micropartículas de plástico al año (e inhalamos otras tantas)

Un contundente estudio señala que el problema del reciclaje de los productos plásticos afecta en comida, agua y aire a los seres humanos.

Plástico en la playa, contaminación, recurso, medio ambiente
Plástico en la playa, contaminación, recurso, medio ambiente / Europa Press - Archivo

El problema de los desechos plásticos en el mundo está generando un grave problema medioambiental, como atestigua la gran isla de plástico -de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, es decir, tres veces el tamaño de Francia- que deambula por el Pacífico. Y, aunque nos parezca algo ajeno o distante, sus consecuencias ya afectan al ser humano en la comida, el agua y el aire: un nuevo estudio señala que, de media, una persona come al menos 50.000 partículas de microplástico al año e inhala una cantidad similar.

Se trata del primer estudio que pretende estimar la ingestión humana de residuos plásticos, por lo que es probable que el número real sea muchas veces más alto, ya que solo un pequeño número de alimentos y bebidas han sido analizados en busca de contaminantes. Curiosamente, uno de los principales focos del plástico que llega a nuestro organismo puede comprarse cada día en un supermercado: los científicos encargados de la investigación apuntan que beber mucha agua embotellada aumenta drásticamente las partículas consumidas.

En este sentido, el impacto en nuestra salud de la ingesta de microplásticos es por ahora desconocido, pero se sospecha que éstos podrían liberar sustancias tóxicas. Algunas partículas son lo suficientemente pequeñas como para penetrar en los tejidos humanos, donde podrían desencadenar reacciones inmunitarias. El problema es que, mientras existan desechos plásticos, existirán micropartículas, ya que éstas se generan a raíz de la lenta desintegración de las bolsas o botellas, presentes en todo el planeta según el estudio.

Los microplásticos están en todas partes: en el aire, en el suelo, en los ríos y en los océanos más profundos del mundo. También se han detectado en grifos, marisco o cervezas, así como en la mencionada agua embotellada. Incluso se encontraron en muestras de heces humanas por primera vez en octubre, un hallazgo que confirmaba que las personas ingieren las micropartículas de plástico. Principalmente, a través del agua embotellada -uno de los entornos analizados en más detalle en el estudio-, que contiene de media 22 veces más microplásticos que el agua del grifo: una persona que solo bebiera agua embotellada consumiría 130.000 partículas al año, en comparación con las 4.000 que consumiría quien bebiera solo agua del grifo.

De ahí la importancia de la nueva investigación, que utilizó los datos recogidos por 26 estudios previos que medían las cantidades de partículas microplásticas en peces, mariscos, azúcar, sal, cerveza y agua, así como en el aire en las ciudades. Para calcular qué cantidad se ingiere anualmente, los investigadores utilizaron las recomendaciones dietéticas proporcionadas por el Gobierno de EEUU. Así, estimaron que los adultos comen alrededor de 50.000 partículas microplásticas al año y los niños alrededor de 40.000. Aunque, en este caso, el margen de error lo establece la diferencia entre las pautas médicas de una dieta saludable y la elevada obesidad de los estadounidenses: la cifra real probablemente sea mayor.

Teniendo en cuenta que la recomendación calórica del Gobierno de EEUU es muy similar a la española (de unas 2.000 kilocalorías), se puede concluir que la cifra estimada de microplásticos ingeridos por los estadounidenses es similar a la que 'comemos' los españoles y la mayoría de los europeos. En cualquier caso, la mayoría de los tipos de alimentos y bebidas no se han sometido a prueba, lo que significa que el estudio solo midió el 15% de la ingesta de calorías. "No sabemos mucho. Hay algunos vacíos importantes de datos que deben llenarse [en el futuro]", según explica Kieran Cox, el investigador de la Universidad de Victoria (Canadá) que dirigió la investigación, en este artículo de 'The Guardian'.

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