Domingo, 15.09.2019 - 07:00 h
Más de 5.000 kilómetros cuadrados

Los incendios del Amazonas ya han quemado el equivalente a 10 Doñanas

El fuego que devora el principal pulmón del planeta sigue avanzando, principalmente por el aumento de la deforestación. 

Los incendios del Amazonas ya han quemado el equivalente a 10 Doñanas
Los incendios del Amazonas ya han quemado el equivalente a 10 Doñanas. / EFE

La emergencia medioambiental a la que se enfrenta el Amazonas este verano deja cifras sorprendentes. Por un lado, un informe difundido este martes por el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales de Brasil (INPE) precisaba que entre el 1 de enero y el 18 de agosto se han registrado 71.497 focos de incendio en el país y que un 52,5% se sitúan en la región amazónica. Pero aún más contundente es la superficie que ya han consumido las llamas: más de 5.000 kilómetros cuadrados solo en Brasil o, lo que es lo mismo, el equivalente a lo que ocuparían 10 parques naturales del tamaño de Doñana (de 543 kilómetros cuadrados).

Actualmente, la Amazonía se extiende sobre 7,4 millones de kilómetros cuadrados, que son equivalentes al 5% de la superficie total de la Tierra y a casi el 25% del continente americano. Un 60% de ese territorio está en suelo brasileño y es considerado como la mayor reserva de flora tropical del mundo, representando más de la mitad de los bosques húmedos que existen en el planeta, que junto con las plantas marinas es clave para la generación de oxígeno. Por todo ello, es considerado actualmente como el principal pulmón del planeta.

No solo eso: la región atesora casi el 20% de las reservas de agua dulce del planeta, un recurso que, según la ONU, podría ser motivo de "guerras" durante las próximas décadas. De hecho, según la Unesco, el planeta puede tener un déficit hídrico del 40 % en 2030 si no cambia el actual modelo de consumo y preservación. En este sentido, uno de los puntos principales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de cara a 2030 es "garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos", en previsión del déficit que existirá.

Buena parte de la enorme riqueza de la región está en el río Amazonas, declarado en 2011 como una de las "maravillas naturales" del planeta: se trata del cauce más caudaloso y largo del mundo, naciendo en Perú y desembocando en el océano Atlántico tras un recorrido de unos 7.000 kilómetros. Sin embargo, muchos de los ríos de la región están contaminados. De hecho, se calcula que, en los últimos 50 años, sobre el río Amazonas y sus afluentes se han vertido unas 1.300 toneladas de mercurio, usado principalmente en la minería ilegal, que Bolsonaro pretende regularizar.

Pero la situación se complica si tenemos en cuenta que la soberanía de la Amazonía es compartida por Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guayana, Perú, Surinam y Venezuela, los ochos países miembros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). Este organismo intergubernamental fue fundado en 1995 sobre la base de otros acuerdos de preservación medioambiental firmados en 1978. Aunque promociona diversos planes de cooperación y protección del medioambiente, la OTCA ha perdido fuerza con los años y actualmente se muestra inoperante ante crisis como las desatadas ahora por los incendios.

Bolsonaro acusa a las ONG, que acusan a las madereras

Este miércoles, el presidente del país, Jair Bolsonaro, sorprendía al sugerir que las ONG ambientalistas podrían estar detrás del aumento de los focos de incendios en el país. "Puede haber, sí, y no estoy afirmando, una acción criminal de esos 'oenegeros' para llamar la atención contra mi persona, contra el Gobierno de Brasil, y esa es la guerra que nosotros enfrentamos", explicaba el mandatario, sin aportar pruebas de que este tipo de organizaciones hayan contribuido en modo alguno a los incendios que siguen devorando el Amazonas y otras partes del país.

Por el contrario, las asociaciones ambientalistas critican a Bolsonaro y su política liberal respecto a la deforestación, que previsiblemente superará en 2019 los 13.000 kilómetros cuadrados que se registraron en 2018. La deforestación ha cobrado un fuerte impulso desde la llegada de Bolsonaro a la presidencia de Brasil y, hasta ahora, se ha incrementado en un 273%, aumentado también la ocupación ilegal de tierras de la selva, ya que su deforestación permite especular con ellas y venderlas. Los datos recabados por la agencia espacial de Brasil son contundentes y señalan una deforestación de 4.565 kilómetros cuadrados.

Detrás de esta deforestación en Brasil está la ganadería, pero también han intervenido en los últimos años otras actividades productivas como la minería o el cultivo de soja. El problema es que, para llegar a un recurso en concreto, las empresas tienen que atravesar el mayor bosque selvático del mundo, por lo que muchas tratan de crear una red de infraestructuras (talando los bosques) que les permita tanto acceder a la zona de extracción como transportar los productos. Hasta la llegada de Bolsonaro, Brasil contaba con una legislación relativamente estricta que, al menos permitía que la deforestación no se descontrolase. Con el nuevo presidente, las restricciones han desaparecido, según denuncian ONG's y partidos de la oposición. Y la tala indiscriminada ha regresado.

Según el Instituto de Investigación Medioambiental sobre la Amazonia (IPAM), el origen de la gran mayoría de los incendios es humano. Y, basándose en la experiencia de los años anteriores, Paulo Moutinho, uno de los investigadores del instituto, apunta que "el fuego es utilizado para limpiar zonas que ya han sido deforestadas, para abrir pistas o para preparar tierras para la agricultura"tal y como explica a 'El Periódico'. En este sentido, no es difícil ver la relación entre un aumento desproporcionado de la deforestación y del número de incendios que devoran el Amazonas.

Por si eso no fuera poco, otro gigantesco incendio permanece sin control en la frontera entre Paraguay y Bolivia, país que calcula en más de 6.000 kilómetros cuadrados el área afectada, aunque aún no hay datos oficiales. En cualquier caso, la pérdida de selvas amazónicas de este año será la peor de la historia. O, al menos, desde que empezaron a aplicarse protocolos de control de la deforestación y de preservación de la biosfera a mediados del siglo pasado.

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