Lunes, 16.09.2019 - 04:12 h
Eurodiputada

Cuatro años de Agenda 2030: compromisos y retos adquiridos

Pronto se cumplirán cuatro años desde que Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030, un plan con 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan desde los relacionados con el clima y el medioambiente hasta los vinculados con la educación, pasando por la igualdad de género, el acceso al agua potable y a suministros esenciales o la seguridad y la paz, entre otros.

En aquel memorable momento de su aprobación en septiembre de 2015, ya habíamos alcanzado un progreso sustancial desde los Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2000, cuando por primera vez se logró un discurso común para alcanzar el acuerdo global. Los ocho objetivos eran realistas, fáciles de comunicar y contaban, además, con un mecanismo claro para su cuantificación y seguimiento. Para 2015, el mundo ya había cumplido el primer objetivo: reducir a la mitad las tasas mundiales de pobreza extrema y hambre. Naciones Unidas estima que, durante los 15 años transcurridos hasta la adopción de los ODS, 700 millones de personas consiguieron salir de la pobreza extrema. Sin embargo, el alcance de los logros fue desigual.

Los cambios más significativos que introdujo la Agenda 2030 sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron cinco: sostenibilidad, equidad, universalidad, alcance y, sobre todo, compromiso. Porque los ODS comprometían por primera vez a todos los países del mundo. Se trataba de un contrato global a largo plazo para transformar el mundo en una generación. Aplicar la Agenda 2030 en sus políticas internas pasaba a ser una obligación de los 193 gobiernos firmantes.

Pero el balance global en estos momentos está lejos de ser positivo. Como un buen número de países firmantes, España no aprueba en ninguno de los 17 objetivos. No se ha hecho lo suficiente ni se ha tomado la Agenda 2030 como una prioridad nacional. Desde su nombramiento hace un año, la Alta Comisionada se empeñó en lanzar el mensaje de que España se iba a tomar muy en serio el cumplimiento de este contrato. Yo celebro su sostenido esfuerzo y su credibilidad personal y profesional, pero mucho me temo que la inconsistencia que caracteriza nuestro día a día político hace que lo declarativo no se sustente con lo factual.

Sin embargo, yo creo que debería ser nuestra apuesta principal como país. No solo por principios, por justicia, por el futuro del planeta, sino porque la comunidad internacional en su conjunto necesita precisamente volcarse en lo que podría ser el metaobjetivo de esta Agenda 2030: la idea de que el ser humano comparte una misma naturaleza y unos mismos desafíos que exigen la cooperación de buena fe y unas normas comunes. Si dejamos de creer en esto, estaremos en un mundo de “sálvese quien pueda”, con la característica añadida de que nadie podrá salvarse solo.

Hoy más que nunca es imprescindible concentrar nuestras energías en la búsqueda de acuerdos y consensos multilaterales y en la creación de marcos legales internacionales, que, como los derechos humanos universales, derivan de los principios liberales que yo defiendo. En un mundo donde los principales desafíos son globales, solo la convicción de que existe una dignidad humana común a toda la especie, con independencia de cualquier diferencia o condición, y una defensa laboriosa del orden multilateral pueden darnos el impulso y las herramientas suficientes para abordar con garantía de éxito el cumplimiento de esa Agenda 2030.

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