Domingo, 15.12.2019 - 21:10 h
Eurodiputada

Puigdemont 'influencer': cobrar mucho y trabajar poco

Puigdemont es un cruzado, un hombre entregado a una causa que lo absorbe: asegurarse el modo de vida al que está acostumbrado, el '3% way of life'. Lejos de las mordidas y de las subvenciones con que Convergencia (o como se llame ahora) alimentaba a sus cuadros y a sus redes clientelares, el fugado trata ahora de vivir del presupuesto europeo. Lejos de este maná, tuvo que reinventarse como emprendedor social (del tipo de los que embaucan a inversores poco avezados). Por eso, y no por otra cosa, se sacó de la chistera el llamado Consell de la República y el chiringuito conocido como CATGlobal: para capturar fondos europeos que le permitan imaginar que Waterloo es Pedralbes un largo día de otoño.

El fugado quería registrar CATGlobal como un lobby europeo, lo que le permitiría acceder a sabrosas subvenciones. Cuando lo supe, puse sobre aviso a la Comisión Europea, que reaccionó recordando que no se daría un solo euro público a organizaciones cuyo fin evidente era socavar el orden constitucional de un Estado miembro. La UE tendrá muchos defectos, pero les aseguro que no es la Cataluña colonizada por el nacionalismo, donde los que mandan pueden ordeñar la vaca siempre que sienten la punzada del hambre o -más a menudo -el despertar de la codicia.

Es muy significativo que Puigdemont tenga que recurrir a estas corruptelas para sobrevivir. Según su relato, él es un mesías, un héroe de la libertad obligado al exilio por un gobierno opresor. Siempre habla en nombre de unas masas tan abundantes como activas que, supuestamente, lo apoyan sin reservas. Esas muchedumbres han sido esenciales en el procés desde el principio. Recordemos aquellas diadas en las que, según sus cuentas, se juntaban dos millones de personas que marchaban por Barcelona con disciplina de juegos florales. Nunca fueron tantos, aunque eso no quiere decir que fueran pocos.

Sí que fueron pocos -apenas unos centenares- los que estuvieron presentes en el momento clave ante el Palau de la Generalitat, cuando Puigdemont proclamó la independencia de Cataluña. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaban los seguidores? Era fácil y divertido ir a las diadas, incluso hacer una acampada en un colegio y formar un cordón para impedir que la policía retirara las urnas 'fake'. Pero las masas se disolvieron en cuanto el golpe exigió ausentarse del trabajo o aplazar los quehaceres diarios.

Y si no iban a sacrificar su tiempo, ¿cómo esperaba el fugado que sacrificaran su dinero? Llevado por el espíritu de los tiempos, Puigdemont ha actuado como un 'influencer', concretamente como uno de esos que cuentan con millones de seguidores en Instagram, que reciben decenas de miles de “me gusta” en cada tuit y que, a la hora de la verdad, cuando sacan una camiseta a la venta, sólo las compran sus madres. Antes se decía que un líder sin seguidores era un tipo hablando solo. Ahora el asunto es más delicado, porque a todas horas bulle algo que parece una conversación. Pero, por usar la jerga 2.0, el problema no es el 'engagement.' El problema es la monetización.

El próximo lunes 17 de junio, Puigdemont no recogerá su acta de eurodiputado en España y volverá a fracasar. Su siguiente paso, probablemente, será intentar convertirse en asistente senior de un eurodiputado de su partido para seguir aspirando al sueño del 'influencer': cobrar mucho y trabajar poco. Hay precedentes para cerrar también esta vía: tanto Farage como Le Pen usaron de forma irregular fondos parlamentarios para sus fines personales, y la Eurocámara terminó por impedirlo. Puigdemont (discípulo esforzado, pero sin talento) tendrá el mismo destino.

*Beatriz Becerra es vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo y eurodiputada del Grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa (ALDE). Es autora de Eres liberal y no lo sabes (Deusto).

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