Viernes, 06.12.2019 - 11:34 h
¿Qué sucedió en la semana, eh?
Profesor, abogado y consultor

¡Feliz Año Nuevo! Un año más… y un año menos

Recuerdo que, cuando era niño, una de las imágenes que más me impactaban en Nochevieja era la de un anciano (el año viejo), representado con un reloj de arena y una guadaña, entregándole el testigo a un recién nacido (el año nuevo).

Si bien el recién nacido nos transmite la idea de que tenemos todo un nuevo año por delante, como un cuaderno en blanco, para escribir en él lo que queramos, el anciano nos recuerda que, como el año anterior, también éste llegará a su fin.

“No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”, dice un refrán. Y al nacer un nuevo año, es bueno hacer balance del que acaba de morir y repasar nuestra lista de propósitos y objetivos aún pendientes.

Toda la vida por delante
Cuando uno es niño o, incluso, joven, se suele decir que tiene "toda la vida por delante" y, por eso mismo, se perdonan más fácilmente los inevitables errores, porque tiene mucho tiempo para enmendarlos e, incluso, empezar "desde cero".

A medida que te vas haciendo mayor, te das cuenta de que cada decisión que tomas te lleva por un camino, que abre unas puertas y cierra otras, siendo cada vez más difícil que vuelvas a abrirlas, aunque -en teoría- no sea imposible.

Por eso calculas más tus decisiones y te permites menos errores (aunque sean inevitables por muchos años que tengas), porque sabes que ya no tienes "toda la vida por delante", para corregirlos y "empezar de cero".

Esperanza de vida
Según el Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida en España de los niños que nacieron en el año 2016 (último informe publicado), era de 83 años: 80,4 años en el caso de los hombres y 85,9 años en el caso de las mujeres.

España es el segundo país (junto con Suiza) con mayor esperanza de vida entre los 38 países que forman parte de la OCDE (según su último informe, publicado en noviembre). Sólo nos supera Japón, con 83,9 años.

Estos datos suponen un avance importante (5 años) respecto a la esperanza de vida de los niños que nacieron en 1994, que era de 78 años: 74,4 años para los hombres y 81,6 años para las mujeres, habiendo disminuido la brecha de género.

Y haciendo proyecciones, la esperanza de vida al nacimiento en 2031 sería de 85,5 años (83,2 años para los hombres y 87,7 para las mujeres), y en 2065 de 90,1 años (88,6 años para los hombres y 91,6 años para las mujeres).

Todo ello sin contar con los avances espectaculares que se están produciendo en el campo de la medicina, como la edición genética (CRISPR) que va a permitir corregir algunas enfermedades o la impresión 3D de órganos “de repuesto”.

Las tres Edades
Tradicionalmente se han distinguido tres edades en la vida de los hombres y de las mujeres: la de infancia y juventud (que coincide con la etapa de aprendizaje), la de madurez (vida adulta y laboral) y la de senectud (tercera edad y jubilación).

A medida que la esperanza de vida se ha ido ampliando, estas edades o etapas se han ido alargando y el paso de una a otra, retrasando. Así, nos incorporamos a la vida laboral y nos retiramos de ella cada vez más tarde (entre 23-67 años).

Todo ello, sin contar que la línea divisoria entre dichas edades se va diluyendo y que ahora la etapa de formación dura toda la vida profesional y habrá cada vez más etapas de inactividad laboral (paro, prejubilación, renta básica universal…).

Las dos vidas
Hay un famoso pensamiento, atribuido tradicionalmente a Confucio, que dice así: “Todos tenemos dos vidas. La segunda empieza cuando nos damos cuenta de que tenemos solamente una”.

Y, efectivamente, hay un momento en la vida en que nos damos cuenta de que ya no tenemos “toda la vida por delante”. Y a partir de ese momento intentamos sacarle todo el jugo a cada año y a cada momento, en lo profesional y lo personal.

Yo lo explico con un acertijo o juego de palabras, que sirve para ilustrar el tema: ¿Hasta dónde se entra en un bosque? Hasta la mitad, porque después ya no se “entra” en el bosque, sino que se “sale” de él.

Pues bien, los que ya hemos empezado esa “segunda vida” (y nos hemos dado cuenta de que sólo tenemos una) ya estamos de salida del bosque y, quizá por eso, tenemos una mejor visión de éste y los árboles ya no nos impiden verlo.

Sabemos que ya estamos en la segunda mitad del partido, aunque no sabemos cuánto va a durar y si se van a añadir minutos de descuento o, incluso, prórroga, o si vamos a salir del campo antes de tiempo.

Un año más… y un año menos
Por eso, hoy, al felicitar el año nuevo a todos mis lectores, quiero hacerlo con el deseo de que todos aprovechemos cada día de este nuevo año que empieza. Conscientes de que es un año más y también un año menos.

El hecho de recordar que los años empiezan y terminan (la imagen del anciano con el reloj de arena y la guadaña) y que la vida es finita, puede parecer a alguno que no es una forma muy alegre de felicitar el año, pero no es ésa mi intención.

Felicitar es desear a otro que sea feliz. Y estoy convencido de que seremos más felices todos, si aprovechamos intensamente el año que empieza, centrándonos en las cosas importantes de la vida y no perdiendo nuestro tiempo en tonterías.

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