Martes, 25.06.2019 - 04:29 h
Telediaria

Fuera #eurodramas: las lecciones televisivas que ha dejado 'Eurovisión 2019'

Eurovisión ha vuelto a demostrar los motivos que le convierten en el gran espectáculo musical del mundo. Tecnología, canciones y creatividad se unen para sorprender. Y, al fin y al cabo, eso es un espectáculo de entretenimiento en prime time: crear sensación de acontecimiento irrepetible llamando la atención del espectador a través de la creatividad. Y en Eurovisión los países se atreven a la creatividad. Creatividad con todas sus consecuencias. A veces, incluso osan a ser creativamente de más. Piensan en grande. Por eso mismo, Eurovisión es tan adictivo. Por eso mismo, también, Eurovisión 2019 nos deja siete lecciones principales que sirven para triunfar con cualquier propuesta de entretenimiento televisivo.

1. Crea una atmósfera peliculera

No vale empezar a saco una gala. Eurovisión 2019 ha realizado una introducción que sumerge al espectador en la atmósfera del show. Con la ganadora del pasado año, Netta, pilotando un avión que ha aterrizado en el mismísimo escenario. De manera figurada, claro. Para eso están los efectos especiales de un auditorio lleno de pantallas y luces led. Así el pabellón se ha transformado en una terminal aérea, con mucho brilli brilli, por la que han ido apareciendo, uno a uno, todos los países participantes.

El desfile de los concursantes ya es un clásico. Pero, esta vez, se ha vuelto a realizar con la épica que merece para conectar con la audiencia. Esta introducción convierte a los candidatos en artistas, pues aparecen por primera vez ante las cámaras como estrellas y, a la vez, en esta peculiar toma de contacto se favorece el comentario desde casa que cotillea, dicta sentencia o suelta una jocosidad sobre cada participante.

En televisión es fundamental contar con margen de tiempo para presentar a los personajes y Eurovisión lo hace con una fantasía que no deja indiferencia. Es más, seduce al espectador hasta olvidar el mando a distancia. Gracias a este literalmente luminoso y rítmico desfile, el clímax está sembrado y la percepción de evento único está proyectada.

2. Emoción sin relleno. Escenografías sin necesidad de trastos gratuitos

Las parafernalias y los trastos de relleno en el escenario están sobrevalorados. Sólo funcionan si sirven para potenciar la autenticidad del artista y su canción. Eurovisión 2019 ha recordado que de poco sirve artillería pesada en escena, la fuerza sigue estando en la capacidad de diseñar bien la luz y realización para impulsar la energía de la mirada de los artistas. En este sentido, las propuestas del ganador Países Bajos o de otros destacados como Italia o Noruega, por ejemplo, han sabido focalizar con rotundidad sus números para engrandecer a sus artistas y han captado de manera especial la atención de público y jurado. 

Al final, las puestas en escena que centran el foco en el mensaje, la historia personal y expresividad de los talentos que concursan son las que brillan, las que hacen más transparente esa sensibilidad y emoción de los artistas. Porque la televisión sin emoción es invisible. 

3. Una aparición estelar.

Madonna ha sido un punto álgido de Eurovisión, colocado en el entreacto entre actuaciones y votaciones cuando la cosa empieza a decaer en la pausa para que el público vote desde casa.

Esta es otra táctica importante a la hora de crear una escaleta de un gran show: apuntalar el instante de inflexión de pérdida de interés con un revulsivo. Mejor si es un artista reputado a nivel global. Y este año ha sido todo un icono, la Reina del Pop, que entiende la importancia de darse visibilidad en el programa más veterano del mundo. Los norteamericanos no cuentan con una emisión así. Sus premios MTV no son tan genuinos e imprevisibles como Eurovisión, pues no reúnen a tanta diversidad de países, culturas y audiencias frente al televisor y en el propio escenario, el gran valor histórico del eurofestival.

No obstante, se notaba que la actuación de Madonna no contaba con una realización preparada con tanto tiempo como los concursantes. Otra clave de Eurovisión es esa: se preparan y enseñan minuciosamente las actuaciones. Madonna llevaba un gran show pero las cámaras lo han tomado como un concierto y no desde dentro, como el resto de artistas que han pasado por el escenario..

Madonna en 'Eurovisión'.
Madonna en 'Eurovisión'.

4. Organización sin rodeos

Desde sus orígenes, Eurovisión se sostiene por su simplificación. No se pierde en redundancias. Va al grano. La estructura es infalible para un evento puntual: actuación, termina actuación y se coge aire con un vídeo denominado "postal" que presenta al siguiente representante del país. Este separador también sirve, en este caso, para promocionar el país que organiza y para que en el escenario se prepare la escenografía siguiente. Esta dinámica se repite toda la noche, no da tregua e impide que el espectador cambie de canal.

Pero, además, para evitar monotonías, la organización del festival organiza las canciones de tal forma que no se pisen de forma consecutiva dos temas parecidos. Así se gradúa el carrusel de emociones con ayuda de las diversas canciones. Por eso mismo, España ha sido colocada como última en esta edición para aprovechar su aire festivo como efervescente apoteosis de la gala. Prueba conseguida.

5. Participación de las redes contra la frialdad de los automatismos

Probablemente una de las debilidades de Eurovisión es que el festival está muy mecanizado. Es decisivo dejar todo atado para que nada falle , pero un buen contenido televisivo también necesita margen de maniobra en el guion para que si existe algún imprevisto el público no se lo pierda. Más capacidad de reacción que muestre esa reacción espontánea inesperada, fundamental para plasmar mejor la tensión que supone participar en una cita de estas características.

Pero la tensión ya no se transmite tanto como antaño en el eurofestival. Y sus responsables lo deben analizar para impedir que el programa caiga en la repetición anual. Todo está tan tecnológicamente controlado y medido que es más gélido. Esta flaqueza se suple con el frenesí de la clásica ronda de votos final y con la participación apasionada de las redes sociales, que viven el eurofestival y todos sus prolegómenos intensamente. La asignatura pendiente es incorporar más esa actividad en las redes de los eurofans de una manera orgánica en el propio festival. Tiempo al tiempo. 

6. La fuerza de la nostalgia

Esta edición, las canciones no han sido para tirar cohetes. Pocas quedarán para la posteridad. Aunque el programa ha suplido este déficit tirando del superpoder de la nostalgia. Un acierto realizar vídeos recopilatorios que comprimían momentos de viejas ediciones eurofestivaleras para resumir instrucciones clásicas de Eurovisión, lo que otorga al programa un tierno toque de legendario al acontecimiento.

7. El nervioso desenlace

Aunque, especialmente, el concurso de televisión redondo siempre cuenta con un buen objetivo como desenlace. No solo basta un ganador, es importante cocinar la incertidumbre del camino hasta conocer el nombre. Las votaciones de 'Eurovisión siempre arrasan en cuota de pantalla, más que la actuaciones musicales, porque son ese efectivo golpe final que te deja atrapado porque dosifica los 'points' multiplicando el sufrimiento televisivo para ver si tu país suma algún voto. Aunque nadie se acuerde de ti. 

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