Domingo, 31.05.2020 - 23:12 h
Telediaria

"Todos los grandes concursantes de otras cadenas han salido de 'Saber y Ganar'". Lo ha dicho un orgulloso Jordi Hurtado en una rueda de prensa convocada este miércoles para poner en valor la programación de La 2. Y razón no le falta.

Su programa, el concurso diario más longevo de la televisión en España, se ha convertido en la cantera infalible de jugadores estrellas que, después, son reclamo en concursos como 'Pasapalabra' o 'Boom'. De hecho, `Los Lobos' antes de ganar su premio de récord, 6.689.700 euros, en Antena 3 ya pasaron por el plató de 'Saber y Ganar'. Eso sí, de manera individual. Ahí empezaron a tejer su red. 

En La 2 no se disputan los botes millonarios de las privadas, pero los participantes ganan astucia curtiéndose en uno de los formatos más ingeniosos de nuestra historia televisiva. Porque la veteranía y alta fidelización de públicos de 'Saber y Ganar' no depende de los premios, más limitados. Eso no importa. El triunfo de la televisión va unida a otras variables más creativas.

Y 'Saber y Ganar' va a cumplir este inminente mes de febrero 23 años entreteniendo como lo más visto de La 2 gracias a su habilidad para atraer no por la avaricia del premio, sino por la cultura de la empatía.

Creado por el gran autor de la historia televisiva Sergi Schaaff (detrás de espacios tan míticos como 'Si lo sé no vengo', 'El tiempo es oro', '3×4', 'La luna' o 'Ruta Quetzal'), el concurso fue pionero en entender la importancia de mantener a los participantes durante un tiempo en el programa hasta lograr que la audiencia se identificara con ellos. Así dejan de ser seres anónimos intercambiables para tener nombre y apellidos. Así se transforman en personajes cercanos. Incluso son repescados con el paso de los años.

Estos ‘sabios’ acaban siendo casi de la familia de un espectador que se siente partícipe de sus hazañas y hasta de sus fallos. La audiencia sufre con ellos. La audiencia celebra con ellos.

Pero, además, el programa no se queda atrapado en su dinámica de pruebas diarias y sabe adaptar el concurso a las circunstancias del momento. Mantiene su ADN, su inconfundible sello sonoro, con esa  sintonía que suena para siempre a olor de hora de la siesta. El programa jamás traiciona a sus liturgias, pero como una buena función progresa al compás del suspiro del público.  No se queda estancado. Se adapta a la actualidad sin desvirtuar su esencia. 

Esto no significa simplemente hacer un especial temático cuando toca. La idea va más allá. Durante la emisión de 'Saber y Ganar', puedes encontrarte con apariciones estelares de invitados sorpresa,  emocionantes reencuentros familiares, peculiares efectos especiales o incluso al propio Jordi Hurtado perpetrando un rap.  Esta imprevisibilidad dentro de lo previsible hace crecer el formato, que cuenta con pruebas con las que se puede jugar desde casa ('El Reto', 'La calculadora humana', 'El Duelo' o 'La pregunta caliente') pero sin tutelar la inteligencia del espectador. El espectador es compinche, no un desconocido al que sugestionar. 

Esa humanidad que transmite la maquinaria de 'Saber y Ganar' hace que el programa no se tuerza en repetitivamente gélido con el paso de las décadas y siga completamente vivo. Porque avanza como un ser vivo más que crece dentro de sus rutinas. Y los concursantes que pasan por ahí se empapan de esa atmósfera, en donde brilla más la espontaneidad que la perfección. Un rodaje personal que les hace destacar más cuando van a participar a otro gran programa. Ya saben cómo funcionan las pesadas grabaciones televisivas, lo que les hace más fuertes en las distracciones que despierta a los que son novatos en un plató. Y, a la vez, ya han interiorizado que no es tan relevante cómo salgas en pantalla, ya han comprendido que lo relevante es simplemente disfrutarlo con tus 'sabias' imperfecciones. 'Saber y Ganar', la mejor escuela para ser concursólogo profesional. 

Borja Terán.

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