Miércoles, 21.11.2018 - 09:58 h
En la frontera

En la puerta de los Ayuntamientos está la bisagra del poder

En contra de lo que se piensa, en verano siempre hay noticias. Llegan pateras a las costas; surcan el Mediterráneo barcos cargados de refugiados que huyen de la guerra y de la miseria; las empresas de la nueva economía se cuelan por todos los resquicios para explotar oportunidades en vivienda, transporte y turismo y las calles de las grandes ciudades se convierten en el espacio donde choca la economía formal y la de supervivencia; los manteros contra el comercio tradicional de escaparate y dependiente.

En todas esas historias hay un protagonista: el Ayuntamiento. Es el nivel de la Administración más cercano al ciudadano. El que está más en contacto con las preocupaciones, los enfados, las reclamaciones y los sueños de los administrados. Es la bisagra en la que gira el poder y el espacio donde las ideas se ponen a prueba en el contacto con la realidad.

Hablamos de Barcelona y de los manteros; y de la Barcelona ofrecida como puerto seguro a los refugiados. Y hablamos de Madrid y de la alcaldesa Manuela Carmena; de Madrid y del combate contra las estrictas reglas del ultraliberalismo que prohibió gastar los superávits fiscales para atender los servicios públicos. Pero hablamos también de municipios como Rubí (Barcelona), donde se ha legalizado la primera instalación de autoconsumo eléctrico compartido entre vecinos.

Los debates más vivos

Los debates más vivos, los que más afectan a la vida cotidiana se viven en los municipios. Son batallas intensas, como la librada por el consistorio madrileño para forzar a las grandes empresas energéticas a crear sociedades para vender energía de origen renovables. O la encabezada por el alcalde de Algeciras para denunciar la hipocresía de quienes alardean de humanidad mientras ignoran las consecuencias de las llegadas masivas de inmigrantes. Todo pasa por los municipios.

Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid.
Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid. / EFE

Los alcaldes saben de qué va la historia. En general, gestionan bien, aunque la administración municipal registra también su porcentaje ¿inamovible? de irresponsables. Sucesos como el reciente de Vigo, con disputa de tres administraciones a tres bandas, son un buen ejemplo de que en todas partes cuecen habas.

Pero no hay que perder de vista los números a la hora de criticar. Y los Ayuntamientos –8.124 en toda España- pueden presumir. En 2017 fueron la clave para alcanzar el objetivo de déficit público pactado con Bruselas. Lograron un superávit del 0,59% del PIB que compensó los incumplimientos de la Administración Central y de la Seguridad Social.

Un papel en alza

El papel fundamental de los ayuntamientos como parte de la Administración Pública no es anecdótico; ni coyuntural, ni pasajero. Va a crecer. El proceso de transición energética hacia una economía sostenible y descarbonizada empuja. Para cumplir con las directivas europeas en ahorro energético los ayuntamientos van a tener que trabajar y tomar medidas.

Un 56% de los edificios existentes se construyó sin ninguna exigencia de ahorro de energía y un 39% según la normativa básica de 1979. Resultado: más de nueve millones de edificios precisan actuaciones para cumplir las nuevas exigencias de eficiencia energética derivadas de las directivas europeas y los compromisos de ahorro de energía y reducción de emisiones en el sector de la edificación para 2020 y 2030. En ese proceso, los ayuntamientos y sus ordenanzas son clave. Está en juego mucho dinero y mucho poder.

En mayo habrá elecciones municipales, autonómicas y europeas. Será la gran reválida para los viejos y los nuevos partidos. Controlar el escenario donde se cuece la realidad a pie de asfalto es vital. Que se lo digan si no a los responsables de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), que en su afán por abrir espacios a las empresas de la mal llamada nueva economía ha denunciado las ordenanzas municipales contra los pisos turísticos de los municipios de Madrid, Bilbao y San Sebastián. Tela.

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